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Chile en el ajedrez geopolítico mundial

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No es de extrañar entonces que Chile, una pieza norteamericana en el ajedrez geopolítico mundial no cuente con las amistades que uno esperaría en Sudamérica, y que tanto Derecha como Concertación cierren filas en torno a una misma política exterior, no solo a espaldas del pueblo chileno sino que en este caso a espaldas del pueblo latinoamericano.

El ajedrez geopolítico mundial siempre está en juego y en los últimos años se juega bastante rápido. La hegemonía mundial de Estados Unidos parece llegar a su fin, no solo de la mano del gigante China, sino también amén de las otras economías emergentes, particularmente Rusia y Brasil. Si bien en el presente sigue siendo la primera potencia planetaria, su ámbito de influencias se reduce, y algunos de sus principales socios, como Europa y Japón, sufren con crisis económicas. Su antiguo “patio trasero” se ha reducido a países pobres de Centroamérica y el Caribe, más un puñado de fieles seguidores entre los que se encuentra Chile. Esto gracias a la política exterior chilena, decididamente pro-imperio, que desde 1990 une a Concertacionistas y Derechistas.

Prácticamente no hay analista que rebata esta nueva realidad mundial y se dice que el 2020 podría ser el año definitivo de cambio de mano, cuando China desplace a Estados Unidos, por lo menos desde el punto de vista económico. Aunque este cambio de mano no viene tranquilo e incluso algunos analistas internacionales auguran la posibilidad de una guerra de proporciones mundiales, en particular por la resistencia del gigante del norte a entregar el relevo (si no preguntar en Libia, Siria o Corea). En este artículo se mostrará la evidente política exterior chilena, que a pesar de lo poco analizada en medios nacionales, demuestra que Chile es una pieza más en el ajedrez geopolítico mundial.

Latinoamérica, el otrora patio trasero

Bastante famosa se hizo aquella sentencia de que Latinoamérica no era más que el patio trasero de Estados Unidos, particularmente durante la Guerra Fría. Precisamente durante esta época se vivieron importantes conflictos en la región como parte de la disputa mundial capitalismo – socialismo. La lucha llegó prácticamente a cada país latinoamericano, y brindaron cuantiosa “ayuda técnica y económica” a quienes deseaban contener el avance socialista o la influencia rusa “marxista-leninista”. Estas ayudas en todos los países Sudamericanos terminaron en muchas dictaduras fascistas que destruyeron toda resistencia e impusieron los modelos económicos “civilizados” siguiendo a los profetas Smith y Friedman.

Una vez caída la Unión Soviética y terminada la Guerra Fría en 1990 Estados Unidos se quedó con la total hegemonía en nuestro continente, tal como en el resto del mundo, a pesar del fin de las dictaduras. Con la honrosa excepción de Cuba que, más allá de la opinión que tengamos de la isla, resistió heroicamente – y resiste aun – los embates del Imperio. El resto de nuestros países no eran más que veintitantas banderitas, alineadas bajo la OEA, esa institución panamericana, émulo de la ONU, que con bonitos slógans no hacía más que mantenerlos a todos cuadrados frente a las directrices del norte.

Hoy el panorama es bien distinto, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y la ya citada Cuba (agrupados en el ALBA), se muestran en abierta confrontación diplomática con Estados Unidos, desafiando cada intento de influencia en la región y alejándose rápidamente de los modelos neoliberales impuestos durante los años 80-90. Por otro lado, Brasil, a pesar de las recientes protestas, es una de las potencias emergentes del grupo BRICS, crece cada vez más (hoy es la sexta potencia mundial según PIB) de la mano de un Estado fuerte, grandes empresas privadas con proyección internacional, fuerte agenda social (ha disminuído la pobreza en 40% en los últimos años) y todo de la mano del Partido de los Trabajadores. Al alero del gigante verdeamarelo yacen Argentina, Paraguay y Uruguay, integrados en su plataforma comercial-diplomática, el Mercosur. Estos cuatro países no se han enfrentado tan directamente al “país de las posibilidades”, pero también han abandonado el modelo neoliberal y hacen más gestos de buenas relaciones con China y Rusia que con Estados Unidos. Incluso Brasil está construyendo submarinos nucleares que se unirán a sus Fuerzas Armadas, las segundas más importantes en América.

Con todos estos cambios le quedan pocos aliados en el sur del continente. Colombia llamado “el gendarme de América” por su carrera armamentista so pretexto de la lucha anti-narco y su fiel obediencia a Washington; Perú que de la mano de Humala traicionó su discurso de izquierda y sigue los pasos de Colombia; y Chile, el mejor embajador de las “bondades” del sistema neoliberal. Todos unidos a México, otro gran aliado norteamericano, en la Alianza del Pacífico, la última alianza neoliberal sudamericana dirigida por la Casa Blanca, parte importante de su más ambicioso proyecto el Trans Pacific Partnership (TPP).

El embajador yanqui en Sudamérica

La política exterior chilena no ha tenido grandes variaciones desde 1990. Moros y cristianos – Concertación y Derecha – se han unido en la idea de abrir Chile al mundo y mostrar las bondades del sistema neoliberal, de aliarse con las grandes potencias capitalistas y de despreciar las relaciones con sus vecinos sudamericanos. Con la llegada de la “democracia” se ofrece a Chile como paraíso para los inversionistas yanquis, canadienses, europeos y australianos. La gran cantidad de tratados de libre comercio muestran esa política abierta al mundo, basada en un Estado que no se compromete por los derechos básicos de sus ciudadanos, pero que es entusiasta protector de la inversión privada, más si es extranjera.

La fiebre de los Tratados de Libre Comercio (TLC) comenzó con Eduardo Frei y sus famosos viajes por el mundo a mediados de los 90. Los principales tratados son con potencias industrializadas que terminan pasando por encima de la economía chilena, pequeña y dependiente de la extracción de recursos naturales. Los más importantes: Canadá (1996), México (1998), Unión Europea (2002), Estados Unidos (2003), Corea del Sur (2003), China (2005), entre otros. La disminución o eliminación de aranceles aduaneros, asociado a estos tratados, genera un beneficio muy desigual cuando se enfrentan economías tan distintas. De todo lo que Chile importa del exterior, lo que viene de Estados Unidos representa un 20%; mientras que las exportaciones chilenas que entran al mercado norteamericano representan menos del 0,5% del total de sus importaciones. O sea negocio redondo, pero para las grandes potencias, no para Chile.

Para el mercado latinoamericano las puertas se abrieron, pero más lento y con un claro sesgo. A pesar de que las cercanías y similitudes de las economías latinoamericanas suponían un mejor acuerdo, más beneficioso para los países firmantes. Con el Mercosur y otros países sudamericanos como Venezuela, Bolivia y Ecuador existen Acuerdos de Complementación Económica, que no cuentan con los mismos alcances de los TLC. Con otros países latinos como Colombia (2006), Perú (2006) y Panamá (2006) si hay TLC, aunque claramente estos países, al igual que Chile, están en la órbita de influencia de Estados Unidos. O sea, se hacen acuerdos entre sudacas, solo si el patrón está de acuerdo.

Fuera de los TLCs, es interesante recordar un acuerdo económico suscrito entre Chile y Argentina, el Tratado de Integración y Complementación Minera Chile-Argentina. Dicho acuerdo permite la instalación de empresas mineras en zonas fronterizas de ambos países, facilitando todo tipo de trámites – como concesiones y pago de impuestos – a dichas empresas privadas para que explotaran todo el mineral que encontraran. Este acuerdo suscrito por los más siniestros representantes del neoliberalismo sudamericano, Eduardo Frei y Carlos Menem, abrió la posibilidad de explotar minas en Argentina que resultaban poco rentables dada la gran distancia al Atlántico, así como proyectos mineros en Chile como Pascua Lama. Lo curioso, más allá de quienes suscribieron el acuerdo inicial, es que en Chile fue ratificado por el parlamento (Senado y Diputados), dónde los únicos que lo rechazaron fueron los diputados Jaime Mulet y María Rozas, aparte del ex-senador Jorge Lavanderos, principal opositor del tratado. Todos los otros, derechistas y concertacionistas lo aprobaron (ver nota)

Siguiendo con la política externa de la transición, como no recordar que el gobierno chileno no condenó el golpe de Estado de 2002 en Venezuela, que derrocó a Chávez por 3 días. La canciller Soledad Alvear y el “socialista” Lagos no tuvieron empacho en reconocer como presidente al golpista Carmona, aunque el golpe durara solo 3 días y fuera condenado por gran cantidad de países. Interesante hacer notar que dos años después, en 2005, Ricardo Lagos fue premiado por el Consejo de las Américas, institución de negocios fundada por David Rockefeller en 1965, ligada a la lucha en contra del socialismo durante la Guerra Fría.

Para el 2005 el presidente norteamericano George Bush impulsaba la creación de un gran Tratado de Libre Comercio Americano, ALCA, que para ese año ya contaba con la férrea oposición de Venezuela y Cuba (a propósito de esta oposición nació el ALBA). Chile lo apoyaba sin dudarlo, de la mano de canciller Ignacio Walker (de nuevo durante el gobierno del “socialista” Lagos), pero el ALCA se cayó definitivamente en la Cumbre de Mar del Plata cuando Kirchner y Lula reconocieron lo poco beneficioso que sería el tratado para Latinoamerica si Estados Unidos seguía manteniendo una política proteccionista hacia sus propias exportaciones.

El actual gobierno no se ha quedado atrás y ha seguido la línea concertacionista de alianza con el imperio. A la enemistad declarada con Venezuela, Bolivia y Cuba se suma el acuerdo que permite a Marines norteamericanos usar la base militar chilena en Concón, con el eufemismo de “Operaciones Militares en Territorios Urbanos”, o sea reprimir o enseñar a reprimir cualquier manifestación popular, tal como en la Guerra Fría. Esta base se suma a la larga lista de bases militares norteamericanas en Centroamérica, el Caribe, Colombia y Perú.

Otra situación diplomática digna de recibir una palmada en la espalda desde Washington fue la propuesta del canciller Alfredo Moreno de crear una “unidad de coordinación frente a desastres” que se base en “las unidades que tengan la mejor capacidad técnica para enfrentar estas situaciones de manera rápida y con autosuficiencia” en América. O sea una propuesta hecha a la medida de Estados Unidos que eventualmente podría “coordinar” acciones militares bajo el pretexto de ayuda humanitaria, tal como ocurrió en Haití en 2002. Esta propuesta fue levantada durante la X Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas, en Punta del Este en 2012, pero no recibió ningún apoyo, salvo el de Colombia.

A pesar de que en temas más bien simbólicos, como el reconocimiento del Estado Palestino o la oposición a la invasión a Irak, Chile se muestra como progresista y cercano al resto de Latinoamerica, ya vemos que en temas cercanos y tangibles, Concertación y Alianza se la juegan todo por el todo por Estados Unidos.

Las últimas jugadas del tablero

A pesar de todos estos cambios en el escenario latinoamericano, Estados Unidos intenta mantener su influencia en la región a como de lugar, aunque sea usando las viejas técnicas de la Guerra Fría. El intento de golpe de Estado a Chávez en 2002, la intervención en los sucesos de Haití de 2003, el golpe de Estado en Honduras en 2008 que derrocó a Manuel Zelaya (quien había “virado peligrosamente a la izquierda acercándose a Chávez y su política anti-EEUU”) y más recientemente el “golpe de Estado blanco” de 2010 perpretado en Paraguay que destituyó mediante el Congreso controlado por la derecha al presidente Lugo, aliado de Brasil.

La idea para poder mantener la influencia en la región es primero librarse de Venezuela. A pesar de que este país no es ni tan grande ni tan rico, tiene el gran poder de los petrodólares de los que se valió Chávez para levantar su proyecto bolivariano, ayudar a sus aliados más pobres del ALBA y para hacer buenas amistades en el Caribe. En este último lugar Estados Unidos aun es hegemónico y por lo mismo fue un duro golpe el plan Petrocaribe que acercó a muchos pequeños países caribeños a Venezuela.

Por otro lado está Brasil, a quien Estados Unidos no se ha enfrentado directamente, probablemente por el tamaño y poder de su economía. Aunque la destitución de Lugo en Paraguay tenía como objetivo debilitar la influencia de Brasil en la región, finalmente terminó siendo un autogolpe para los intereses norteamericanos, pues Brasil aprovechó de sumar a Venezuela, Bolivia y Ecuador al Mercosur (para los últimos dos aun no están listas todas las gestiones). El parlamento paraguayo dominado por la derecha siempre se opuso a la entrada de Venezuela al Mercosur, pero con la destitución de Lugo, Paraguay quedó suspendida temporalmente de esta alianza, evadiendo con esto la opinión de su parlamento, permitiendo la entrada de Venezuela. Con este crecimiento del Mercosur, los bloques liderados por Venezuela y Brasil quedan más cerca que nunca, lo que por supuesto debilita tremendamente la posición norteamericana en Latinoamérica.

Por lo tanto, tal como están las cosas, la Alianza del Pacífico y Chile son más importantes que nunca para los intereses de Estados Unidos tanto el cono sur como en el Océano Pacífico.

Chile, el mal vecino

Chile ha tenido una larga historia de discriminación hacia sus vecinos inmediatos. Con Perú y Bolivia, siempre se los ha mirado en menos, y se ha avanzado poco hacia una integración social y/o económica. De hecho las actuales demandas limítrofes que estos dos países tienen en contra de Chile, son en parte consecuencia de esta política de malos vecinos. A pesar de que cada quien puede considerar que las demandas limítrofes son o no atendibles, Chile tiene una larga deuda hacia ambos países. A propósito de estas demandas, hemos visto nuevamente la unión Concertación-Derecha, con la candidata Bachelet ofreciendo su apoyo al gobierno, los ex-cancilleres desfilando por La Moneda y parlamentarios vociferando en contra de nuestros vecinos (el mejor ejemplo el PPD Jorge Tarud)

Por otro lado, hacia Argentina, también ha existido una importante odiosidad. En el plano diplomático reciente, la demanda por la recuperación de las Islas Malvinas de Argentina ha recibido un tibio apoyo de los gobiernos chilenos, a pesar del apoyo fuerte y unánime del resto de los países latinoamericanos. Esto quizás como un recuerdo del apoyo que le dio la dictadura de Pinochet a Margaret Thatcher durante la Guerra de las Malvinas en 1978.

Como guinda de la torta, los medios de comunicación masivos chilenos también trabajan afanosamente en replicar la política norteamericana. Abundan los editoriales y análisis criticando al gobierno de Cristina Fernández, ridiculizando al gobierno de Evo Morales, cubriendo todas las aristas de las protestas en Brasil y creando una idea exacerbadamente negativa del proceso venezolano (basta ver la cobertura a la violencia y al “país dividido que dejó Chávez en Venezuela” de parte de los medios escritos y televisivos). Nada se dijo en Chile en cambio de las masivas protestas estudiantiles en Colombia, de las protestas reclamando derechos básicos en Panamá o de las protestas en Perú en contra de la gran minería.

No es de extrañar entonces que Chile, una pieza norteamericana en el ajedrez geopolítico mundial no cuente con las amistades que uno esperaría en Sudamérica, y que tanto Derecha como Concertación cierren filas en torno a una misma política exterior, no solo a espaldas del pueblo chileno sino que en este caso a espaldas del pueblo latinoamericano.


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Comentarios

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28 de junio

A quien le guste el tema le sugiero a lo analistas: Alfredo Jalife-Rahme (mexicano), Raúl Zibechi (uruguayo), Juan Fracisco Coloane (chileno) y ver la animación en http://conozcachile.blogspot.nl/2013/01/geopolitca.html

manuel cerezo rojas

19 de octubre

porque tanto critican a chile porque no se preocupoan de sus problemas hace tiempo en lo particular a mi mi concierne que a aqui en sudamerica no somos muy queridos somos paises hermanos de la boca para afuera siempre nos dicen que somos traidores como no vamos a ser tridores si libramos una guerra con bolivia y peru de los cuales los bolivianos perdieron un poco su salida al mar y los peruanos perdieron parte del mar y un poco de tierra mas encima en esa epoca argentina se aprovecho y nos quito la patagonia que en ese entonces era chilena y libraba la guerra del pacifico luego viene el incidente del baltimore donde argentina intento o planeo atacar a chile mientras llegaba la flota americana mas encima contacto a peruanos y bolivianos para hacer la guerra con chile y asi una cantidad de hechos hasta llegar al problema del beagle y despues argentina en su guerra de las malvinas tiene conversaciones secretas con los gobiernos bolivianos y peruanos para atacar a chile si chile se aprovechaba de la situacio que vivia argentina e ese momento noisotros como chilenos no estamos ni ahi con querer algo de nuestros vecinos lo unico que queremos es vivir tranquilos si que señores no critiquen mas a chile ademas no se olviden si argentina salia airosa en su guerra de las malvinas luego hubiese venido chile si que co esos antecedentes como nuestros hermanos sudamericanos con que cara nos vienen a tildar de traidores conascan la historia y por favor formen su propia opinion. viva chile

pooo

25 de noviembre

Lei tu razonamiento estúpido, traidor chileno

nepe

20 de marzo

Lo que pasa es que como los argentinos no tienen futuro lo único que pueden hacer es pensar en el pasado y las derrotas que los marcaran durante toda su patética y miserable vida.

Jose Tomás González

22 de agosto

¿Qué debería hacer Chile? Pensar en su bienestar propio. Los gringos nos usan descaradamente y los únicos que perdemos somos nosotros. Nos ponen en contra de nuestros vecinos y no incentivan la economía chilena (arman tratados que los benefician a ellos). ¿Qué nos dan a cambio? Nada mas que las migas del pan. Es hora de cambiar la política exterior…

Fernando Velasco

01 de junio

Con todas las acusaciones en contra del sistema chileno, el pais ha salido de la pobreza que tubo anteriormente con otros gobiernos contrarios a EEUU.
Sobre la union transversal de los politicos chilenos sobre politica exterior, antes de criticarla, deberia darles mas bien envidia. Nada hace mas fuerte una sociedad que el hecho de estar cohesionada. Las sociedades que triunfan son las que se unen y no las que se la pasan la vida haciendose mierda.
Saludos envidiosos.

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