#Educación

¿Qué estamos haciendo mal?

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Ahora, después de dos años de no dejar que esa bandera de lucha caiga nos encontramos, a mi parecer, frente a un movimiento totalmente dividido. Vemos, sin ir más lejos, los petitorios de los colegios en “toma” donde exigen arreglos en su mayoría internos y no por el bien del movimiento estudiantil. Entonces cabe preguntarse, ¿qué ha cambiado dentro del movimiento estudiantil?

“Seamos realistas, pidamos lo imposible”. Esta es una de las tantas célebres frases, que encabezaron una de las mayores movilizaciones sociales en el mundo, ocurrida en Francia de 1968 y a su vez, probablemente la más famosa revuelta estudiantil del siglo pasado. Aconteció que entre mayo y junio de aquel año, París se volvió un infierno. Todo quedó paralizado. Las calles se llenaron de barricadas (de allí esta otra frase: “La barricada cierra la calle, pero abre la vía”).

45 años han pasado de aquella revolución ciudadana. Enfocándonos solo en lo referido a la educación, hoy en Francia nos encontramos con un sistema -dividido en universidades y las grandes escuelas- en apariencia popular y abierta, en la práctica sumamente elitista. Por este y otros tantos motivos fue llamada “la revolución de los imposibles”, porque era de una absoluta falta de sentido de la realidad.

Para nadie es un misterio que los últimos movimientos estudiantiles (mal llamados sociales) que han ocurrido en nuestro país, son el resultado de años de descontento de evidenciar que existe una asincronía entre los valores y la estructura del modelo educativo chileno. Ahora bien, el gran mérito de estos movimientos que uno evidencia es la conciencia que ha creado en la sociedad el concepto de educación, que es sin lugar a dudas, uno de los mayores problemas de nuestro país. Fomenta la desigualdad de las clases sociales, el precio extremadamente alto para la realidad del país estanca los sueños de muchas personas de tener una vida digna etc. Son unas de las innumerables razones de por qué esta lucha es tan bien vista por la sociedad.

Los movimientos estudiantiles han estado marcados por dos años en particular, el año 2006 de la famosa y recordada “revolución pingüina” y el año 2011 donde los secundarios y principalmente los universitarios unieron fuerza y fuimos testigos de marchas multitudinarias marcadas por la creatividad de los estudiantes que trataban de desmarcarse de los hechos vandálicos mostrados por las noticias y personalmente creo que lo mejor del movimiento estudiantil del 2011 fue cómo cada uno se sentía participe de lo que estaba pasando, sentirse parte de que ese cambio que tanto se necesita se va a provocar gracias a mi participación.

Ahora, después de dos años de no dejar que esa bandera de lucha caiga nos encontramos, a mi parecer, frente a un movimiento totalmente dividido. Vemos, sin ir más lejos, los petitorios de los colegios en “toma” donde exigen arreglos en su mayoría internos y no por el bien del movimiento estudiantil. Entonces cabe preguntarse, ¿qué ha cambiado dentro del movimiento estudiantil? Bajo mi parecer, en este presente año el movimiento estudiantil ha sido un movimiento demasiado fraccionado para las aspiraciones que se tienen de ser un movimiento social.

Este año ha sido muy negativo para el movimiento. Empezando por las marchas. ¿Por qué y para que se marcha hoy en día? ¿Cuál es el propósito de éstas? Si es que las ciudadanía sea empática con las demandas estamos haciendo un horrible trabajo, ya que toda la atención se la llevan los delincuentes que van a hacer destrozos sin ningún fundamento. Recuerdo hace dos años cuando el presidente de una federación de estudiantes comentaba a propósito de los encapuchados: “no los defiendo, pero los entiendo”. Pienso que es irracional pensar que las personas que causan destrozos en la vía publica lo hacen por una protesta “más profunda” que por el simple hecho de destrucción. Si la razón de las marchas es lograr que el poder ejecutivo cambie el sistema educativo de nuestro país, hoy en día no existe voluntad política para hacer esos cambios profundos que la gran mayoría demanda. Y en las universidades que están en toma, ¿qué ganamos con eso? ¿Poner presión a los altos mandos?  Los únicos perjudicados somos nosotros, en una toma solo se observa una baja participación de alumnado, destrucción de los bienes de la universidad y no permite la baja investigación que se realiza en nuestro país.

El doctor Humberto Maturana dijo alguna vez en una entrevista: “¿Qué estamos haciendo, de modo que los jóvenes no sienten participes de un mundo que les dé sentido? ¿Que todo lo tenemos que ver en modo de lucha?” El problema visto de una forma más social, pero fundamentalmente a un sector responsable de hacer cambios en nuestro país, los políticos. Para nadie es un misterio que la confianza en la política chilena está por los suelos. A modo personal, creo que los mal llamados “políticos” de nuestro país saben poco y nada de la labor que deberían cumplir en el país. Creen que “hacer política” es simplemente estar en contra de las ideas de lo que postula la vereda de al frente. Es más, si uno observa estos canales de televisión del Senado o la Cámara de Diputados se dará cuenta de que lo que debiese ser un debate abierto es estrictamente un monólogo de lo que esa persona piensa que es lo mejor para el país. Todo Chile sabe que sólo existen dos partidos en nuestro país: los que apoyaron y los repudiaron a Pinochet, es la división que marca más a nuestro país.

Espero como cualquier ciudadano chileno ver cambios en mi país, pero no lo vamos a lograr si esas personas que tratan de hacer de este país peor siguen con una mentalidad tan cerrada y equívoca de lo que es beneficioso para todos nosotros. Como dijo Carmen Castillo: “La política tiene que ser otra vez el arte de volver posible lo imposible”. Para ello nosotros, como el futuro de nuestro país tenemos que demostrar que somos algo más que un movimiento de personas que busca un bien común. Tenemos que mostrar una unidad que sobrepase lo visto por los corruptos partidos políticos de hoy en día. Tenemos que saber a su vez que no lograremos lo que queremos de un día para otro pero sabemos que tendremos que ser nosotros los que pongamos la primera piedra del cambio.

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