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¿Realmente se desintegró la izquierda chilena en la última presidencial?

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Durante las dos semanas posteriores al balotaje presidencial, hemos sido testigos del desfile de analistas y comentaristas de política en los medios de comunicación. Personajes tales como Ascanio Cavallo, Carlos Peña, José Joaquín Brunner y Eugenio Tironi, por solo nombrar algunos, han constatado la caída electoral de la centroizquierda chilena, entendiendo por ésta, la Concertación de Partidos por la Democracia, y su continuadora, la Nueva Mayoría.

En los tópicos tratados por estos analistas, de gran prestigio analítico e intelectual, se reiteran algunos aspectos que podríamos calificar como centrales en la retórica que exponen. En primer lugar, la evidente desconexión del discurso político con la realidad social. Entendiendo por discurso político, la puesta en escena del candidato de la Nueva Mayoría, Alejandro Guillier, que buscó permanentemente rememorar a oradores del calibre del expresidente Salvador Allende. Entonación, lenguaje, aspecto –vestimenta y accesorios- dieron cuenta del estudio y análisis acabado de la figura del ex gobernante. Sin embargo, al parecer, no se tuvo presente que el discurso de las elecciones de 1969, no necesariamente hacía sentido a los electores, transcurridos casi 50 años. Tampoco se consideró la calidad interpretativa del candidato, que en más de alguna  ocasión, se quedó sin respuesta a cuestiones elementales del cargo que deseaba alcanzar.

Un segundo aspecto, dice relación con los cambios que ha experimentado la sociedad chilena. La antigua clase media aspiracional, que ahora se le denomina clase media emergente, para evitar la connotación negativa que involucra el anterior término, habría validado el modelo de desarrollo y cambio en sus condiciones de vida,  que experimentó en los últimos 30 años. Algunos han planteado que hay un deseo de descanso en la vorágine de cambios estructurales de la sociedad, pues ya se ha hecho la mayor parte del esfuerzo y, por tanto, correspondería a las nuevas generaciones –más adelante- configurar su nueva sociedad. También esto se ha representado como una suerte de derechización de la sociedad, la pre eminencia del individualismo por sobre un sociedad más amigable y con relaciones más estrechas y permanentes.

Sin duda que las análisis aportados por los analistas, nos dan una imagen bastante acertada del resultado de las elecciones presidenciales, y lo que estas reflejan como resultado de un proceso que se extingue y otro que se inicia.

El Frente Amplio, probablemente, por acción u omisión facilitó que la Nueva Mayoría terminara de caer por el despeñadero. Sin ser responsable, consolidó una descomposición ideológica evidente. Al desintegrarse la coalición de centro izquierda, es muy probable que la alianza de centro derecha y derecha, tal es el caso de Chile Vamos, tiene campo libre para instalarse en el poder al menos por un par de períodos; sujeto por cierto, a que haga las cosas meridianamente bien.

José Joaquín Brunner planteaba en una entrevista efectuada por Iván Valenzuela en Teletrece Radio que, no está claro qué es ser de izquierda hoy, qué es ser progresista, también no está claro, qué es ser de centro izquierda.

Probablemente, el proceso de reconstrucción de la centro izquierda –al igual que la derecha en los 90- será recorriendo un derrotero de vicisitudes y obstáculos que terminarán por extinguir las cúpulas


Lo que estamos observando, entonces, no es una desintegración de la centroizquierda ni una derechización de la sociedad chilena, en mi opinión; pues eso sería efectuar el análisis desde la mirada de los años 60 y/o 70, incluso la medianía de los 80.

directivas actuales de los partidos; de aquellos partidos que sobrevivan.  Y desde esta perspectiva, es posible sostener que la desconexión del discurso político con la realidad social, no dan cabida a refundar la sociedad. Nunca estuvo en discusión, a la luz de los resultados ya constatados, pues no es una decisión que se tomó el 17 de diciembre pasado, fue una decisión que se comenzó a instaurar –en Chile- con la crisis institucional de 1973 y el posterior término de la Guerra Fría a nivel global. Es decir, estamos hablando de generaciones que nacieron con posterioridad a 1990.

Pareciera ser que el segundo período de la presidenta Bachelet, fue en sí una señal. No fue una discusión del fondo. De lo contrario, cómo se explica la alta popularidad con que terminó su primer período Michelle Bachelet, y la entrega de la banda presidencial a Sebastián Piñera.

En cuanto a los cambios en la sociedad chilena, la consolidación del modelo, o derechización de la sociedad, debido al cambio en las condiciones de vida de los ciudadanos, es probable que exista mucho de eso. Sin embargo, eso solo aplica a las personas mayores de 50 años. El resto, no ha experimentado el cambio radical y traumático de una sociedad provinciana a una  sociedad de carácter global. Los jóvenes de hoy, no poseen las trabas conceptuales e incluso intelectuales que tenemos aún los mayores de 40 o 45 años.

Lo que estamos observando, entonces, no es una desintegración de la centroizquierda ni una derechización de la sociedad chilena, en mi opinión; pues eso sería efectuar el análisis desde la mirada de los años 60 y/o 70, incluso la medianía de los 80.

Simplemente estamos asistiendo al despliegue de una sociedad, de la que no nos habíamos percatado de su existencia, que es la sociedad moderna, que se caracteriza por ser funcionalmente capitalista, en la cual el dinero –cómo unidad de medida- facilita las relaciones sociales, y con esto me refiero a relaciones de todo tipo y ámbito; además, reconoce a los mercados como la “institucionalidad” que regula las relaciones sociales.  (Recomiendo analizar  enfoque de Uwe Schimank en “La sociedad moderna: una sociedad capitalista funcionalmente diferenciada”).

Quizás nos resulte violento lo señalado precedentemente, pero más bien obedece a una constatación de los hechos sociales presentes en el mundo actual. Por ejemplo, cuando hablamos de segregación, hay un facilitador en medio, que es el dinero, el crédito, dinero plástico o quien represente el concepto. Y cuando nos referimos a desintermediación, también a modo de ejemplo, nos referimos a una optimización de los mecanismos mercado.

Así las cosas, no nos debe resultar extraño que los paradigmas de análisis que utilizamos resulten obsoletos. En la sociedad moderna, no existe la derecha o izquierda. No existe, tampoco, la centro izquierda y centro derecha (quizás por esos nos resulta tan complejo de describir).

Sobre el dinero y el mercado, bajo la denominación que se convenga,  que son los constructos humanos facilitadores de las relaciones, se sostiene el énfasis social o individual, de sintonía fina, de detalles, normalidad o normalidad estándar, que cada cual, desee imprimir en su visión de la sociedad.

A través de esta intermediación, por paradojal que parezca, se está desintermediando las relaciones sociales. Así han desaparecido trabajos y oficios, han perdido peso los medios de comunicación, está extinguiéndose la televisión abierta. También, están desapareciendo los partidos políticos, probablemente los representantes políticos –tales como los parlamentarios- en un futuro no muy lejano, las cúpulas de poder, los grupo de elite. Los intermediadores en el comercio, tales como centros comerciales, los mall. Todo se cuestiona, hasta que no existan dudas de su funcionalidad.

A modo de conclusión, y según mi parecer, esto que he desarrollado en los párrafos precedentes es lo que ganó en las elecciones presidenciales; el enfoque de sociedad moderna capitalista funcional. Por lo tanto, el gran perdedor han sido las propuestas políticas clásicas, incluidas las de Chile Vamos, y naturalmente las de la centro izquierda, o izquierda (pues resulta irrelevante esa distinción). Se desintegró tanto la izquierda como la derecha, ahora, todo es una cuestión de funcionalidad…..quizás así fue siempre.

TAGS: #Elecciones2017 #IzquierdaChilena

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Comentarios

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Jose Luis Silva Larrain

06 de enero

Yo tengo otro diagnóstico: despues de lo ocurrido en los ultimos 50 años en la izquirda, con el frustrante fracaso de la Unidad Popular, despues el golpe de estado, despues la instauración de un modelo econòmico tan alejado de los conceptos de la izquierda, para terminar con la caida del muro de Berlin, creo que la ciudadanía consideró por un lado que una descompensación tan estruendosa merecia una especie de revancha, y por otro lado explorar si por un camino alternativo se pueden solucionar “externalidades negativas” que deja la aplicación del modelo. Pero apenas asoma la minima amenaza al bienestar de las personas se descartan todos los romanticismos porque ahora, a diferencia del año 70, la mayoria siente que sí tiene mucho que perder, o al menos lo suficiente como para no seguir arriesgando con el “experimento bolivariano”.

En resumen estoy de acuerdo que no es la “desintegración de la izquierda” la que vivimos, menos un ciclo de “derechización”, sino mas bien una revisión para confirmar que el camino adoptado en las últimas décadas en materia socioeconómica es el correcto, no porque sea bueno sino simplemente porque es lo que hay. Y donde tanto izquierdas como derechas sólo diferencian metices.

Saludos

06 de enero

En gran medida estamos de acuerdo José Luis. En el origen esencial disentimos, aunque al leer tu argumentación me resulta muy razonable. Aunque no sé qué tan presente puedan tener los electores lis últimos 50 años, considerando el tango etario de los electores. S2

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