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¿Por qué aún nos pesa el 11?

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Aún nos pesa el 11 de septiembre de 1973 porque ese año los grupos más poderosos del país alentaron el levantamiento de las Fuerzas Armadas y ocasionaron el desmantelamiento del proyecto de sociedad que los sectores populares de Chile venían construyendo desde hace décadas. Desmantelamiento ocurrido a punta de desapariciones, torturas y asesinatos de no menos de 35 mil compatriotas y el exilio de otros 200 mil más. Acciones cobardes, rastreras y siempre repudiables.

Aún nos pesa el 11 porque, dada la situación en que se encontraba nuestro país, los Chicago Boys y su mentor Milton Friedman vieron en Chile un laboratorio perfecto para experimentar con sus recetas. Porque desde ese momento se produjo el escenario perfecto para la instalación del actual modelo de sociedad: el neoliberalismo. O como sus deudos lo llaman: economía social de mercado.

Aún nos pesa el 11 porque lo anterior significó la instalación de la gran mentira de la libertad individual. Libertad que finalmente refiere nada más que a decisiones económicas, reduciéndonos tan sólo a nuestro rol de consumidores y despojándonos de nuestra conciencia política y valórica.

Aún nos pesa el 11 porque, en nombre de esa supuesta libertad, se reforzó al mercado como el espacio donde se decide todo y se debilitó al Estado, considerado un obstáculo para el emprendimiento de las personas al imponer innecesarias leyes, regulaciones e impuestos que atentaban contra los principios neoliberales.

Aún nos pesa el 11 porque, no bastándoles con lo anterior, privatizaron también nuestros derechos sociales más básicos, transformándolos en bienes de consumo transables en el mercado.

Aún nos pesa el 11 porque con esta intención se vendieron las principales y más lucrativas empresas públicas del país (Iansa, Copec, Soquimich, Enersis y LAN, entre otras) a los mismos empresarios chupamedias de la dictadura. Aún nos pesa porque fueron vendidas a precios tan ridículamente bajos que al final aquello no fue otra cosa que un descarado saqueo. Ahí tenemos el caso de Julio Ponce Lerou (ex-yerno del dictador y presidente de Soquimich bajo su régimen), quien a fines de los ‘80 adquirió la gigante minera a 261,9 millones de dólares menos de su precio real; hoy, Soquimich está avaluada en más de 16 mil millones de dólares y es la principal productora mundial de litio.

Aún nos pesa el 11 porque, no bastándoles con lo anterior, privatizaron también nuestros derechos sociales más básicos, transformándolos en bienes de consumo transables en el mercado; asunto que incentivó el endeudamiento y la competencia con nuestros pares. Sucedió con nuestra salud y con la creación de las Isapres, con nuestra previsión social y la instalación de las AFP y también con nuestra educación y la instauración de un modelo educativo de carácter privado que dejó nuestra enseñanza al arbitrio de sinvergüenzas que abrieron universidades, CFTs e IPs a diestra y siniestra sin ningún tipo de regulación.

Aún nos pesa el 11 porque una vez más se beneficiaron de esto los mismos empresarios que vemos día a día en las noticias. Carlos Alberto ‘Choclo’ Délano, por ejemplo: socio del grupo Penta que controla las Isapres Banmédica, Vida Tres y Penta Vida, la AFP Cuprum, la Clínica Las Condes y, por si fuera poco, es dueño de la inmobiliaria que le arrienda instalaciones a la Universidad del Desarrollo.

El 11 aún nos pesa porque los renovados políticos de la transición son cómplices de la continuación de esta historia al encargarse -tras el triunfo del No y del ansiado retorno a la democracia- de mantener el modelo tal cual les acomoda y sirve a los descarados que están en el poder. Ellos siguieron administrando el mismo sistema, con las mismas ideas, los mismos privilegiados y los mismos desdichados, pese a varias capas de maquillaje con las que intentaron hacernos creer que es mucho lo avanzado.

Aún nos pesa, pues, el 11 de septiembre porque ese día se comenzaron a destruir las bases de un amplio proyecto popular. Porque el Golpe de Estado, la dictadura que le siguió y la supuesta democracia de hoy han significado la instalación forzosa de un modelo de sociedad injusto que perjudica a los que siempre nos llevamos la peor parte: la clase trabajadora. Nuestros abuelas y abuelos, nuestras madres, nuestros padres, vecinas y vecinos, amigas y amigos, nuestras compañeras de pega, nuestros compañeros de estudio.

Sin embargo, y pese a todo lo ocurrido, seguiremos recordando el martes 11 de septiembre de 1973. Lo seguiremos recordando porque nos impide olvidar que, previo a ese día, miles de chilenas y chilenos, históricamente marginados, habían aprendido a caminar juntos con el fin de erradicar la desigualdad de nuestro país. Porque por medio de la organización y de la acción colectiva se había avanzado, poco a poco, en la conquista de mejoras de las condiciones de vida para los más pobres. Porque sabemos que cuando un pueblo se organiza puede avanzar a su favor recuperando lo que por mucho tiempo le quitaron.

Seguiremos recordando el 11 por esto, porque sabemos que muchos empleados, pobladoras, estudiantes, profesores, campesinas y tantos otros fueron capaces de luchar por la construcción y transformación de esta sociedad, dando incluso hasta la vida por esto. Y, por sobretodo, porque nos dan fe de que nosotros -sus hijas, hijos, nietas y nietos- también somos capaces de lograr lo mismo y mucho más.

Seguiremos recordando el 11 de septiembre de 1973 porque a más de cuatro décadas, y pese a todo el terror infundido, pese a todos los desquiciados experimentos vividos, pese a todas las mentiras que nos quisieron hacer creer, pese a todos los chanchullos y perversiones de los empresarios, pese a todo el desamparo en que nos dejaron, aún creemos en nosotros y en el poder que podemos crear. Porque pese a todo, a más de cuatro décadas, el sueño aún existe.

TAGS: Golpe de Estado

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Comentarios

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Juan Pedro

11 de septiembre

Gil. Aún te pesa porque se le dio una patada en la raja al totalitarismo izquierdista. Éramos un país de mierda, pobre y atrasado. Mira hoy.
Eso no más.

Jose Luis Silva Larrain

12 de septiembre

Como que “aún nos pesa”. A mi no me pesa el día que las FFAA se unieron para evitar una guerra civil, no me pesa que con plata del estado o sea de todos los chilenos se hayan dejado de financiar empresas estatales que ahora dan un mejor servicio, mejores empleos a su gente y paga impuestos al estado. No me pesa el sistema de AFP seguido ce imitado en todo el mundo por ser el mas rentable y transparente para el trabajador, no me pesa un sistema que hizo crecer el país a lo que es ahora, con un presupuesto en salud, educación jamás imaginado y haciendo prestaciones sociales que ni se soñaban poder hacer algún día, no me pesa que los sectores de ingresos mas bajos hayan visto crecer sus ingresos como nunca en la historia, etc… etc.. etc…

Si a UD. le pesa, si UD quiere volver a Allende a quien el congreso le rechazo por inviable cosas que se lograron con creces hace décadas gracias al sistema actual, si a UD. le pesa hable por UD. nomás porque a mi no me pesa, todo lo contrario.

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