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La «contru», un relato con cascos y rostros

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En ese lugar por ejemplo hay dos tipos de empleados; uno «por la casa» (contratados por la constructora) y otros «subcontratos». De los últimos siempre oí pero nunca entendí. Hoy comprendo que el subcontrato no debería ser legal, es un siste

Nada más alejada de la construcción era mi vida y esperaba que nunca tuviera la obligación de tener que pisar una. Pero ese momento llegó y con motivo de mi primera práctica llegué gracias a una cadena de voluntades a la obra donde llevo recién dos meses. Iba lleno de prejuicios y con la misma desagradable sensación que me producían las vulcanizaciones cuando era niño. Pero me recibieron bien, me mostraron todo el circuito constructivo y fui tomando confianza.

El día anterior a ir, debía comprarme mi casco y la verdad nunca supe que el blanco era para constructores o arquitectos y los demás para obreros. Como había una promo, yo me iba a comprar unos verdes, porque todos en mi curso tenían blancos, pero me decidí por el blanco, porque era más seguro que los demás, hasta que supe que el arquitecto debía usar blanco. Al principio me pareció incómodo y tan absurdo como cuando veo médicos con delantal en la calle. No pretendía aparentar ni comunicarle al mundo que estudio arquitectura. Luego le vi el lado práctico y comprendí que cada uno tiene una tarea y con tantas personas trabajando, un casco de color podía ser útil.

Me enfrenté a recorrer un tierral enorme escuchando cómo los maestros piropeaban a mi compañera. La construcción vista como un jefe, suele adjuntar solo factores económicos; productividad, gastos, materiales. Pero eso quise dejárselo a mis informes y no a mis visitas a la obra. Fue así como me propuse lograr aprender la mayoría de los nombres de las personas con las que converso. Así llegué a Juan; quien tiene 15 hermanos, un padre de 85 y una madre de 82. Tiene 6 hijos y gracias a la construcción, todos han podido estudiar en la universidad. Dice estar viejo a los 56, que espera jubilar y que sus hijos le ayuden a pagar sus cuentas cuando sea mayor. Su rostro expresa su cansancio. Me contó que empezó a trabajar en la construcción a los 14, pero que «antes» había trabajado en el campo. Me llamó la atención su larga data laboral, pues trabaja desde los 7. Hoy es uno de los maestros mejor pagados y solicitados de la constructora. Hace poco hubo un error con los colectores de aguas lluvias y le pidieron a él rehacer las cámaras. Es un verdadero artesano. En el otro extremo de la obra trabaja un jornal 4 años menor que yo, se llama Danilo: «Le habría gustado estudiar». Es un obrero que siempre está dispuesto a recibir y realizar las órdenes que le dan. Pese a que soy un poco mayor, insiste en tratarme de usted.

La primera vez que conversamos me preguntó «por qué conversaba con él, si acaso podía hacer eso». Cada vez que paso lo saludo y conversamos mucho. Supuse que su inclinación profesional iría por el cemento y las huinchas, mas no fue así; su sueño es ser profesor de educación física. Cuando lo conocí alenté mucho esa idea, es joven y con este trabajo podría capitalizar, pero es una tarea larga.

Quiero terminar esta práctica sabiendo que Danilo estudiará lo que quiere. Como no soy el jefe, no estoy contratado y cumplo solo algunas horas en la semana, no tengo la responsabilidad de velar por el trabajo contínuo de la gente. De esta construcción me llevo muchas impresiones y de todas siento que debo aprender. Una de ellas y es la que más me llama la atención es que hay una especie de culto a trabajar en silencio. Cuando llegué pensaba que no les gustaba hablar. Hace poco fui a preguntar un asunto técnico a un jornal concretero y terminó mostrándome fotos de su hija, los nombres de su primera hija, sus planes de vida y sus negocios aparte de su trabajo. Con el cien por ciento de las personas con quienes he tratado, ha habido un orgullo y pedagogía para explicar su oficio y para relatarme el paso a paso de su tarea. Cada vez que converso con ellos pienso que hacen catarsis. Y porque en la construcción en general hay factores no del todo positivos. En ese lugar por ejemplo hay dos tipos de empleados; uno «por la casa» (contratados por la constructora) y otros «subcontratos». De los últimos siempre oí pero nunca entendí. Hoy comprendo que el subcontrato no debería ser legal, es un sistema perverso: son mal pagados, sus jefes directos son personas que negocian sus contratos y sus sueldos dependerán de cuánto trabajen, por tanto como su hora vale menos, deben trabajar más y al primer error serán castigados económica y laboralmente.

Me he topado mucho con frases como: «Con Piñera ganábamos el doble» o «La construcción mueve al país» pero desconozco si esas consignas son reales. La construcción es el oficio maltratado de las profesiones que la estudiamos. Y no es que valore más una cosa que la otra, pero en esta sociedad así sucede. ¿Por qué tiene más valor quien la diseña que quien la construye? De quien la construye nadie hablará jamás. Quien la diseña tiene muchos registros y documentos que lo recordarán. Sin ánimo de idealizar a un gremio, creo que hay un capital humano muchas veces olvidado y que merece más consideraciones. Levantarse a las 6, llegar a la obra a las 9, quedar sucio entero, anteponer el dinero por sobre la salud, llegar cansados a sus casas y así toda la semana durante (para muchos) toda la vida, no es tarea fácil. En mi caso, más que aprender cómo hacer un análisis de precio unitario, saber quién gana más que el otro u observar su productividad para concluir que se pierde material, he aprendido que el rudo mundo de los cascos, no es tan rudo y lo sucio que quedan mis zapatos, no se compara con lo rotas que quedan sus manos. Nuestras casas están hechas con manos llenas de historias.

Para cada casa hubo una cuadrilla de obreros cansados. Mi casa está hecha de historias. Antes de ser yo su dueño, hubo doscientas órdenes, cuarenta retos, cinco felicitaciones, tres despidos, mil cien piropos y tantas historias como gente participó. La «contru» no era tan fea después de todo.

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Comentarios

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Ana María

01 de junio

La verdad me siento identificada con este relato es así ai mucho prejuicio con este rubro en la universidad algunos docentes tratan como inferior a obreros es más se acostumbran a decir los viejos uno conoce infinidades de historias, sueños para ellos y su familia yo como profesional constructora estoy muy feliz con lo que hago

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