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Redes en Internet y cambio político: Mitos y realidades

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En una conversación de sobremesa unas semanas antes de los acontecimientos de Egipto, una persona afirmaba que las redes en Internet están sacudiendo y cambiado el mundo. A mí me pareció una observación muy optimista, pues no veía exactamente dónde se estaban produciendo trastornos sociales importantes, como consecuencia de ese fenómeno. Entonces salió el ejemplo del proyecto de construcción de la central termoeléctrica “Barrancones” (Región de Coquimbo), que habría sido parada por la acción de ciberactivistas, que organizaron demostraciones denunciando los intentos de algunos funcionarios de gobierno de aprobar la construcción sin considerar informes advirtiendo potenciales desastres ecológicos. Los ciberactivistas habrían atado de manos al Presidente, dado que éste había prometido en su campaña presidencial no respaldar dicho proyecto. En consecuencia, el proyecto se detuvo. ¡Triunfo! Luego vino lo de Egipto y entonces la opinión aquella tomó la forma de una profecía anunciada. El llamado de los ciberactivistas jugó un rol indiscutible en comenzar la movilización, que terminó destronando a Mubarak. ¡Qué más quedaba, sino rendirse ante la evidencia!
 
Sin embargo, luego de la primera impresión, nuevamente las dudas me asaltan. Lo primero que quisiera decir, es que aún cuando son loables los ejemplos antes mencionados, hay en contra ejemplos que siembran dudas, como los casos de Bielorrusia, China, Cuba, Irán, entre otros. Respecto del primero, país gobernado por Lukashenko desde 1994, la resistencia cibernética no ha podido doblegar su régimen, que ha mostrado no tener pudor a la hora de reprimir. Sus servicios de seguridad se las han arreglado bien, para interceptar comunicaciones y llegar antes a los lugares de protesta, para arrestar conspiradores aún cuando las protestas fueran “light” o encubiertas, en el sentido de no ir directo al grano en la denuncia (acciones interpretables como la crítica al régimen). Es más, algunos piensan que en el corto plazo la resistencia cibernética tuvo un efecto contrario al deseado, pues el trabajo profano de los servicios de seguridad, permitió identificar gente en la redes, que luego detenía, abusaba y atemorizaba al punto de anular (un agente de seguridad buscando nexos en Internet podía hacer el trabajo de varios en la calle de forma más económica y eficiente). Eso vino a probar a algunos que las viejas técnicas conspirativas de los mensajes hombre a hombre, célula a célula, grupo a grupo, no han perdido vigencia.
 
Un segundo elemento a considerar en relación a resistencia cibernética, tiene que ver con el hecho de que las convocatorias a protestar son menos difíciles de lograr que la articulación de un discurso propositivo de alternativas, que dé cimiento a un movimiento de cambio o relevo. Me explico, en el caso de Egipto sobreponerse al ojo vigilante de la seguridad de Mubarak y organizar por las redes una demostración contra la violencia del régimen, después de todo no fue tan difícil (de hecho se habían realizado otras convocatorias antes). No obstante, el salto a la fama en esta protesta ocurrió a 24 horas de la convocatoria original, cuando ya en la plaza ésta pasó de reivindicar derechos humanos a derechos políticos. La protesta se volvió política al demandar la salida de Mubarak. En ese cambio, los liderazgos o conducción original se diversificaron, permitiendo espacio importante a los políticos en desmedro de los ciberactivistas. Esto es, las cámaras comenzaron a enfocar a los Mohamed ElBaradei, la Hermandad Musulmana, el General Amr Moussa, etc.
 
Y es que a la hora de ofrecer alternativas al régimen de Mubarak, los partidos y sus políticos tienen un discurso más articulado que la mera denuncia. La gente que se concierta tras problemáticas puntuales y transversales, no necesariamente están de acuerdo en otras cosas, de manera que su unión muestra ser más contingente, débil y cortoplacista. Por ello, uno de los grandes temores de EE.UU. e Israel respecto de lo sucedido en Egipto, es que todo el asunto sea capitalizado por la “Hermandad Musulmana”, mostrando que no le temen a los ciberactivistas (al menos mientras no les molesten a ellos como Wikileaks). Es más, en muchos casos los alientan,  como se entiende de la alocución de Hilary Clinton del 15 de febrero pasado en George Washington University, anunciando que el Departamento de Estado de EE.UU., creará una página “to better communicate with people in those countries” (léase ciberactivistas en países de habla árabe, chino, hindi y ruso). Con todo, los ciberactivistas tienen ahora un reto muy grande de por medio, cual es que si no quieren ser desplazados de la democracia por construir en Egipto (repartición de la torta), por ejemplo, deberán articularse como fuerza política, o dejarse cooptar por los partidos que la construirán según sus preferencias, o mirar desde la esquina o desde sus pantallas lo que vendrá. 
 
Tercero, sin desmerecer el rol jugado por activistas cibernéticos en las caídas de los gobiernos de Túnez y de Egipto, no parece conveniente perder de vista que hay variados factores objetivos y subjetivos a considerar en la explicación de por qué algunos pueblos son exitosos en votar sus gobierno y otros no, antes que atribuir hechos a la tecnología comunicacional en sí misma. En relación a América Latina no recuerdo a nadie tratando de establecer correlaciones entre cibertecnología y la caída del presidente de la Rúa en Argentina (2001) o de los presidentes Abdalá Bucaram (1997) y Jorge Jamil Mahuad (2000) en Ecuador. Quizá la tecnología no estaba tan desarrollada por esos años, pero eso indicaría precisamente que con ella o sin ella cuando los pueblos están sometidos a condiciones de vida económica, social, política y cultural insoportables, los levantamientos pueden suceder y hasta ser exitosos (o fallar); siempre y cuando el oponente en el poder no sea un gatillo fácil, como parece serlo Muammar al-Gaddafi en Libia o la familia real Al-Khalifa en Bahréin, según estamos viendo por estos días.
 
Para terminar, en relación con la explicación de las movilizaciones para desestabilizar gobiernos dictatoriales y corruptos en Medio Oriente o en cualquier otro lugar, la prudencia aconseja no dejarse llevar por el entusiasmo a la hora de atribuir las movilizaciones al trabajo de los ciberactivistas. Hay que hacer un esfuerzo por considerar muchas otras variables. Lo anterior no significa menospreciar el rol de las redes y los activistas cibernéticos (hay que dar crédito a los ciberactivistas en el desarrollo de las movilización actuales en Libia y Bahréin), sino que es una invitación a ponderar los hechos debidamente. En todo caso, es innegable que las redes cibernéticas han pasado a ser un instrumento útil a la sociedad civil, que promete mucho en términos de mejorar la calidad de las democracias en apariencias o en términos de cambiar regímenes autoritarios, totalitarios o monárquicos.
 
(*) José Marimán en Doctor en Ciencia Política
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Comentarios

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enzo-abbagliati

21 de Febrero

Comparto tu análisis, José. Quizá el mejor paralelo que se pueda hacer para poner cuotas de realidad al rol que están jugando las redes sociales en Internet en los levantamientos en el mundo islámiso, es lo ocurrido en 1989 con los regímenes totalitarios de Europa del Este. En aquel entonces no existía Internet tal como la conocemos ahora, pero si existieron un conjunto de condiciones que ahora se repiten: gobiernos altamente represivos; crecientes niveles de descontento social sin eco en las instituciones; y poblaciones con profundas desigualdades socio-económicas, entre otras.

No quiero decir que estemos en presencia de procesos históricos similares (más allá de lo que el efecto dominó en ambos casos pueda hacer parecer), pero si moderar el rol jugado por las redes como gatillador de los levantamientos de las últimas semanas. Twitter, Facebook, los SMS, sin duda parecen haber sido un factor facilitador de la coordinación entre los ciudadanos, pero hacer creer que están siendo los factores determinantes es parte de una ideología aún más peligrosa que la que los regímenes que están cayendo representan: la que nos quiere hacer creer que la tecnología es una elemento liberador de la Humanidad y que se encuentra en la base de afirmaciones que llenan los medios (y las redes) estos días (“Las redes sociales liberaron ………..[poner el país de turno acá]).

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17 de Marzo

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