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En el año de la innovación, una señal de alerta para Chile

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El problema de fondo es que además de ser cara, es mala. Y esto no se reduce a la educación pública: la privada también. Que solo un 3,3% de los chilenos puedan leer críticamente un texto es un dato mayor, al que no se le ha dado la relevancia que tiene. Que solo un 3% de los alumnos tengan aptitudes avanzadas para el uso de tecnologías de la información (TIC) corrobora lo mal preparados que estamos para la Sociedad del Conocimiento. Lo grave es que estamos hablando del talento, el principal recurso del país en la economía del siglo 21 (¡y todavía hay quienes insisten que ese término corresponde al cobre!).

Este año ha sido nominado el año de la innovación por el Gobierno. Acaba de salir publicado el Global Innovation Index 2013 (GII), preparado por la World Intelectual Property Organization (WIPO) en conjunto con el INSEAD y la Universidad Cornell. Y los datos que muestra de nuestro país llaman a preocuparse.

He insistido en numerosas ocasiones que la economía mundial está pasando por un cambio radical, desde una economía basada en recursos tangibles (recursos naturales y financieros) hacia una economía basada en recursos intangibles (talento, creatividad, imaginación). Este cambio histórico afecta especialmente a América Latina, cuyo modelo económico está fundado en el desarrollo de sus recursos naturales. El actual modelo ha traído crecimiento económico, pero no lo ha distribuido entre toda la sociedad. El principal recurso al cual deberán echar mano los países de ahora en adelante es su gente. La economía del presente y del futuro es la Economía del Conocimiento, y los índices sobre Economía del Conocimiento elaborados desde 1995 por el Banco Mundial muestran también que América Latina, incluido Chile, se están quedando atrás. Hay bastante correlación entre dicho índice y el que acaba de ser publicado. Los 4 pilares del índice de Economía del Conocimiento son Régimen Económico, Educación, Innovación y uso de TIC. El Índice Global de Innovación incorpora también esas cuatro dimensiones. Los resultados para 2013 en Innovación ratifican los problemas de fondo que tiene esta Región en general y Chile en concreto de cara a su desarrollo económico futuro.

El actual Gobierno es consciente de ello, y el Presidente ha manifestado en incontables oportunidades que Chile se enfrenta a un desafío de cara a la revolución digital y a la Sociedad del Conocimiento, a la que no puede llegar tarde si quiere entrar en el desarrollo. Se han tomado muchas acciones, pero lamentablemente, lo que muestran porfiadamente los rankings mundiales año tras año es que la velocidad del cambio no es suficiente. Es fácil ver dónde estamos fallando analizando los resultados de este informe. Lo que es preocupante es que no es ninguna novedad, puesto que siempre son los mismos temas donde aparecemos al debe.  Sea el GITR del Foro Económico Mundial, el Knowledge Index del Banco Mundial, o el GII del INSEAD.

El informe de este año dedica un capítulo entero a lo hecho por los países árabes y por Uruguay, que superan a Chile en muchos de los subíndices en los que no hace mucho nuestro país estaba por delante. La lectura de esos dos capítulos debería estimular a nuestros gobiernos y sector privado respecto de las políticas públicas que funcionan y que están llamando la atención de los expertos en innovación a nivel mundial.

El Índice Global de Innovación consta de dos grandes capítulos: “Entradas de Innovación” y “Productos de Innovación”, los que a sus vez se desglosan en 5 componentes para el primero y dos para el segundo. Dichos componentes se desglosan a su vez de varios sub índices y éstos a su vez en otros índices a nivel final.

Chile falla, dentro del primer capítulo, fundamentalmente en uno de los 5 componentes: Educación. ¡Estamos en el lugar 90! La razón está en la calidad, no en la cobertura, puesto que en el sub índice de cobertura universitaria estamos en el puesto 23 (Argentina es 14). El problema está en el ratio de alumnos por profesor, donde somos 97; captación de alumnos de otros países, donde somos 80; gasto público por alumno (78), y gasto total en educación (62).

Estamos poniendo el foco en la gratuidad y en el lucro. Ciertamente el costo de la educación es escandalosamente alto, como señalé en otro artículo. Pero el problema de fondo es que además de ser cara, es mala. Y esto no se reduce a la educación pública: la privada también. Que solo un 3,3% de los chilenos puedan leer críticamente un texto es un dato mayor, al que no se le ha dado la relevancia que tiene. Que solo un 3% de los alumnos tengan aptitudes avanzadas para el uso de tecnologías de la información (TIC) corrobora lo mal preparados que estamos para la Sociedad del Conocimiento. Lo grave es que estamos hablando del talento, el principal recurso del país en la economía del siglo 21 (¡y todavía hay quienes insisten que ese término corresponde al cobre!).

En los restantes 4 componentes estamos medianamente bien, con algunas buenas posiciones en temas como infraestructura TIC (puesto 33), servicios Online de Gobierno (puesto 24) o e-participación (puesto 19). Pero antes con esos rankings éramos los líderes de la Región. Hoy nos supera Colombia en cada uno de ellos (puesto 32, 16 y 11 respectivamente). En inversión en I+D por parte de las empresas privadas estamos en el lugar 23… pero Uruguay saltó al 4° lugar mundial.

Es sin embargo en el capítulo de Productos de Innovación (“Producción basada en Tecnología y Conocimiento”, y “Producción Creativa”) donde nos estamos quedando definitivamente atrás.

Estamos en el lugar 70 en lo referente a “Producción basada en Tecnología y Conocimiento”. Nos superan países como Brasil, Angola, Mozambique y Ghana, y estamos apenas 1 puesto por encima de Zambia. Este lugar tan bajo es producto de estar en el lugar 106 en la difusión de conocimiento (superados por casi todos los países de la Región) y 66 en la producción de conocimiento (Argentina y Brasil nos superan en la Región con el puesto 56 y 59 respectivamente, y además somos los últimos de los países OCDE). ¿Por qué tan bajo ranking en difusión del conocimiento? Esto es debido al puesto 115 en el apartado “exportaciones TIC sobre total de exportaciones del país”. Hubo un tiempo, hace más de 20 años, en que Chile lideraba en exportaciones TIC en América Latina. Hoy está muy por detrás de países como Costa Rica (8), Honduras (15), El Salvador (24) Argentina (27) o Nicaragua (31). Este bajo ranking en desarrollo de productos basados en tecnología y conocimiento explica también el bajo ranking en la creación de puestos de trabajo intensivos en conocimiento, donde tenemos el puesto 52.

En el apartado “Producción Creativa” – el otro de los bloques de output de innovación – estamos en el puesto 47, por debajo de países de la región como Argentina (29), República Dominicana (30), Uruguay (36), Perú (41), Ecuador (42) y Panamá (45). Este índice tiene tres apartados: intangibles (donde estamos 26), creatividad Online (donde estamos 43, superados por Uruguay en el lugar 37), y producción de bienes y servicios creativos, donde aparecemos en el puesto 103. ¿A qué se refiere con “producción creativa? Al porcentaje de exportaciones que tiene que ver con productos culturales y servicios relacionados, según las estadísticas culturales de la UNESCO de 2009 (¿no encontraron datos posteriores?)

Queda claro por lo tanto dónde hay que poner el énfasis. Bajo este informe, Chile no es un país creativo en la producción de bienes y servicios, si bien ésta se circunscribe solo a productos audiovisuales, producción de películas, producción de periodismo, edición de libros y exportación de creatividad. 

Chile no está respondiendo adecuadamente a los desafíos de la Sociedad del Conocimiento. Lo peor del caso es que no es consciente de ello. En 500 años de historia la obsesión por los bienes tangibles es demasiado fuerte, casi genética. 

No creo que Chile esté perdiendo su capacidad innovadora. Pero sí es evidente, a la luz de estas cifras, que la velocidad ya no es suficiente como lo fue en los últimos 30 años. Los demás países van cada vez más rápido. Entienden mejor dónde se están jugando las fichas. Las falencias reportadas una y otra vez respecto de innovación, educación y creatividad en todos los informes sobre innovación, tecnología o Sociedad del Conocimiento debería mover a abandonar la posición autocomplaciente que nos ha caracterizado y cambiarla por una de mayor urgencia en el cambio de ritmo.

Como dijo una vez Mac Arthur “la historia de los grandes fracasos se puede resumir en dos palabras: ‘demasiado tarde'” 


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