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Enrique Ramírez Capello, ¿de dulce y de agraz?

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Escribo esta columna en una rara mezcla de sentimientos: felicidad, porque el Premio Bicentenario de Periodismo Camilo Henríquez que el colegio de la orden acaba de otorgar en el día en que conmemoró el bicentenario de la profesión en Chile, recayó en un hombre de méritos: Alberto, el Gato, Gamboa.

Pero, a pesar de que admiro al Gato -que fue mi subdirector en La Nación- lamento que no lo obtuviera Enrique Ramírez Capello, igualmente merecedor del inédito galardón. Doble pena, porque su estado de salud no lo acompaña.

Y a esta ya rara mezcla debo agregar la rabia, por las razones que hicieron posible su estado. Ayer, para esperar los resultados de la votación entre pares, sistema escogido para determinar quién era el galardonado, Enrique y sus cercanos -su hija Soledad, su abogado y sus amigos y amigas- debieron hacer un alto, breve, en lo que ha sido en el último año y medio la lucha por obtener justicia.

Y allí radican los motivos de la pena y la rabia: el 21 de febrero de 2011, Enrique llegó caminando al Hospital Clínico de la Universidad Católica, donde fue internado para someterse a un procedimiento médico de rutina, de tipo ambulatorio. Una infiltración en la columna vertebral para aliviar un dolor cervical, descrita por el Doctor Mauricio Campos, especialista en columna del mismo centro, y quien la prescribió, como: “muy breve y que le permitirá regresar aliviado y caminando a su casa”.

Sin embargo, los resultados no fueron aquellos: la infiltración, que realizó el doctor Alvaro Burdiles, derivó en un infarto medular que lo dejó tetrapléjico. Sumado a esa condición, la infortunada intervención médica generó un continuo y creciente deterioro de su sistema inmunológico que obligó, hace dos meses, a hospitalizarlo bajo riesgo vital.

Tras ese 21 de febrero, si no la vida, quedó en suspenso una larga carrera como periodista y docente: de la mano del profesionalismo y de la ética; de la generosidad y el talento, Enrique ha sido redactor y editor en Las Ultimas Noticias por 33 años, gran pluma en las secciones de cultura de Ercilla y Hoy, columnista en La Nación y El Sur, presidente del gremio entre el 2002 y el 2004, Premio Embotelladora Andina al Mejor Periodista del año, Primer Premio del Sindicato de Periodistas El Mercurio S.A.P, docente admirado y reconocido por alumnos en diversas universidades, (Católica, Uniacc, Diego Portales, Del Desarrollo y Mayor) y, en esa faceta docente, autor de manuales de estilo.

A todo esto ¿qué dice o hace el Hospital Clínico de la UC? En una reunión con la familia, tras un largo silencio, sus autoridades señalaron que “fue un procedimiento bien hecho, con una reacción inexplicable, único caso en Chile, y uno o dos en el mundo, según literatura médica”. Basados en ello, decidieron que no “se justifican nuevos estudios sobre el caso” e indicaron su transferencia a una clínica de rehabilitación. Así dieron por terminada su responsabilidad… pero no sus cobros, los que por servicios no cubiertos por la Isapre sigue pagándoles la familia.

Tras esto, y representado por el abogado Alejandro Walker, Enrique interpuso una demanda indemnizatoria contra el centro médico, el que respondió a ella en los mismos términos que expresara a la familia, agregando que el paciente conocía los riesgos, lo que implica una falta a la verdad.

En estos días, el abogado Walker presentará su alegación refutando los argumentos del hospital clínico, en el 14º Juzgado Civil de Santiago.

Así es la vida, dirán algunos. De dulce y de agraz. No, decimos otros: porque cuando la natural vulnerabilidad del ser humano queda al arbitrio de profesionales y entidades de la salud que no responden por sus actos, algo anda mal en el sistema. Algo que debemos denunciar.

Fuerza, Enrique, ser humano impecable, fiel a tus principios y leal a tus amistades. Fuerza, Soledad. Denunciando lo ocurrido, los periodistas estamos cumpliendo con nuestra tarea. Ahora los tribunales deberán hacer la suya.

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Comentarios

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Mónica Rodríguez Encalada

12 de julio

María Eugenia:
Comparto plenamente lo que señalas en tu columna. Enrique merecía obtener ese premio que podría haber paliado en parte su dolorosa realidad. Pero, al margen de ello, es inaudito que en Chile sigan ocurriendo negligencias médicas como la que le afectó, u otras más terribles aún,como la de esa joven madre que se internó en la Clínica Tabancura para recibir a su hijo y terminaron ambos muertos. Me pregunto ¿que pasa con la preparación de los actuales profesionales de la salud?? .¿que sucede con los establecimientos hospitalarios que no asumen su responsabilidad??? Es que sólo los seres humanos les interesamos como sujetos económicos??? ¿Por qué el Colegio Médico no toma cartas para dar a conocer y sancionar estas negligencias???
A mi amigo Enrique y a su entorno familiar todo mi cariño y apoyo.-

Evaristo Cortez Riveros

12 de julio

Llama la atención que un centro hospitalario que en sus eslogan publicitarios dicen atender bajo principios cristianos, sin embargo, en estos 17 meses que el paciente está sufriendo verdaderos y fuertes martirios, los profesionales de este centro asistencial, jamás le han visitado, no mostrando el mínimo de interés por lo sucedido. Como dice Condorito, ¡exijo una explicación!

personaje anonimo

07 de agosto

Es curioso q este periodista, habiendo trabajado para empresas católicas y atendido por un hospital católico, haya tenido una reacción rara al tratamiento. ¿No habría dicho o escrito algo en contra de dicha secta religiosa q motivase a los medicuchos a errar en su intervención?

Evaristo Cortez Riveros

21 de diciembre

Observar aquí, que mi anterior comentario en relación a esta horrible tragedia, lo compartí el día 12 de Julio del 2012, en donde denunciaba que luego de 17 meses, las personas que así dejaron a Enrique, postrado, rígido, sin poder caminar, jamás le han visitado, ni mostrado el mínimo de interés por lo sucedido…Bueno, en estos momentos que escribo este segundo comentario, ya estamos en el 21 de Diciembre del 2013, es decir, ahora ya han transcurrido 34 meses desde el día que comenzó la tragedia y vuelvo a decir, que aún hasta hoy quiénes la ocasionaron, continúan sin visitar a su víctima, queriendo decir que el paciente para estas personas ha sido y es nada más que un objeto común y corriente que pasó por sus manos…¡qué vergüenza!…¿qué dice el Colegio Médico a todo esto?…¿no cuenta este Colegio con un Departamento de Ética y Disciplina?….¿nadie, absolutamente nadie da la cara?…¡¡¡qué escándalo!!!

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