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Respeto a los oficios y una solución a la gratuidad en educación

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Hasta el día de hoy no es posible incluir en la cédula de identidad nuestro oficio y eso me hace recordar una vez que, estando de visita en casa de un compatriota en Argentina , su hijo respondió sin ningun empacho ante la clásica pregunta de que quería ser cuando grande, que quería ser Albañil. Le pregunté ¿por que no veterinario a bombero como otros niños? y me dice que quería construir casas como su vecino que vivía al lado del Doctor.

Durante mi infancia tuve la alegría de ver la cédula de identidad de mi padre, era una libretita de color verde y la de mi abuelo azul, creo. En ambas aparecía una foto de ellos y en una de sus pequeñas hojas, algo que siempre me lleno de orgullo,  decía que ambos eran carpinteros. Esto hacia que ellos fueran socialmente reconocidos como obreros, pero con uno de los oficios más nobles de la sociedad y, por ende, respetados y valorados por sus vecinos y la sociedad en su conjunto.

Luego y durante la dictadura militar se cambió esa cédula por una más moderna nos dijeron, y he aquí la trampa muy bien pensada, se podía consignar solo la profesión en tu cédula, avalada por un título universitario.

Como estábamos temerosos de lo que acontecía a nuestro alrededor y de las carencias económicas, no nos dimos cuenta de este pequeñísimo detalle y nadie dijo nada, pues la vida era lo primero que teníamos que conservar.

Este acto era el primero de la destrucción de cualquier sistema público de educación y no pudimos alzar la voz, luego quise entrar al colegio de hotelería y turismo, pues deseaba ser chef, pero fue cerrado y justo ese año se convertía en instituto nacional de capacitación. Vimos nacer INACAP como el instituto más relevante para la educación de los ciudadanos, pero era el segundo gran golpe; el inicio de la educación privada.

Posteriormente  fui a la industrial donde terminé mis estudios en Construcción de Interiores, que es equivalente a  un Carpintero de terminaciones. Fue una elección por propia desición, pues tenía notas suficientes para elegir cualquier otra especialidad.

Hasta el día de hoy no es posible incluir  en la cédula de identidad nuestro oficio y eso me hace recordar una vez que, estando de visita en casa de un compatriota en Argentina , su hijo respondió sin ningun empacho ante la clásica pregunta de que quería ser cuando grande, que quería ser Albañil. Le pregunté ¿por que no veterinario a bombero como otros niños? y  me dice que quería construir casas como su vecino que vivía al lado del Doctor. Este simple acto infantil me hace creer en la crucial importancia de valorar a nuestros trabajadores y que sea posible que nuestros hijos quieran tener oficios como un enfierrador, que sin ellos no es posible la construcción de ningún edificio o puente. O sin el recolector de la basura nuestra urbe seria un asco.

Es un simple acto, el que libraría la creciente presión a la educación superior, pues cuando nos subimos al metro o algún transporte público , los afiches te dicen que si no eres un profesional; eres don nadie y eso es una gran falta de respeto a nuestros trabajadores.

Desde nuestras autoridades políticas se tiene que comprender que este es una de las pequeñas grandes soluciones a los grandes problemas sociales, como la delincuencia, drogadicción y otras, pues un trabajador bien valorado es una familia más feliz que desea y puede encontrar el desarrollo, retornaría la autoestima a nuestros trabajadores y el doctor podrá vivir al lado del albañil al igual que en otras sociedades.

Y si esto se hace realidad, nuestros jóvenes desearán ser obreros calificados; pues sería bien visto y bien remunerado. Esto no tiene que ver con nivelar hacia abajo, como algunos pudieran pensar, pues si hay quienes desean hacer las cosas con las manos y su talento y no todos tienen que ser ingenieros. Pero ¿por qué un carpintero no puede ganar lo mismo que un ingeniero? si para ser carpintero se requiere de tantos años de experiencia como el que tiene un doctor.

¿Si damos la valoración que se merece la enseñanza técnica que impartimos en nuestros liceos, no tendríamos la presión hacia las universidades? y asi los universitutos no tendrian sentido y la industria de estos no tendria sentido y las universidades serian para los que quieren ir a pensar en como construir una mejor sociedad .

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Comentarios

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Andrés Fonseca

12 de junio

Me gusto mucho su ensayo don Marcos. No sé si a Ud. le pasa lo mismo, pero en mi caso, si bien adhiero plenamente con la demanda de educación como derecho social y no como mercancía, sospecho que una parte considerable de los y las que se movilizan exigiendo este derecho lo hacen porque entienden que la única manera de huir de las miseras de la vida es obteniendo un “cartón”. Temo -espero nos equivoquemos- que no hay una mayor sensibilidad o madurez social, ni mayor conciencia sobre los derechos básicos, solo hay consumidores enojados por el alto costo de un servicio que, a mediano plazo, permite abandonar la sencillez, la humildad y la vocación, para encumbrarnos en un buen puesto profesional que nos garantice, siempre individualmente, un mejor pasar económico.
Por otro lado, el mercado laboral se está saturando de profesionales ¿que será de aquellos que, por falta de oferta laboral, no encuentren un puesto afín a sus estudios? En España, incluso antes de la crisis, ya hay estudiantes posgraduados trabajando en empleos precarios. Sin duda la frustración será enorme, porque el sueño del profesional no es, digamos, “sostenible”.

Saludos!

solopol

26 de junio

Me gustó su columna porque siempre he pensado que las artes está más cerca de la artesanía que de la academia, y me parece además que quien no crea que la artesanía es importante es alguien falto de cultura, puede ser una persona inteligente, bien informada y preparada, pero un inculto, es un tema también de sensibilidad. Los carpinteros tienen tanta importancia en la historia que los barcos los han hecho ellos, y requiere todo un conocimiento técnico que ha de conservarse e innovarse constantemente. En suma, creo que una sociedad sin carpinteros y sin artesanos es empobrecida culturalmente, y encuentro totalmente válida su pregunta, ¿por qué un carpintero no puede ganar lo mismo que un ingeniero? ¿O Más? Saludos

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