Columna en Ciudadanía
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La incidencia nuestra de cada día

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Uno de los mitos sobre Internet, que goza de buena salud, es que la Red aplana la cancha. Es una suerte de mantra, que de tanto repetirlo, pareciera querer esconder que el aprovechamiento de las oportunidades implícitas en el uso de Internet depende de condiciones sociales y personales que no están distribuidas de manera homogénea. Es cierto que reduce o elimina las barreras tradicionales para la participación en muchos ámbitos, pero junto con ello levanta nuevas fronteras, las que sólo pueden ser franqueadas a través del desarrollo de nuevas competencias y estrategias.


elquintopoder cumple en estos días cinco años, y es precisamente en este ámbito, que podríamos etiquetar como la pedagogía para la acción ciudadana, donde tiene –a juicio de quien ve ahora sus desafíos desde la gradería- su principal lugar de reinvención y crecimiento.

Zeynep Tufekci, investigadora turca especializada en el análisis de cómo el activismo político está incorporando Internet entre sus herramientas, plantea una paradoja de los nuevos medios sociales digitales. Así como han contribuido a la rápida articulación de la protesta contra los abusos del poder en distintos lugares del mundo, esta primera generación de iniciativas ciberactivistas han demostrado su frágil sustentabilidad y la incapacidad –salvo escasas excepciones- de generar propuestas de acción que vayan más allá del objetivo inmediato que convocó a sus adherentes. Esta situación estaría provocada por la predominancia de los vínculos laxos entre los miembros de las causas. Así, los medios sociales en Internet facilitarían la canalización de la indignación, pero serían vehículos poco apropiados para la construcción de programas de cambio.

En contraste, Tufekci aborda casos emblemáticos de activismo en la historia, entre ellos el movimiento por los derechos civiles de la población afroamericana en Estados Unidos. Dadas las limitaciones de los medios disponibles en aquella época para difundir su ideario, este movimiento se fue construyendo de manera lenta y gradual, en una suerte de rito permanente de movilización que fue, junto con convocar a nuevos adherentes, generando vínculos cada vez más fuertes entre sus miembros. Martin Luther King no tuvo Twitter a su favor, y en muchos casos tuvo a los medios masivos –radio, prensa y televisión- en contra. Para él y otros líderes de este movimiento, salir a la calle junto a miles de afroamericanos fue el resultado de un ejercicio de perseverancia que venció a las altas barreras para la participación que existían en la década de 1950 y 1960 en Estados Unidos.

Es iluso pensar que los problemas enfrentados por las primeras iniciativas de ciberactivismo en el uso de los medios sociales en Internet, no se resolverán. En esto hay mucho de ensayo y error. Sin embargo, ya se pueden extraer algunas enseñanzas para enfrentar la paradoja planteada por Tufekci.

En el primer e-book del proyecto de la Fundación Democracia y Desarrollo “Medios sociales e incidencia ciudadana: ¿hacia una nueva legitimidad política?”, que contó con la colaboración de IDRC y ONG Derechos Digitales, Salvador Millaleo y Patricio Velasco construyeron una tipología que clasificaba a los movimientos y causas sociales en Chile según la manera en que usaban Internet, llegando a la conclusión que la mayoría desarrollan prácticas que pueden definirse como de “activismo-ventana”, caracterizado por la baja interactividad y su ligazón con un arraigado discurso identitario. Es un ciberactivismo con limitada capacidad de expansión digital, que no explora el potencial relacional y de “engagement” (compromiso) que facilitan las redes, y que está orientado hacia la base de adherentes del movimiento o causa, usando los espacios digitales como panel de anuncios, mero reproductor de contenidos informativos que en muchos casos están disponibles en otros formatos.

Una primera lección apunta, por tanto, a la necesidad que tienen los movimientos sociales de innovar en la manera que utilizan las herramientas digitales. Es fácil hablar de innovación, lo difícil es practicarla, más cuando las causas sociales viven en una constante precariedad de recursos y dependen del voluntariado de sus integrantes para llevar adelante sus acciones. Sin embargo, reproducir mecánicamente prácticas digitales (crear una página en Facebook, por ejemplo) no es sinónimo de articular estrategias de incidencia (generar una comunidad en Facebook que dé vigor y difunda el mensaje de la causa). Qué rol juega lo digital en la estrategia del movimiento social es la pregunta que deberían responderse quienes lo impulsan, antes siquiera de crear una cuenta en una red social.

La precariedad de las organizaciones que sustentan en muchas ocasiones las causas sociales y la paradoja indicada por Tufekci, me llevan a la segunda lección.

En el marco del mismo proyecto, desde la Fundación colaboramos con cuatro organizaciones sociales en el desarrollo de sus estrategias digitales para aumentar su incidencia. De ellas, la que logró un mayor aprovechamiento de los nuevos medios fue la Coordinadora Vecinal La Reina, organización que a través de la movilización de los habitantes de esa comuna capitalina, promueve que la ciudadanía sea protagonista en las grandes decisiones que impactan en el futuro del territorio y la calidad de vida de quienes lo habitan. ¿Por qué, a diferencia de las otras organizaciones, la Coordinadora pudo de manera más efectiva apropiarse de las herramientas digitales? Por tres razones: 1) por su fortaleza organizacional, con un grupo permanente de integrantes que habían desarrollado y mantenían una práctica de reunirse y movilizarse; 2) por la claridad en sus objetivos de incidencia como organización, lo que les facilitó visualizar la oportunidad de mayor alcance que los nuevos medios les entregaban; y 3) por un certero diagnóstico de cuáles eran sus debilidades como organización, y cómo éstas podían ser de alguna manera superadas usando de manera estratégica Internet.

La Coordinadora Vecinal La Reina tenía ya sus estrategias de acción y habían desarrollado los lazos profundos de colaboración entre sus miembros. En su caso, Internet resultó ser un espacio natural de crecimiento porque su propuesta de cambio social se había ido macerando en un rito permanente de participación y movilización.

elquintopoder cumple en estos días cinco años, y es precisamente en este ámbito, que podríamos etiquetar como la pedagogía para la acción ciudadana, donde tiene –a juicio de quien ve ahora sus desafíos desde la gradería- su principal lugar de reinvención y crecimiento. Siempre fue parte de su promesa generar un espacio de conversación y debate ciudadano que condujera a la articulación de propuestas. Las urgencias de sus primeros años fueron definidas por una sociedad que salió a la calle para demandar ser escuchados y defender sus derechos. Ahora pareciera necesario dar el siguiente paso: apoyar a aquellos que, planteados sus puntos de vista y carentes de acceso a otros espacios, necesitan incidir en la construcción de lo que será el rayado de cancha de un país más justo y equitativo. Una cancha, que como sabemos, no es y nunca será plana.

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09 de Abril

Muy de acuerdo, pero creo pertinente poner el acento en algunas cosas interesantes: surgen algunos problemas cuando “movimiento social” (que suena grande y lindo) es en realidad un grupo de interés, que puede estar o no canalizado como una institución, por ejemplo una ONG.

Muchas veces sucede, indistíntamente de si un grupo de interés es pequeño o mediano, de si está o no presente a través de una personalidad jurídica, que lo que algunos llaman la “sociedad civil”, lo que otros llaman “movimiento social”, etc. opera una suerte de contención, donde lo que está fuera del establishment se queda fuera del establishment, y la cabida que se le da en estas figuras tiene un efecto de paño frio.

La institucionalidad democrática, poco favorable a las minorías por el problema binominal y por el problema del financiamiento, también margina a estos grupo de interés, o movimientos o como queramos llamarles, y también lo hace el sentimiento apolítico. Yo se que no está de moda, y ese es parte del problema, pero si cambiamos la palabra “social” por la palabra “político” podrían pasar cosas muy interesantes.

Creo entonces que existe un potencial no explotado de hacer análisis cualitativo sobre todo este contenido (y el de otras plataformas), para construir proyectos políticos que acogan las inquietudes, críticas e ideas aquí expresadas. Mi secreta esperanza en general con los medios participativos y en particular con esta plataforma -dado su origen- era que algo así sucediera. Quizás lo único que falta es tiempo, aunque creo también que lo falta que partidos políticos vean esto como una oportunidad y no como amenaza, porque nunca antes en la historia había sido tan fácil analizar con detalle lo que antes llamábamos las “condiciones subjetivas”. Es una pelota que está rebotando.