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La democracia, la humanización y Luis Pacheco Pastene: La pérdida de una mente brillante

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Hace una semana, el pasado domingo 13 de diciembre, falleció el destacado historiador y politólogo Luis Pacheco Pastene. Sin duda una perdida para su familia y amigos, pero también para generaciones de estudiantes de Historia y Ciencia Política que fueron formados por él. Ciertamente, también una profunda pérdida de una mente brillante para la academia y la ciencia social nacional.


Su excelencia como profesor y maestro, venía por el reflejo de sus altos valores morales. Él señalaba que uno no puede ser un buen politólogo o historiador sin ser una buena persona

Al enterarse de su deceso, muchos de sus ex estudiantes destacaron su excelencia como docente y como persona, así como la importancia que tuvo en sus carreras académicas y profesionales. Sin duda, Luis Pacheco era un profesor con vocación por la enseñanza. Hasta sus últimos días seguía señalando que daría un par de cursos más y se iba a jubilar. Me decía que podíamos hacerlos juntos, porque ya estaba un poco cansado.

Su excelencia como profesor y maestro, venía por el reflejo de sus altos valores morales. Él señalaba que uno no puede ser un buen politólogo o historiador sin ser una buena persona. De hecho, una de las cosas que inculcó a través de la práctica cotidiana fue la humildad, amable con todo el mundo, a muchos de sus estudiantes y conocidos los llamaba simplemente “amigo”.

Recuerdo que, siendo su ayudante en la Academia de Humanismo Cristiano, una estudiante de la carrera de ciencia política, al ver el voluminoso llavero que siempre cargaba le preguntó sorprendida: “¿para que tantas llaves profesor?”, a lo que el siempre sonriente le respondió: “porque hay muchas puertas que abrir en la vida”.

Indiscutiblemente el profesor Pacheco tuvo que abrir muchas puertas en su vida. Desde el punto de vista académico se formó en historia en la Universidad Católica de Valparaíso entre fines de los sesenta y comienzos de los años setenta, donde obtuvo el título de profesor de Historia, Geografía y Ciencias Sociales. También ejerció como profesor en su alma mater en sus años iniciales. No muchos saben que también se licencio en filosofía, educación y derecho, aunque nunca obtuvo el título, ni ejerció como abogado. Su interés por el ámbito jurídico venía más por su pasión por la política. El golpe de Estado lo obligó a abrir una primera puerta y partir al exilio en Colombia. Allí cursó sus estudios de doctorado en historia en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, donde posteriormente fue profesor de Historia Social y Política, Epistemología de la Historia y del programa de Magíster en Ciencias Políticas.

Su tesis doctoral sobre el Pensamiento Sociopolítico de los Obispos Chilenos (1962-1973), defendida en 1983 y publicada en 1985 por Editorial Salesiana, debe ser una de las primeras obras de Historia del Tiempo Presente de América Latina. También su capacidad para vincular la historia, la ciencia política y las relaciones internacionales, lo convirtieron en un pionero de los estudios interdisciplinarios. De hecho, fue profesor del Departamento de Historia y del Programa de Estudios Políticos de la Universidad Javeriana. En estos ámbitos abrió puertas más allá de las barreras disciplinares.

Su carrera académica fue brillante, no solo en América Latina, sino a nivel internacional. Fue profesor de la Universidad de Deusto en España y coautor del Volumen X del Manual de Historia de la Iglesia de la prestigiosa editorial Herder. También el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELA) lo reconoció como un experto en ideologías y modelos políticos y por esa razón le encomendó junto con la profesora María Antonieta Huerta, su esposa, realizar el texto “América Latina: Realidad y Perspectivas” (1992). En nuestras últimas conversaciones telefónicas le dije que incluso sus libros estaban en los catálogos de las bibliotecas de Princeton y Stanford[1].

En sus diferentes intentos del volver a Chile estando aún en Dictadura, su aporte al país fue destacado. Otra de las puertas que tuvo que abrir, fue como subdirector del Centro de Investigaciones Socioculturales (CISOC-Bellarmino) y profesor del Instituto Latinoamericano de Estudios Sociales (ILADES) en la Licenciatura de Ciencias del Desarrollo, lo que años después abrió el camino a lo que actualmente es la Universidad Alberto Hurtado, de la cual fue director del Departamento de Ciencias Sociales.

Siempre con su amada esposa, la profesora María Antonieta Huerta, entre los años setenta y noventa, el profesor Pacheco se mantuvo entre Chile y Colombia. Al volver al país definitivamente a comienzos de los años 2000, se incorporó como profesor de la Escuela de Historia de la Universidad Diego Portales, que dirigían Diana Veneros y Aldo Yavar. En la UDP tuve la oportunidad de conocerlo como profesor en los cursos de introducción a la historia, Teoría de la Historia y el Seminario de América.

También en esa época tuvo que abrir una nueva puerta, la fundación de la Escuela de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, la que dirigió entre los años 2006 y 2015, con la ayuda inicial de Pablo Zúñiga, Marek Hoehn, Roberto Mardones, José Orellana y tantos otros. Ahí guió intelectualmente desde sus cátedras de Introducción a la Ciencia Política, Teoría Democrática, Ideas Políticas y Sociales de Chile, Ideas Políticas y Sociales de América Latina, e Inserción Chilena en la región Latinoamericana y el Mundo.

Por mi parte tuve la suerte de conocer a Luis Pacheco en diferentes facetas: como su estudiante, su ayudante y su colaborador. También fue mi maestro, mi jefe y mi amigo. Todos esos años de cercanía, donde llegué a conocerlo por casi dos décadas, me permitieron constatar que el profesor era una persona excepcional tanto intelectual como personalmente. Reconocía la dignidad de la persona humana, jamás lo escuché discriminar a nadie por su género, ideología o preferencia sexual. En esos puntos, era un avanzado a su época. También fue un férreo defensor del estudiantado y de los profesores.

Esa excepcionalidad ética y moral también se condice con su labor académica. Todo el trabajo intelectual de Luis Pacheco estuvo centrado en los conceptos de democracia y humanización, los que se plasmaron muy bien en el ultimo libro escrito junto a su esposa y del cual tuve el privilegio de ser colaborador “Democracia y Humanización en Chile Contemporáneo: Política, Sociedad y Valores”[2]. Posiblemente la propia experiencia de vida del profesor Pacheco, quien tuvo que vivir tiempos convulsos en la historia política de América Latina, le hicieron valorar la democracia como modelo político, pero también como modelo valórico.

Para nadie será una sorpresa sostener que Luis Pacheco era un férreo defensor de la democracia como un sistema de derechos y deberes, porque consideraba que la democracia –no siendo perfecta, pero si perfectible–, era el único modelo político capaz de contribuir a la humanización de las personas. Esa visión quedó plasmada en las diversas columnas de opinión que escribió desde el año 2011 en el contexto del movimiento estudiantil.

En nuestras últimas conversaciones yo le sostenía que el estallido social era la clara muestra de los déficits democráticos de Chile, que no logró un proceso de democratización profunda una vez terminada la transición a la democracia. Pacheco me complementaba diciendo que el fallo era también en la humanización. Ni el sistema político, ni las políticas públicas fueron pensadas en clave humana, no fueron amparadas en valores democráticos, sino bajo criterios puramente mercantiles.

Ciertamente para muchos el profesor Pacheco nos dejó pronto, su labor intelectual quedó inconclusa, indudablemente truncada con la partida también demasiado pronta de la profesora Antonieta. Quedó pendiente su libro sobre Teoría Democrática, otro sobre Teoría de la Historia, el que analizaba la democracia en Chile desde los años noventa y el último que planificábamos sobre el análisis del estallido social.

Al revisar nuevamente sus publicaciones, no me cabe más que sentir orgullo por el legado intelectual que dejó el profesor Pacheco junto a la profesora María Antonieta. En vida siempre me reprochó que no lo tuteara. Siempre lo llame “profesor” y con cariño “maestro”, a veces solo por molestarlo le llamaba “doctor”, que era el epíteto que menos le gustaba de todos. Hoy con pena, pero también con cariño, respeto y orgullo le digo adiós, querido Luis.

[1] Véase: https://catalog.princeton.edu/catalog/SCSB-2658004 y https://searchworks-lb.stanford.edu/view/10532123

[2] https://books.google.cl/books?id=aki_AgAAQBAJ&lpg=PP1&dq=inauthor%3A%22Luis%20Pacheco%20Pastene%22&hl=es&pg=PP1#v=onepage&q&f=false

 

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21 de Diciembre

Hay frases , momentos , conversaciones que marcan el inicio de todo con algunas personas, en Luis debo reconocer que cuando tuve que reemplazarlo como director de escuela , allá por el 2003, me dijo” Pablo , podrás equivocar en los procesos … olvidar más de alguno , pero si actúas conforme a principios cuando se debe ayudar a alguien , nunca te equivocaras; en el ejercicio de un cargo procura hacerlo conforme a los principios, si la institución no los defiende, el problema no es tuyo…
Otra de sus frases, “ recuerda que la experiencia, no se improvisa” un abrazo amigo ….

21 de Diciembre

Hermosas frases Pablo, llenas de sabiduría. Creo que en todos los que lo conocieron dejó una huella imborrable. Yo siempre recuerdo cuando me ayudaba con mi tesis de licenciatura y me dijo que siempre recordará que “lo mejor es enemigo de bueno”. A lo que apuntaba era que el exceso de perfeccionismo es pernicioso. Uno nunca está 100% conforme con lo que escribe, pero hay que soltar los trabajos cuando son buenos y perseguir siempre la excelencia, pero que eso no sea un freno que limite, sino un objetivo para mejorar siempre

Carlos Sanchez S.

21 de Diciembre

Querido Sebastián. Con todo lo escrito sobre el PROFESOR PACHECO, me imagino que tu forma de ser lo recibiste de él. Tuve la suerte de conocerlo en tu casa en reuniones sociales y tengo muy lindos recuerdos de él. Con todo lo que enseño sus conocimientos están repartidos por todo Chile. Tenemos que juntarnos a conversar de su legado, sus libros y especialmente como profesor. En mis años como estudiante de educación básica también tuve un PROFESOR QUE ME MARCO MUCHO MI EDUCACION PARA TODA LA VIDA Y SU NOMBRE ERA GILBERTO BUSTAMANTE HUERTA. UN SALUDO PARA ESTOS 2 MAESTROS QUE MARCARON A GENERACIONES DE ESTUDIANTES EN NUESTRO PAÍS.

21 de Diciembre

Muchas gracias por las palabras. En el camino de la vida, el profesional o el intelectual, todos le debemos algo a algunas personas especiales. Creo que todas las buenas personas, son capaces de reconocer y recordar con cariño a esos maestros. Es muy valioso entregar esos pequeños reconocimientos cuando se puede, para recordarlos y honrarlos.

21 de Diciembre

Las palabras sin lugar a dudas expresan esa característica humana y democrática del profesor Luis Pacheco. Fui su alumno en dos o tres cátedras. Lo recuerdo con cariño y afecto. Cuando me veía en el casino siempre me invitaba al desayuno. Me saludaba con un abrazo fraterno. Una gran persona, un gran profesor.

Es uno de los docentes que ha dejado algo en mi más allá de las clases…como con don Pablo Zúñiga, don José Orellana. Esos detalles son los relevantes.

22 de Diciembre

Estimado Cristopher, muchas gracias por tus palabras. Hay muchos académicos que saben de su ciencia, pero los que dejan huella son justamente esos que, como tú bien señalas, dejan algo más allá de las clases. Esos gestos cotidianos del profesor de saludar a todo el mundo y respetar a todos independiente de su condición, son los que marcaron su vida y su ejemplo.
Me hiciste acordar cuantas veces me invitó a comer, jamás me dejó pagar ni invitarle nada durante años. Solo una de las últimas veces que lo vi en Universidad le invité un café y me dejó pagarlo, así era él.
Un saludo afectuoso para ti

Javier Pacheco

22 de Diciembre

Gracias Sebastián por esta columna que nunca olvidaré. Agradezco que enriquezcas la visión que tengo sobre mi padre. Me quedé sin palabras. Muchas gracias!!

22 de Diciembre

Estimado Javier, para todos los que fuimos más cercanos al profesor Pacheco, su familia también fue conocida para nosotros. Siempre hablaba de la también querida profesora Antonieta, de ti y de Daniel. De su hermana, su cuñado y por supuesto su nieto.
Era un hombre de la academia, pero también un hombre de familia, sin duda en ambos frentes fue excepcional.
Cuando uno tiene padres de la calidad intelectual, moral y humana como los tuyos, sólo queda seguir la senda, yo sé que ustedes tienen inculcadas esas cualidades.
Un abrazo afectuoso y ya nos reuniremos a seguir conversando, descubriendo y recordando a los maestros

24 de Diciembre

El profesor Pacheco Pastene, nos permitió conocer una reflexión aguda cuando de la democracia se refiere. La Democracia Solidaria fue la noción que dejó como perspectiva de análisis, haciéndola interesante para este momento constituyente en el cual la Patria se encuentra.

Uno de los ejes de esta perspectiva analítica, es el sentido de la dignidad humana, por medio de la humanización de la democracia, la cual siempre observó cooptada por las dinámicas mercantiles que el proceso transicional incubó y que desarrolló a niveles, que sólo el Estallido Social evidenció en la profundidad que conocemos. La Geografía de la Multitud, en cuanto expresión territorializada del desencanto evidenciado en el Estallido Social, dialoga linealmente con la misma, en cuanto la primera visibiliza la injusticia y la indignidad, demandando, lo que la noción de Democracia Solidaria propone, esto es, humanización… la dignidad humana.

El hizo carne lo que escribió, siendo su trato deferente, particularmente con aquellos y aquellas que no ejercían funciones docentes o investigativas en la Universidad Academia Humanismo Cristiano, sino que administrativas y auxiliares, un ejemplo palpable de ello. Su devoción por su Sra. Esposa, fue siempre otro aspecto que llenó de contenido su quehacer humano y académico.

Gracias Don Sebastián, por recordarnos a Luis Pacheco Pastene, en los énfasis expuestos.

28 de Diciembre

Estimado José, gracias por sus palabras. También he considerado que los déficit democráticos no resueltos que señalaba el profesor Pacheco, generaron un grado de desigualdad tal que terminaron expresándose en el estallido social. También creo que la democracia solidaria que él conceptualizaba comenzaron a expresarse desde abajo, en las ollas comunes, en las organizaciones vecinales y en tantas otras expresiones que nos dejó el estallido.
Por otra parte, tanto el estallido como la pandemia, nos hicieron evidente que nuestra sociedad y nuestra democracia necesitaban ser humanizadas. Desde nuestras calles a nuestras viviendas, pasando por el transporte público, el sistema laboral y el sistema político, no estaban pensados en clave de desarrollo humano.
Por último, también rescato ese aspecto muy personal del profesor Pacheco, él no solo teorizaba sobre valores, igualdad o democracia, sino que vivía encarnando esos conceptos.

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