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Cotidianamente apolítico – elecciones Chile

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Y, para mí, esa es la explicación. El milagro de la economía, sueldos cada vez más cercanos al sueldo mínimo, precarización del trabajo, miedo perder lo poco se tiene y terror a confiar en los otros,  resignación a vivir de las grandes oportunidades disponibles en un mall y, por sobre todo, hacernos creer que tener libertad es sinónimo de comprar. Además si nos enseñaron que nuestras decisiones cotidianas están lejos de ser políticas, entonces ¿para qué votar?

Para comenzar, quiero aclarar que me encantan los números, son flexibles, maleables y se acomodan al gusto del consumidor para explicar las más curiosas realidades. Tras las elecciones han aparecido una serie de números y explicaciones a qué sucedió. Dentro de las cosas curiosas que aparecieron jugando con los números, fue que con sólo los datos del rating de los debates presidenciales era posible estimar cuánta gente votaría con un margen de error bastante pequeño ¿será que la televisión siempre tiene la razón?. Bajo ese escenario numérico tan peculiar dejé de calentarme la cabeza y decidí que la explicación de lo que sucede electoralmente en Chile dista de análisis complejos o modelos intergalácticos de aproximación universal. Así que me decidí a explicar tan ininteligible fenómeno bajo el principio de Ockham y su navaja con un método tradicional: la inducción experimental.

Es temprano y debemos levantarnos, una vez más como todos los días, generalmente separados en 5 días de trabajo, algunas horas extra y la aspiración a dos días de descanso. Un artículo de la Bussines Insider nos avisa que somos los trabajadores con más horas trabajadas ¿habrá que alegar? Debe ser normal. Nos duchamos y vamos por el desayuno. Tenemos pan y mantequilla, azúcar y té negro. Como rápido, porque como siempre desperté atrasado.

¿Caminar, auto, micro, metro o bicicleta? El aire está sucio, pero si llego tarde me despiden o me descuentan, y yo con tanta cuenta mejor me apuro y me subo a lo que convenga para llegar lo más rápido a la “pega”. Luego de al menos una hora apiñados en el transporte público y/o en un taco logramos llegar al trabajo. Mejor ni enterarse del sistema de contratos del Transantiago, de las políticas del Ministerio de Obras Públicas (MOP) o del Sistema de Concesiones de las autopistas y carreteras, o de por qué sube el metro cuando sube la micro porque algo pasó en Medio Oriente; que el barril de petróleo y la OPEP y la globalización y ese complejo juego de la oferta y la demanda que nuestros economistas manejan tan bien. Al menos eso dicen en la tele, que para mí es muy complejo de entender. ¿Habrá sido que en el colegio no estudié?

Llegamos al trabajo. Hacemos lo urgente, sacamos la vuelta, olvidamos que el trabajo dignifica, arrancamos lo antes posible esperando que no llegue el jefe a ponernos una reunión de último momento o que se alargue ese informe que tenemos pendiente. Cumplimos horario, de vuelta al taco, espero llegar pronto a la casa. Llegamos, cansados, hacemos un gran esfuerzo para ser personas con vida propia en ese lapsus de tiempo que existe entre que entramos y nos decidimos a dormir. ¿Qué hacer para resistir? Prendemos la tele, nos enteramos de eso que pasa allá afuera lejos pero no tan lejos. Droga, violaciones, asaltos, guerras por todos lados, qué alivio estar sentado en nuestras casas y ser libres, nos tranquilizamos y relajamos, damos gracias porque todo está bien, por suerte no estamos en Irak, Haití o Tayikistán, lástima que ellos estén tan mal. Acá aún tenemos fútbol y realities ciudadanos. Aunque a veces pienso qué indignación que el futbol sea un negocio, eso sí que debe ser resuelto a la brevedad.

De vez en cuando, viene alguno de nuestros idealistas amigos, de esos que hablan de política, de lo mal o bien que está el sistema, nos muestran números y argumentan a lo que respondemos no saber mucho del tema, que somos apolíticos o que no nos interesa profundizar ni participar, porque podemos vivir tranquilos con la libertad de hacer lo que queremos. Además cada uno con su problema personal. Algunos más conscientes dirán que no importa quién gobierne, mañana tendremos que salir a trabajar igual. ¿Pensarán en renunciar? Seguro en ninguna otra pega les van a pagar más, mejor no complicarse y aceptar lo que hay.

Así vivimos el milagro de la economía, y no se olvide de estudiar para ser del grupo de millonarios que gana sobre $800.000, con una deuda universitaria y pagando arriendos de departamentos, que tienen un precio promedio bordeando los $400.000 chilean pesos. Afortunados de todos modos, porque aunque no alcance muy bien el sueldo para mantener el status de un profesional hecho y derecho, tenemos créditos, y los créditos de consumo con tasas máximas convencionales más altas para los gastos pequeños y cotidianos. Así que podemos comprarnos el auto a 48 cuotas, 30% de interés y darnos cuenta en el acto que es tan fácil ser feliz. La verdad ni sé lo que es la TMC.

¿En qué estábamos? ¡Ah sí! Ir a votar, ¿parece que hay dos modelos, o serán 3? ¿Me leí el programa? ¿9 candidatos? ¿Quiénes son? ¿Lo que más he visto son 2? Los otros deben ser show. La verdad es que no entiendo, pero parece que la otra vez prometieron lo mismo incluso algunas cosas las cumplieron. Gobernó lo que llaman derecha después de lo que 20 años se llamó izquierda, ¿Algo cambió? Parece que no… seguimos viendo fútbol y realities shows. Además hay trabajo, y como muy bien aprendí en el colegio, todo el que se gane el dinero de manera honesta y honrada debe ser feliz ¿Será así?

Y, para mí, esa es la explicación. El milagro de la economía, sueldos cada vez más cercanos al sueldo mínimo, precarización del trabajo, miedo a perder lo poco se tiene y terror a confiar en los otros, resignación a vivir de las grandes oportunidades disponibles en un mall y, por sobre todo, hacernos creer que tener libertad es sinónimo de comprar. Además si nos enseñaron que nuestras decisiones cotidianas están lejos de ser políticas, entonces ¿para qué votar?

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Foto: mermadon 1967 / Licencia CC

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Comentarios

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03 de enero

Retratas un triste escenario, pero no deja de sorprenderme gratamente tu claridad. Individuos apolitizados por condición. Es perfecto el dominio, siento que fue una especie de ensayo las elecciones pasadas, para ver que tan bien habían hecho la pega. Y han construido un sistema casi inamovible.

paolo

03 de enero

Interesarse por el mundo que te rodea se llamaba antiguamente interesarse por el mundo que te rodea, ser humanista, de caracter universal, ser curioso, ser inquieto intelectual y afectivamente, tener interes en el mundo, ahora se llama politizarse, como si todo interes por algo tuviese que ver con politica. Por lo demas, queda mas que claro que para quien es muy politizado, apolitico puede ser cualquier cosa, desde el que no es tan politizado o es un poco critico, hasta el apolitico real, que no se interesa en nada. Ser apolitico equivale hoy en dia a ser indiidualista, asi nos arrastran hasta las enredaderas de las discusiones politicas aunque no queramos, a la fuerza. Lo que pasa en la sociedad, en el mundo, nos afecta queramos o no, pero wn, eso no necesariamente se va a manifestar de tu parte como un interes politico!!, hay muchas formas que puede tomar ese interes por el medio en el que vives!! Muy buena columna.

paolo

03 de enero

Mientras mas democracia haya mas apoliticos habra, el apolitico se atrevera a dar su opinion, apolitica, y los demas tendran que tragarsela. El que desea participacion ciudadana tendra que comerse la participacion, como sea que esta venga. Saludos y muy buen año!

04 de enero

Súper interesante lo que agregas Paolo! Las discusiones de “democracia” o de “politización” ya está tomando otros matices. La participación ciudadana como sea que venga es clave! Esperemos que sea un gran año con harto movimiento, opiniones, debate y por su puesto más democracia 😉

Saludos y Feliz año!

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