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La trampa que se esconde tras la llamada transversalidad partidista

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Por cierto que nadie estará en desacuerdo con la idea de llegar a acuerdos, consensos o grandes pactos nacionales. Siempre y cuando a esa mesa de conversación estén convocadas todas las miradas, incluso las que cuestionan la comodidad en que se quieren seguir sintiendo los que hasta el día de hoy han manejado el país.

Varios son los estudios a cargo de autodesignados equipos transversales que se han publicado en el último tiempo con el fin de mostrar miradas “objetivas” y donde técnicos provenientes de “mundos divergentes” llegan a conclusiones similares.  Esto, con el fin de ir sembrando el camino de lo público con verdades sobre las cuales una mayoría estaría de acuerdo. Y así dejar a quienes no lo están como una simple minoría que no representa a nadie. O a casi nadie.

Uno de éstos fue el que encargó la Confederación de la Producción y el Comercio y que ha sido muy profusamente difundido por El Mercurio, medio que tanto en su primera como en su segunda versión no se ha contenido en bautizar como vástago de un “grupo transversal de expertos”.  Alude así a la autoría de Sebastián Bernstein (director de la Comisión Nacional de Energía de Augusto Pinochet), Alejandro Jadresic (ministro de la Comisión Nacional de Energía de Eduardo Frei Ruiz-Tagle), Marcelo Tokman (ex ministro de Energía de Michelle Bachelet) y el consultor Gabriel Bitrán.  Una de las principales conclusiones de este estudio sería que “sin centrales de Aysén, costo eléctrico se duplicará a 2030”.

Otro fue el que impulsó el empresario minero Andrónico Luksic, “95 propuestas para un Chile mejor”.  A decir de uno de sus coordinadores, Klaus Schmidt-Hebbel, la gracia de éste fue “reunir un grupo transversal de personas, con la tarea de identificar los retos de Chile y desarrollar propuestas para enfrentar estos retos”. Y en el ámbito de la energía, como propuesta 25,  “declarar de modo inequívoco el carácter estratégico de la gran hidroelectricidad del sur coinvirtiendo en la línea de transmisión”.

En esto dos emblemáticos documentos, es patente que la transversalidad de la que se habla no es tal.  En su mayoría quienes participan no representan, necesariamente, la diversidad de miradas que existen hoy en la sociedad chilena. Más aún, todo ellos forman parte de una élite que se siente muy cómoda con el modelo social y económico vigente, y si plantean algunas propuestas son, esencialmente, dentro del actual cuestionado paradigma. Donde son innovadores es en lo valórico y moral, quizás algo en lo social, pero en lo económico ni por las tapas. El modelo no se toca.

Normalmente se recurre a la transversalidad política partidaria tradicional, esa que hoy ostenta la hegemonía del Congreso, para dar la imagen de diversidad de pensamientos.  Ya está más que explicado (mediante diversos estudios) y demostrado (por la desafección política y la abstención electoral) que nuestro Parlamento no es precisamente sinónimo de pluralidad. Creo que no es necesario ahondar en aquello.

Es así que el esquema cae por su propio peso cuando se escudriña en las miradas de fondo que sustentan la gran mayoría de sus participantes. Más y mejor modelo, no cambio del actual.

Similar ocurre cuando desde distintos sectores que se han visto sobrepasados por la activa movilización ciudadana (sea en las redes sociales, en las calles o en los tribunales) alzan la voz, ahora que sus negocios están en riesgo, para pedir, clamar, por un consenso político y social nacional. Así lo han hecho los ejecutivos de Endesa, del grupo Matte y, últimamente, de la Sociedad de Fomento Fabril, con su mediático, un poco amenazante e hiperventilado presidente, Hermann von  Mühlenbrock: “El país ha logrado grandes acuerdos y creo que también debería alcanzar uno en esta materia, aunque tenga costos políticos para algunos”.

Por cierto que nadie estará en desacuerdo con la idea de llegar a acuerdos, consensos o grandes pactos nacionales. Siempre y cuando a esa mesa de conversación estén convocadas todas las miradas, incluso las que cuestionan la comodidad en que se quieren seguir sintiendo los que hasta el día de hoy han manejado el país.

De no ocurrir aquello, cualquier decisión que se adopte no será aceptada por la ciudadanía. Esa ciudadanía que en las calles, en los tribunales y en las redes sociales ha dejado más que claro que, a veces, la transversalidad de la élite no es más que una puesta en escena comunicacional que sólo sirve para eso, para dar luces de diversidad, pero que no garantiza la estabilidad.

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Foto: 95propuestas.cl

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