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Pensiones: Cuando somos más que cifras

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Hace un par de semanas, frente a La Moneda, un grupo de profesores no aguantó su molestia y se manifestó en las cercanías de la casa de Gobierno para demandar respuestas frente a la indigna situación que les tocará vivir, y que muchos ex profesores y compatriotas chilenos ya viven. Es el drama de una pensión insuficiente, del que no alcanzará para fin de mes, de tener que trabajar hasta en más de un trabajo en la tercera edad, de la incertidumbre después de la vida laboral, de la inseguridad. Es el drama de las AFP, cuando la felicidad y el descanso de una jubilación es la alegría de unos pocos.

Ya son 34 años. Tres décadas desde que se ha implantado un modelo, una visión de individuos más que de sociedad en su conjunto. Tiempo ya ha pasado desde que para miles, para futuros millones, les será violentado un derecho social fundamental para cada ciudadano, para cada compatriota: el derecho a una jubilación digna.

Son cientos los escritos de académicos, economistas, políticos, centros de estudios, entre otros, que han puesto en evidencia las falencias de este sistema de pensiones, de este modelo centrado en generar ganancias para quienes lideran y mueven estas empresas, con el negocio especulativo como su estandarte, que cuando resulta un éxito todos aplauden y se llenan los bolsillos más de lo que lo hacen habitualmente, y que cuando pierde, cuando resulta un fracaso su “negocio”, son miles los perjudicados, mientras ellos siguen recibiendo beneficios, en un escenario en que todo resulta en cifras verdes para unos pocos que lucran a costa de la vida de muchos.

El pedazo de torta más grande es para unos pocos. Mientras compatriotas viven el sufrimiento de no poder descansar como deberían en su jubilación, otros sonríen mientras los pedazos de su torta son cada vez más grandes. Una realidad en que cuando los números son verdes, no somos nosotros los beneficiados, los trabajadores, los obreros, los estudiantes (futuros trabajadores), los chilenos. Son un grupo minúsculo de empresarios y ex políticos (algunos todavía vigentes) de los cuales lejanos resuenan los términos “bien común”, “justicia social”, entre otros.

El pedazo de torta más grande es para unos pocos. Mientras compatriotas viven el sufrimiento de no poder descansar como deberían en su jubilación, otros sonríen mientras los pedazos de su torta son cada vez más grandes.

Ellos, este grupo reducido de la elite económica chilena, han estado durante estas décadas después de la dictadura militar enriqueciéndose los bolsillos con cifras extraordinarias, llamando la atención el cómo una necesidad básica como una pensión se ha convertido en un negocio tan factible.

¿Cómo puede ser? Cómo puede darse que sólo una parte del total reciban pensiones que recién se pueden calificar de dignas, mientras miles tienen que vivir con 180.000 pesos, mientras miles, ya en su tercera edad, tienen que seguir trabajando para poder subsistir, en algo que ni siquiera se puede llamar vivir, sino que cumplir con lo justo y necesario para poder llegar a fin de mes.

No es difícil ver esta realidad reflejada en el día a día. Ha ocurrido más de una vez que cuando camino por la ciudad, en la parte más céntrica de esta, me encuentro con estos trabajadores que se encargan de limpiar las calles. Lo que llama la atención de esto no es la labor que cumple ni nada de eso. Lo desgraciado de esta historia es que muchas veces ellos son adultos de la tercera edad (o camino a ella). Rostros cansados, con un largo camino ya hecho, los cuales probablemente tengan pensiones que no les alcancen a llegar a fin de mes. Rostros decaídos, víctimas de un sistema deshumanizador, frío y centrado en números grandes, que los obliga a seguir trabajando en una edad que no deberían.

El derecho a tener una jubilación digna es algo que debería estar garantizado en la realidad además del papel. La constitución habla de “prestaciones básicas uniformes” en el ámbito del derecho social. El tema es cuando vemos a nuestros compatriotas sólo con números, cuando se les asegura lo necesario sólo para subsistir, y cuando ni siquiera alcanza para eso, es difícil decir que hay progreso alguno en esta área, es difícil hablar de vivir.

Urge la necesidad de una respuesta definitiva a esto, de que el Estado tome las riendas en esto, sin hablar de una “intervención absoluta”. Pensemos primero en asegurar una vida digna para todos antes de hablar en que generemos estratosféricas cifras de dinero que al final van a parar a unos pocos.

En la medida en que sigan existiendo soluciones parche a un sistema como las AFP, el cual termina generando pobreza al fin y al cabo, es que este sistema seguirá siendo beneficio de unos pocos. El pedazo grande de torta hoy es de unos pocos. Un pensador decía “Donde hay justicia no hay pobreza”. Es hora de acercarnos más a la dignidad y a la justicia. Es hora de que miremos a nuestra tercera edad (y a la sociedad en general) no sólo como un mero conteo de cifras, sino que podamos asegurarles un futuro de descanso digno. Cuando somos más números, es que hablamos de vivir, y no sencillamente de subsistir.

TAGS: Pensiones

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Comentarios

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03 de Septiembre

Una aclaración final…en la última frase, falta un “que”, el cual cambia harto el sentido de la conclusión final. Queda como “Cuando somos más que números, es que hablamos de vivir, y no sencillamente de subsistir”.

M. Eugenia Espinosa

03 de Septiembre

Gracias por tocar el tema. Es delicado y hay mucha susceptibilidad al respecto. País con miles de jubilados sobre-viviendo por la caridad de su familia, trabajando apenas o vendiendo el único bien raíz que tienen para vivir para “comer”. Esto es el pago de Chile. Todos, absolutamente todos los gobiernos en sus campañas apelan a los viejos, prometen, saludan y les otorgan menciones especiales. Jamás ninguno realmente se preocupó de ellos y sólo les dan algún bono calmante. Lamentablemente no pueden salir a la calle a protestar.

Saludos,

jose ariel

24 de Septiembre

Es realmente indignante la situacion de los jubilados y pensionados de nuestro pais.Victimas de los sinverguenzas y ladrones de cuello y corbata de las afp. Pero lo que mas indigna es que nadie haga nada por revertir esta situacion,nadie protesta con vehemencia,los politicos coimeros que nos representan no hacen nada, mientras estos sinverguenzas siguen robando a manos llenas. Ya basta de estos abusos. Falta una movilizac ion social fuerte y asertiva y terminar de una vez por todas con esta infame situacion.

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