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Moda social v/s revolución social: Un abismo fácil de caer

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Cuando algo se convierte en “moda”, sobre todo en lo que concierne a cosas que vayan en directa relación con mejorar la vida de las personas, creo que deja de tener esa revolución que deseamos hacer. Porque de esto se trata, pienso, de hacer juntos/as esa revolución humana y no caer en las categorizaciones de “progresismo” barato y sin sustento o que las personas se les valora menos o más que otras por apoyar o no estas causas.

Estos últimos años en Chile y el mundo se han levantado diversas demandas que tienen en común hacer lo posible para intentar traer bienestar a las personas, mejorando su calidad básica de vida de tal forma que cada ser humano logre desarrollarse en plenitud teniendo un pilar social asegurado. Situándome en el país el tema de la educación es uno de los que más ha estado en boga en la opinión pública y política, junto con la imperiosa necesidad de hacer una nueva constitución en base a una asamblea constituyente. Al mismo tiempo, se ha señalado hacer una reforma tributaria que apunte directamente a que las grandes empresas paguen los impuestos correspondientes, de un 20 a un 25% como se hace en países desarrollados y que sustentan al sistema y las transformaciones que parte de la ciudadanía movilizada y consciente está exigiendo a sus representantes en el gobierno de turno.

Lo mismo ocurre con la disputa si se debe legalizar o no la marihuana, el aborto terapéutico y el matrimonio igualitario, entre otras cosas. Yo personalmente soy partidario de todas las cosas que he mencionado hasta ahora, el problema y la reflexión que humildemente planteo, es cuando estas demandas sociales, muy legítimas y de enorme valor por cierto, comienzan a transformarse en una suerte de “moda” dado el contexto en que son formuladas y la gente que dice apoyar estas causas es “progresista”. A tal punto hemos llegado que culturalmente y en el imaginario social se empieza a decir que quienes opinan así o de distinta manera pueden dividirse entre “buenas” y “malas” personas. Pensamiento que a mi juicio es por falta de conocimiento y mediocridad.

Aquí claramente las distintas visiones de mundo, la política al fin y al cabo, son las que chocan. Esto no se da en todas las áreas, pienso que exclusivamente se da con más énfasis en los movimientos de liberación sexual. Y en Chile no es la excepción y sí que está arraigado ese tópico, ha sido parte de los emplazamientos de estas organizaciones a los últimos gobiernos el exigir un matrimonio igualitario o, para comenzar y avanzar hacia ese punto, el Acuerdo de Vida en Pareja (AVP). También estoy de acuerdo con ello, pero me parece que cuando este tipo de aspiraciones humanas se transforman en “tendencia” y el contenido, el fondo y las razones de la misma se empiezan a olvidar o en definitiva ya dejan de existir, carece de sentido esa demanda. No hay que salir a la calle o manifestar nuestras inquietudes favorables hacia eso porque “somos choros/as” y queremos irnos en contra del sistema “porque sí”. Ese tipo de actitudes mengua, pienso, el sentido original de la demanda entendida como un sueño, como un ideal genuino, basado solo en la solidaridad y empatía, cuestiones que siento son muy a-neoliberales, hacia nuestros pares que tanto colectiva como singularmente nos lleve a algo mejor, a una sociedad más inclusiva, plural y democrática.

Ahora bien, lo mismo podría ocurrir con cualquier otra arista que en una primera instancia pretenda brindarle a las personas más derechos sociales sobre sus vidas y que cultural y mentalmente empiecen a existir transformaciones profundas para que pueda ir en esa dirección.  En el fondo, los/as que somos partidarios/as de tener un mundo un tanto mejor y vamos a las marchas y somos parte de miles de gentes que estamos en sintonía unos/as con otros/as para lograr esos cometidos, tenemos que estar al tanto también de sus base y el propósito de la misma. Cuando algo se convierte en “moda”, sobre todo en lo que concierne a cosas que vayan en directa relación con mejorar la vida de las personas, creo que deja de tener esa revolución que deseamos hacer. Porque de esto se trata, pienso, de hacer juntos/as esa revolución humana y no caer en las categorizaciones de “progresismo” barato y sin sustento o que las personas se les valora menos o más que otras por apoyar o no estas causas.

Me parece que el fin de las protestas en general es lograr una resocialización potente de aquellas cosas que el sistema de libre mercado, que todos/as sustentamos en cierta medida y somos responsables de eso, nos ha quitado y por las que vale la pena luchar.

Por ende, pienso que ese es el cuidado que tenemos que tener, que estas demandas y propuestas de una parte de la ciudadanía que pretenden hacer revolucionar nuestras vidas como comunidad y cambiar de paradigma establecido, no caiga en la “moda” ni en la estereotipación social. Hay que tratar que los cánticos y consignas que nos animan en las marchas y luchas tengan un relato verdadero y un significado, que no solo sean palabras que a primera vista parecen súper motivadoras y subversivas, pero en la realidad pueden estar vacías.

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Imagen: Wikimedia Commons

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Comentarios

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jose-luis-silva

18 de marzo

En realidad son progresismo barato (aunque no conosco ninguno de mucho valor en realidad). Le da mucha importancia a las manifestaciones callejeras. Son modas, provocan un par de pequeños cambios y muchos, muchos discursos condescendientes en los políticos. Nada mas. No tienen mucho peso real en las autoridades y mucho menos en los mismos manifestantes: Ellos hacen todo un show para influir en cambios nacionales y cuando pueden realmente hacerlo… ¡¡¡ ni siquiera votan!!! o peor: ¡votan por la opción mas conservadora (la concertación) quitándole piso a los candidatos que usaron ese discurso de la calle para figurar !

Todos apoyan con apasionados discursos a la calle, pero en los hechos nadie, ni ellos mismos dan peso a sus propuestas. Solo usted.

Saludos

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