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Reconstrucción en Chile y Haití: ¿se pueden comparar?

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El día 27 de febrero de 2012 se realizó en París el Seminario “Haïti-ChiliTremblements de terre 2010 Reconstruction 2012? Expériences et réflexions 2 ans après” (Haití-Chile terremotos 2010 reconstrucción 2012? Experiencias y reflexiones 2 años después). Justo después de dos años de los fuertes sismos que golpearon Haití (12 de enero de 2010) y Chile (27 de febrero de 2010). Las consecuencias en ambos casos han sido diferentes, pero siguen vigentes muchos problemas en los dos países aún.

El encuentro fue organizado por AITEC (Asociación Internacional de Técnicos, Expertos e Investigadores con sede en París), HIC (Coalición Internacional del Hábitat, red internacional de derechos al hábitat con presencia en 4 continentes) y el OR UCH (Observatorio de la Reconstrucción de la Universidad de Chile). Tuvo como objetivo compartir las reflexiones sobre los 2 procesos de reconstrucción, centrándose sobre todo en un análisis de los roles de los diferentes actores involucrados en los procesos (Estado, privados, sociedad civil, organismos internacionales, ONGs y movimientos sociales) y  en la importancia de la participación de los habitantes, con un enfoque hacia los derechos vinculados al hábitat (derechos a la vivienda y a la ciudad) en los contextos de desastres socio-naturales.
 
En el seminario intervinieron especialistas, profesionales de ONGs y académicos que han trabajado en ambos procesos. A pesar de que puedan parecer distantes las condiciones de Haití y de Chile, paradójicamente hay muchos puntos en común, y ambas experiencias por el hecho de ser diversas son complementarias para reflexionar sobre los procesos de reconstrucción post desastres. Un resumen de las presentaciones puede ser consultado aquí.
 
A modo de conclusiones se puede decir que los casos de Haití y Chile en tanto que dos procesos de reconstrucción post catástrofes comparten rasgos generales y a la vez se diferencian en varios aspectos. Podemos hacer un ejercicio inicial a partir del rol que han jugado los diferentes actores en ambos procesos.
 
En cuanto a los actores del mundo de las ONGs en el caso de Haití ha sido extremadamente importante su función, dado la casi inexistencia del Estado, pero al mismo tiempo hay un grupo de ellas, así como algunas agencias de cooperación extranjeras, que son duramente criticadas por la sociedad haitiana y por otras ONGs locales, dado que trabajan desde la verticalidad como “expertos” alejados de la realidad y reproduciendo prácticas asistencialistas. En el caso de Chile las ONGs, que tienen un papel mucho menos relevantes que en Haití, han tenido un rol silencioso aunque clave, han llegado donde el Estado no, y especialmente las que ya tenían trabajos previos a nivel local han afrontado el desafío junto a las comunidades. De hecho algunas se han relacionado directa o indirectamente con el Movimiento Nacional por la Reconstrucción Justa, uno de los actores sociales claves a nivel país en el proceso.
 
En cuanto a los actores públicos la gran crítica para el caso de Haití es su casi inexistencia. El Estado haitiano convulso ya antes del terremoto se ha visto sobrepasado por sus protectorados: los Estados Unidos y la triada: ONU+ONGs+MINUSTHA (cuerpo militar). Estos actores externos han dictado la política interna del país, generando una sensación de “invasión” que tiene sus propios intereses y prioridades, las cuales podrían estar alejadas de la realidad haitiana. En el caso chileno los actores públicos han sido fuertemente criticados por sus conflictos de interés, ya que gran parte del nuevo gobierno venía del mundo empresarial, así como por la falta de continuidad de autoridades -al igual que en Haití- y la inexistencia de innovaciones en cuanto a política pública o nueva institucionalidad para afrontar la reconstrucción. A pesar de que el Estado chileno tiene recursos suficientes, existe la sensación de que hay una barrera ideológica que impide que las autoridades asuman un Estado garante de derechos, y frente a eso prefieran reproducir el modelo de Estado subsidiario con el único objetivo de reducirlo, dándole protagonismo al sector privado y no a la sociedad civil.
 
En cuanto a los actores privados y empresas en el caso de Haití no hay una gran presencia de actores privados nacionales en el proceso, sino que sobretodo internacionales, a través del negocio de la reconstrucción que ha beneficiado a empresas norteamericanas. Para el caso de Chile han existido cuestionamientos desde el minuto de la emergencia (sobreprecios de mediaguas, la falsa ayuda humanitaria de Cencosud, el puente mecano, entre otros escándalos)  y luego en el proceso de reconstrucción (denuncia de firma de convenio entre el MINVU y la cámara chilena de la construcción; planes de reconstrucción realizados por empresas con conflictos de interés; expulsión de habitantes de bordes costeros y centros históricos ), se ha cuestionado el rol de los privados y su real compromiso con las localidades afectadas.
 
En cuanto a los actores sociales para el caso de Haití a pesar de que han existido en estos 2 años variadas e importantes manifestaciones, siendo la última el 12 de enero en la conmemoración de los 2 años del terremoto, no hay una organización clara a nivel nacional. En cambio ha comenzado un proceso de autonomización de la sociedad civil del clientelismo de la clase política tradicional, dando espacios más autónomos proclives a procesos de autogestión, con la paradoja de que la gran demanda de los haitianos es la reconstrucción de un Estado de interés público. En el caso chileno los actores sociales han jugado un rol crucial en instalar las demandas y denunciar las falencias del proceso. Han logrado organizarse a nivel nacional en dos movimientos diferentes: el Movimiento Nacional por la Reconstrucción Justa (MNRJ) que ha sido capaz de agrupar a los damnificados de muchas de las localidades afectadas entre Santiago y Talcahuano desde principios de 2011. Por otro lado la Federación Nacional de Pobladores (FENAPO) que nace justo después del terremoto para ir en ayuda directa de los damnificados y que agrupa principalmente a deudores y allegados, pero también a damnificados, con presencia en todo el país. Ambos son movimientos de movimientos, es decir, agrupan a nivel nacional a movimientos con base local.
 
Para los casos de Chile y Haití habría que preguntarse si la tesis de Naomi Klein (2007) sobre que los procesos post-desastres permiten instalar (o incrementar) las políticas neoliberales, así como la propuesta de David Harvey de acumulación por desposesión (2004) y del neoliberalismo contra el derecho a la ciudad (2011) no se están haciendo efectivas en ambos países, y por contraparte debemos examinar como los habitantes son capaces de resistir y plantear alternativas emancipadoras.
 
* Claudio Pulgar forma parte del Observatorio de la Reconstrucción e Instituto de la Vivienda de la Universidad de Chile.
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