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Los falsos rebeldes y el derecho a tratar mal al indefenso

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En redes sociales, así como en la prensa y en la cotidianeidad, ha resurgido un movimiento en pro de la libertad de expresión. Del derecho a manifestar lo que a uno le plazca sin más límite que la voluntad personal.

Ahí está Jair Bolsonaro reivindicando su derecho golpear a homosexuales, la UDI protegiendo al diputado Ignacio Urrutia luego de denigrar a víctimas de la tortura, y hombres y mujeres defendiendo una supuesta facultad para calificar a quien sea de mongólico, roto, indio o gangoso, decir que el mejor comunista es el comunista muerto o que los judíos estuvieron bien quemados por los nazis. Y que el bullying es un invento de sociedades pusilánimes y sin posibilidades de sobrevivir en un selvático mundo exclusivamente competitivo.


Son estos los falsos rebeldes. Quienes, a través de un discurso populista, nos quieren hacer creer que el derecho a tratar mal al indefenso, al distinto, a agredir al que no nos puede responder, es un acto libertario al cual no podemos renunciar.

Alegando, muchos, que hoy estamos en la dictadura de lo políticamente correcto y que ellos (y ellas) son perseguidos por decir las cosas como son y sin pelos en la lengua. Llegados a este punto, infructuoso es intentar explicar que en realidad nadie es cuestionado por decir las cosas “como son” (frase que conlleva la arrogancia de sentirse poseedor de una verdad raramente asible) sino por decirlas “como cree que son” y los efectos de esto en los demás.

Es extraño este reclamo aparentemente librepensador.

Porque este renacer libertario, paradójicamente, es impulsado por muchos de quienes aún añoran, bajo otras circunstancias, el atropello de las libertades ajenas incluso a través de la violencia. Pinochetistas muchos de ellos. El autoritarismo vestido de horizontalidad.

Hace mucho tiempo escuché una frase que aún recuerdo y comparto, en gran medida. Es la crítica a los altaneros ante los indefensos, serviles ante los poderosos. Aquellas personas que en circunstancias de ventaja se sienten cómodas haciendo saber su posición a quienes están en situación desmejorada. Y, al contrario, se muestran humildes cuando tienen las de perder.

Son estos los falsos rebeldes. Quienes, a través de un discurso populista, nos quieren hacer creer que el derecho a tratar mal al indefenso, al distinto, a agredir al que no nos puede responder, es un acto libertario al cual no podemos renunciar.

Una gran amiga, mi compañera en realidad, me dijo alguna vez que la compasión es un sentimiento admirable, hermanado con el amor con escasas condiciones. Estado al que acceden solo seres extra-ordinarios. Aquellos que entienden que odiar no es una aspiración loable bajo la cual construir una sociedad. Y que maltratar sin cortapisa no ha sido, es ni será un legítimo ejercicio de la libertad.

Desde que el ser humano tomó conciencia de su convivir ha entendido que esto implica derechos y deberes. Los semáforos no son un invento totalitario colectivista, así como tampoco las regulaciones que prohíben vender alcohol a menores de edad (en muchas provincias de Canadá, por ejemplo, es prerrogativa del Estado su expendio), a los kioscos comercializar tabaco cerca de establecimientos educacionales y mostrar cuerpos desnudos de niños y niñas con fines eróticos o sexuales.

La libertad individual es importante, pero ella nunca, en ninguna sociedad, ha sido ni puede ser total. Eso es simplemente la dictadura del egoísmo, el extremo opuesto de la dictadura del colectivo. Y en esto quizás estemos de acuerdo, ninguna dictadura es sana normal ni natural.

TAGS: #LibertadDeExpresión Respeto

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Comentarios

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19 de Enero

Estimado, me parece que hay consenso en que las libertades no puede ser ni totales ni absolutas en una sociedad, existen los derechos de los otros, es muy cierto, es bastante comprensible además que deben existir reglas, manera de comportarse y dar respeto al resto, dicho eso, ¿donde se colocan los límites?, ¿donde se pasa a la sociedad del silencio?, ¿donde se comienza a temer al “aparato” por lo que se dice?. Los totalitarismos, tanto de derechas como de izquierdas al silenciar la lengua y la pluma, lamentablemente aniquilan las personas, y el comienzo son las leyes mordaza.

Jose Luis

21 de Enero

Nose si sea buen síntoma tener que depender cada vez mas de caricaturas para justificar una postura Patricio. Urrutia representa un sector ciudadano que piensa distinto ¿porque no respetas eso?. Todos tenemos faimiliares, conocidos o conocidos homosexuales pero diferimos en como encarar mejor el asunto, eso es todo, nadie pretende atropellar a nadie. ¿porque esa prepotencia? Hablas como un dueño de la verdad y el argumento para serlo son caritacturas, en lugar de argumentos. ¿quien es el altanero? ¿porque esa arrogancia?.

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