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¿Reforma tributaria?

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Más allá del título "reforma tributaria", que viene a responder saludos a la galería, o más bien, como decía Orwell, decirle a la gente lo que quiere escuchar, es importante analizar el discurso que ha entregado la Presidenta estas últimas semanas. En sus intervenciones ha pasado de la mentira más blanca, a la hipocresía máxima.

Antes de comenzar, dejaré algo claro: no soy economista, experto en derecho tributario ni contador auditor. Así y todo, me es posible observar obscenas contradicciones en el discurso respecto de la reforma tributaria, a partir de una ciencia infalible, pero poco obedecida: el sentido común.

Más allá del título “reforma tributaria”, que viene a responder saludos a la galería, o más bien, como decía Orwell, decirle a la gente lo que quiere escuchar, es importante analizar el discurso que ha entregado la Presidenta estas últimas semanas. En sus intervenciones  ha pasado de la mentira más blanca, a la hipocresía máxima.

Para evidenciar esto analicemos los dos grandes argumentos que  ha entregado. El primero: “la reforma es necesaria, porque permitirá financiar una educación de calidad, necesidades de salud y mejorar pensiones”. Comencemos por el final. En el anterior gobierno de la Presidenta Bachelet se impulsó una reforma al sistema de pensiones, por tanto, existen dos posibilidades, la reforma al sistema de pensiones que realizó en su anterior mandato la hizo mal, tal como el Transantiago, o nuestro país en los últimos cuatro años envejeció de una manera brutal y nadie aún lo nota.

La Presidenta también nos dice que la reforma mejorará las condiciones de la salud pública, sin embargo, y pese a que es de conocimiento de todos el estado de la salud en el país, es sumamente difícil querer mejorar algo sin dos datos vitales: ¿cuánto cuesta? y ¿cuál es la prioridad? ¿O acaso usted pediría un crédito de consumo para arreglar el techo de su casa (infraestructura de los hospitales) sin saber el importe económico que eso signifique?. Más aún ¿usted pediría un crédito sin decidir si es para arreglar el techo o para hacer una ampliación? Claro, hay un dato relevante, el crédito se debe devolver, los impuestos no, lo que no puede significar que aquellos recursos se despilfarren sin ningún tipo de prioridad o planificación.

Por último, su Excelencia nos dice que la reforma nos permitirá una educación de calidad y he aquí mi mayor discrepancia, pues este postulado aparte de ser falaz, se contrapone con postulados de este gobierno. Me explico. Esta propuesta, pues no alcanza a ser un argumento, no posee sustento alguno, ya que es imposible concluir que a partir de una mayor recaudación de impuestos la educación será de calidad. Lo que sí sería posible asegurar, cosa que también está en duda, dado que ni siquiera se sabe cuánto costará la reforma educacional, es que la educación será gratuita, de ahí que esta sea de calidad, un larguísimo camino que no pende de una mayor recaudación.

Y usted se preguntará ¿y en qué se contrapone con los postulados de este gobierno? La Presidenta establece como sinónimos mayores recursos y mayor calidad. ¿Le suena? ¿No? Lucro ¿ahí si? Bueno, al presentar como consecuencia natural que a mayores ingresos (mayor recaudación de impuestos) se obtiene una mejor educación, viene nada más que a validar el sistema de educación privada y subsidiariamente la educación particular subvencionada, ambas repudiadas y amenazadas con desaparecer.

El segundo gran argumento entregado por Michelle Bachelet: “Es una reforma justa, pues los que tienen más van a pagar más”. Santo Tomas al ver esto estaría  conforme, pues refleja perfectamente eso de la justicia es dar a cada cual lo suyo. Sin embargo, basta leer los dichos de las misma Presidenta para notar que está lejos de ser verdadero y justo. Veamos. La reforma solo afectará al 1% de la población.

Si lo anterior fuese cierto no deberíamos estar hablando de “reforma”, ni siquiera yo debí dedicar un minuto a redactar estas líneas. Incluso este proyecto baja la tasa impositiva de un 40% a un 35% a quienes más ganan, a ese 1%. Puede que tomarse un trago salga un poco más caro, pero la educación será gratuita. Si es cierto, vale recordar que estas palabras salieron de la boca de la misma Presidenta, tira por la borda aquel postulado que dice que la reforma afectará solo al  1% de la población.

No solo afectará a quienes disfrutamos un vino o un trago el fin de semana, o los mismos estudiantes que recompensan su sacrificada vida con un par de cervezas, si no que afectará a los pequeños productores de uva, a los microempresarios del vino y a su vecino que tiene una humilde botillería, por nombrar algunos actores. Claramente esto no representa solo al 1% de la población.

No es posible que un jefe pague menos impuestos que su secretaria. Estas palabras dichas por Bachelet en un programa radial responden a una caricatura, a una burla a la clase media chilena. Personalmente ejerzo una jefatura, pero disto de muchos ceros de ser millonario. Y no considero justo tener que pagar más impuestos. Sin embargo, mas allá de la caricatura, representa una amenaza, pues lo que esconde esta frase son las súper facultades que se pretende entregar a impuestos internos, quien actualmente es juez y parte. Para temer.

Este análisis podría continuar por horas, sumando los detalles técnicos de esta reforma, que claramente afectará a gran parte de la población, la economía, el empleo, la inflación y un largo etcétera. Sin embargo, mi intención es evidenciar las groseras contradicciones del discurso político que oculta lo que la Presidenta probablemente nos comunique más adelante, y es que lo que realmente quiso decir es que esta reforma afectará al 99% de los chilenos y que por culpa del INE nos dijo aquella frase del 1%.

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