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Reincidencia de los Indultados: ¿El problema es el indulto?

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Una de las noticias que más destacó el fin de semana fue la publicación de los resultados de un análisis realizado por el Gobierno sobre la reincidencia de los 4.029 reos indultados el año 2012 en el contexto de la aplicación de la Ley N° 20.588 sobre Indulto General Conmutativo, como parte de las actividades del Bicentenario de Chile.

Tras un cruce de datos entre distintas instituciones del sector seguridad, se concluyó que 900 personas beneficiadas en aquel entonces han vuelto a cometer uno o más delitos, principalmente relacionados con hurtos y robos. A raíz de esta situación surgieron las críticas por parte del actual Gobierno culpando al Gobierno del ex Presidente Piñera por aplicar el indulto, buscando desligarse del aumento de la delincuencia. En temas tan sensibles como la seguridad no necesitamos más culpables, muy por el contrario, se requieren soluciones.


La reincidencia no es un fenómeno menor en Chile. Cifras del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en el informe sobre Seguridad Ciudadana de 2013 la cifran en 68,7%.

Un indulto es una forma de liberación de internos en centros penitenciarios, sin condiciones y de exclusiva atribución del Jefe de Estado. El del año 2012, en Chile, buscaba mejorar las condiciones de los establecimientos penitenciarios, descongestionándolos, pues en 2012 la sobrepoblación carcelaria alcanzaba el 37%, dificultando cualquier intento de iniciativas pro rehabilitación, dadas las condiciones de habitabilidad de los internos. La medida, encomendada al Ministerio de Justicia, benefició a cuatro grandes grupos de condenados: Mujeres; población con permiso de salida controlada al medio libre; población sujeta a la medida alternativa de reclusión nocturna y por último, extranjeros. Por delito, los más beneficiados fueron personas condenadas por actividades relacionadas al narcotráfico (767), hurto (444), robo (263) y control de armas (134). Es importante señalar que el beneficio no se aplicó a personas condenadas a presidio perpetuo.

La reincidencia no es un fenómeno menor en Chile. Cifras del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en el informe sobre Seguridad Ciudadana de 2013 la cifran en 68,7%. Por otro lado, parte de la misión institucional de Gendarmería es “(desarrollar) programas de reinserción social que tiendan a disminuir las probabilidades de reincidencia delictual”. A la luz de las cifras, claramente este es uno de los problemas más graves del sistema penitenciario chileno y no está siendo abordado de manera apropiada, haciendo imposible terminar con el círculo vicioso de la delincuencia.

No es mi intención hacer una apología al indulto como medida de descongestión del sistema penitenciario. Sin embargo, en situaciones críticas como la chilena o la latinoamericana en general, puede ser una alternativa de shock para, una vez descongestionado el sistema, reformular las penas, dando prioridad a condenas que no impliquen el encarcelamiento en cierto tipo de delitos considerados menores. Si bien es impopular plantear una reducción de las penas de cárcel, el mandato que se le da a los gobernantes no es para que hagan crecer su popularidad, sino para que implementen las mejores políticas para la sociedad en su conjunto. El endurecimiento de penas no ha reducido sustancialmente los delitos, por lo que es hora de explorar otras alternativas.

Más que culpar al indulto, el problema radica en que una vez indultados, los ex internos son abandonados por el Estado, volviendo a la misma realidad que los llevó a delinquir y posteriormente a ser encarcelados. Una política de seguridad integral debe desarrollar programas de rehabilitación y reinserción para los internos, además del acompañamiento especial intra y extra muro a quienes saldrán en el corto plazo de los centros penitenciarios y, muy importante también, a sus familias.

TAGS: Indulto Reincidencia Reinserción

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09 de diciembre

Sí es el indulto el problema

¿Por que indultaron a estos presos y no a otros? ¿Cual fue el criterio? ¿Cual fue la motivacion? ¿Realmente el preso demostró arrepentimiento? ¿Cual es el plan de reinsercion? ¿Por que el indultado tiene que volver al lugar en que se gesto su deseo de delinquir?

El que sea a discrecion de la autoridad (en este caso el Presidente) nos deja a su consideracion extremadamente personal el porque deja en libertad a alguien que ojo, cometio un crimen o un delito, y su culpabilidad fue probada judicialmente. ¿Y para que, para descongestionar las carceles? Ya, tambien ayudaria a descongestionar las carceles el que los condenados por delitos «menores» no estuvieran ahi, sino haciendo servicio comunitario o trabajando en zonas extremas de este pais, algo que compensaría el daño que causó. Tener encerrado al tipo que rayo un mural no se en que ayuda a que el tipo no raye paredes, lo ayudaria mas el tener que repintar todas las de su comuna con brocha. Al que asalto a la mujer embarazada en el metro ¿le sirve ir a aprender a la carcel formas mas retorcidas de asaltar, o le ayudaria mas irse a vivir al desierto a trabajar en la reforestacion? Ok, a ese tipo no le va a gustar, pero a nosotros nos encantaria que ese tipo estuviera haciendo algo util unos 3 años.

El indulto es nacido de la pena y la lastima. Pena del pobre pobre delincuente. No nace del hecho que esa persona efectivamente haya rectificado antes de cumplir la totalidad de su condena, que desee realmente volver a la sociedad y reparar el daño. Ni siquiera nace de una revision cabal de la sentencia, porque hay personas que han sido erroneamente condenadas y que acaban cumpliendo casi toda su pena porque el Estado prefiere hacerse el harakiri antes de reconocer que ha condenado a un inocente. ¿Por que reincidentes son indultados?

El indulto debe existir, pero muy bien regulado y cuando se otorgue debe ser muy fundado. Eso nos beneficiaria al mismo indultado (como una forma publica de reconocerse que se ha arrepentido y esta dispuesto a volver a la sociedad) y a todos nosotros.

10 de diciembre

Uf, son tantos los ángulos, trataré de no latear en cada uno.
La cárcel en Chile está tan hacinada e insalubre que impide que sea cárcel, quedando más como vertedero humano.
Me explico, para mi una cárcel es un lugar donde estas 100% controlado, cuando duermes, cuando sociabilizas, cuando y que comes, cuando aprendes, cuando reflexionas y cuando trabajas; algo así como algunas cárceles europeas, donde el gendarme manda y el reo obedece. Lamentablemente el sistema esta tan colapsado y se ha invertido tan poco en el, que los reos aquí gozan de pseudo libertares, status y movilidad, por lo cual se adaptan dentro del sistema, impidiendo que se desarrolle el deseo de no volver a caer.
Entonces ¿que puede hacer un equipo psicosocial de rehabilitación cuando los intervenidos pueden hacer algo más que ir a terapia?

Mejores y más cárceles podría permitir trabajar con algunos y luego indultar a los que hayan cambiado su cosmovision, más allá de la habilidad manual entrenada.

Ahora también coincido en que una cosa es salir y otra salir a que.
Si no desarrollamos planes de industria manofacturera o similar para dar empleabilidad a los insultados, tendrán que valerse de sus habilidades para proveer en casa, y eso es reincidencia.

Porque no decir sobre el sueldo.
Subvencionar la renta del reinsertado puede ser buena idea, pero habrán siempre detractores que hablen de subvención al ex delincuente, obviando las condiciones iniciales que propiciaron esto.

En resumidas cuentas, hay que invertir harto y como política de estado, porque cada gobierno de turno ha tomado decisiones inmediatistas que no sopesan impactos a mediano y largo plazo.

Y al final del día, siento que todo se resume a invertir en
Educación, Salud y Vivienda mejor que digna.

Ariel Araneda

11 de diciembre

Resulta una sensación de fatiga al escuchar o leer sobre el indulto y reinserción (entre otros conceptos) de internos, reclusos, condenados; personas que no han querido (o quizás no han podido) integrar una sociedad en vías de civilización.
Muchos fijan sus ojos en la institución encargada de la vigilancia de estas personas, su «permisividad» a la hora de ejercer control estricto sobre su conducta (muchos siguen delinquiendo desde el interior de recintos penitenciarios) o supuestas «atribuciones» o «beneficios» intracarcelarios de quienes hostentarían «cuotas de poder». Otros, amparados en el desgastado y nefasto término «derechos humanos», reparan en el mecanismo judicial que generó la «alta» condena de un individuo, situación que paradójicamente se contrapone con la manoseada «puerta giratoria», ambos símbolos de la fanfarronería popular.
Consecuentemente, la persona privada de libertad, bajo resolución judicial, de pronto y livianamente es considerada un número dentro de un sistema carcelario que, en sí mismo, poco responde a su nombre. Porque no es metodológico, porque carece de transparencia, porque de haber casos (estoy seguro que hay) no son promovidos o difundidos comunicacionalmente. La televisión, en su oportunidad y en formato «reality show» (como nuestra idiosincrasia) quiso mostrar algo de esta realidad. Algo suave, liviano, mediocre, como las series del trabajo «duro» de ambas policías que resultan patéticos y evidentemente fuera de toda certeza.
Deberíamos tener menos personas privadas de libertad en nuestras cárceles, deberíamos darle una oportunidad a aquellos que, arrepentidos y bajo compromiso público, estén dispuestos a recuperar su libertad una vez finalizado un trabajo de beneficio comunitario que, sólo en parte, pueda resarcir el daño causado.
Hay tanto por hacer en Chile, tantas obras inconclusas, tanto que reforestar, tanto que pavimentar, tanto que «arreglar» y tanto dinero para invertir en equipamiento adecuado, herramientas, etc., que, siendo verdaderamente empático, hasta yo mismo me ofrecería gustoso en ese fin.
Las condenas, finalmente no son judiciales. Indultos, penas, absoluciones, son conceptos blandidos por abogados que nada saben de la decencia. La verdadera condena es la pública, la que avergüenza o apabulla al delincuente, esa que termina por exponerlos en una «detención ciudadana», relativizada (dicho sea de paso) por otra categoría similar de ciudadanos, los periodistas.
Los que no tienen vergüenza, son anulados. Pero ese es otro tema.

27 de diciembre

Se ha escuchado Alcaldes llamando a las armas, pasajes, negocios, casas, todos entrando a la cultura del enjaulamiento, yo juntando piedras.
Según afirmación de nuestros gobiernos, “al parecer nos obligaremos a cohabitar por muchos años con la delincuencia”, “mentiría si les dijera que la delincuencia se arregla en uno o dos años”.
Mientras el flagelo avanza, la discusión es continua y siempre girando en torno a las mismas propuestas:
*Hay que endurecer las penas – No porque hay estudios comparativos que no demuestran su efectividad.
*Meterlos a la cárcel – No porque están llenitas.
*Licitar cárceles a privados (construcción y mantención) – Huele a negocio.
*Aumentar las penas para robos en cajeros automáticos – Muy determinado.
*Volver a estudiar la pena de muerte – Delicado, hay compromisos internacionales.
*Que la puerta giratoria – Lo dicho, cárceles saturadas.
*Educación – Hoy es un bien de mercado, financiamiento aporte familiar Chile 80%, EE.UU. 41%, Japón 50%. Es chutar el problema para 20 años más.
*Desocupación juvenil – Autoexplicativo.
*Modificar la ley de control de armas – Controlar y requisar las buenas armas que están en manos de gente honesta, misma gente que queda expuesta al delincuente con armas hechizas y peligrosamente efectivas.
*Responsabilizar a padres por hijos que porten armas – Uno delinque eventualmente van dos a la cárcel, que ya están saturadas.
*Segregación social – Falta hacer de Chile un país más igualitario.
*La culpa es de los carabineros.- Han demostrado ser eficiente.
*Que son los tribunales – En parte si, en parte no porque son las leyes.
*Es el Congreso – Es más de lo mismo de la enumeración expuesta.
*Son los Fiscales – No porque no. Alegan tener demasiada carga de trabajo.
*Que es la TV – Esto es echarle la culpa al empedrado.
*Que las medidas de prevención son insuficientes – Solo pensarlo es algo inocente

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