#Sociedad

La austeridad en retirada

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Vivimos tiempos de hiperconsumismo. La dinámica económica y el énfasis en el crecimiento, para tener y consumir más y más, parecen exigir que en vez de formarnos como personas, interesa que se nos forme como productores y consumidores. La austeridad, el recato, la modestia, el vivir para ser más, para crecer humanamente, parecen quedar relegados a un segundo plano.

En la actualidad el concepto de austeridad ha quedado reducido al ámbito de la acción social por parte del Estado en nombre de la disciplina fiscal. La desigualdad socioeconómica se extiende a la desigualdad en materia de austeridad. Mientras al Estado se le exige austeridad, particularmente en el campo de sus políticas públicas o sociales, por otro lado al interior de este mismo Estado campean los gastos militares a tajo y destajo y/o los fraudes en escalas de difícil dimensión sin que se les ponga atajo. A los de abajo les aprietan los zapatos y a los de arriba se los sueltan.


La austeridad implica no implica renunciar a una buena vida, sino que no caer en la vorágine del consumo. La buena vida, como niños, jóvenes, adultos y adultos mayores, pasa necesariamente por no entrar en el juego al que se nos presiona.

Por el lado privado, lo que está caracterizando a los sectores de altos ingresos es la ostentación antes que la austeridad, y de lo cual dan cuenta las páginas sociales de la prensa escrita y las teleseries en la prensa audiovisual. En Chile, quien fuera presidente, Jorge Alessandri Rodríguez, alias el Paleta, estaría revolcándose en su tumba, o agarrándose la cabeza, si viera el comportamiento de los suyos, la derecha, en el Chile actual. Las ciudades se están partiendo en dos: donde están los de arriba y donde están los de abajo, con patrones de consumo que buscan “igualarlos”, pauteados por una penetrante publicidad que se conjuga con un endeudamiento facilitado por el dinero plástico. Este dinero plástico –las tarjetas de crédito- que nos permite efectuar compras hoy con ingresos futuros no era viable en el pasado. Los créditos se limitaban a compras de alto volumen, tales como la compra de una propiedad, una casa o un departamento.

Por otra parte, la innovación tecnológica hace cada vez más perecederos los productos, invitándosenos a renovar toda clase de productos. Mal que mal el consumo “mueve” la economía, el país, el trabajo. ¿Qué pasaría si hiciéramos un alto en nuestro consumo, lo hiciésemos más pausado, sin endeudarnos mayormente? ¿El país se detendría? ¿La tasa de empleo disminuiría? ¿Las inversiones se retraerían?

La austeridad implica no implica renunciar a una buena vida, sino que no caer en la vorágine del consumo. La buena vida, como niños, jóvenes, adultos y adultos mayores, pasa necesariamente por no entrar en el juego al que se nos presiona.

Para resistir requerimos más que nunca una buena educación, la que nos permita discernir, reflexionar, discriminar, no dejarnos envenenar, ser más personas. Un país con una mala educación lo más probable que su gente sea manipulada por los poderes fácticos que nos rondan.

TAGS: #CiudadanosConsumidores Consumo Estado

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18 de Febrero

El modelo capitalista/neoliberal imperante es macabro, primero: es más importante el capital que el trabajo, es decir, su objetivo principal es dar buenos dividendos a sus accionistas y no sueldos justos a los trabajadores.
Lo otro, una de sus herramientas para que el sistema funciones es el endeudamiento de la ciudadanía y para ello se crean mecanismos para tener los sueldos bajos, como la externalización, utilizar el termino “sueldo de mercado” y la inmigración (ojo, NO significa culpar al inmigrante). Gracias a esto, los gerentes/directores de las empresas, que en los años 80/90 del siglo pasado ganaban unas 40 veces más que el sueldo p/m de su empresa hoy pueden ganar sobre las 400 veces.

Saludos

Jose Luis Silva Larrain

19 de Febrero

Efectivamente no es dificil deducir que el consumo es lo que mantiene la producción y el empleo. Y los recursos del estado provienen tambien de la producción. En ese sentido es un circulo virtuoso, pero claro que implica otros problemas. Lo que pasa es que la gente se niega a aceptar que eso implica menos y peores pegas, y a aceptar que el estado en lugar de poder ayudar o compensar esta baja resulta que se hace aún mas pobre. Hace décadas que insisto en los mismo: A nadie le gusta el sistema, todos rompen vestiduras para que se acabe, pero son solo voladores de luces porque en el momento de los quiubos nadie está dispuesto a arriegar lo que el sistema les dá. Y ahora lo volvimos a comprobar en Bachelet 2.

19 de Febrero

Más que un sistema que eduque, se requiere la noción de diligencia. La diligencia la entiendo como lo contrario a la negligencia. Es decir, hoy por hoy basta ser diliginte buscando conocimiento, para completar una muy mejorada educación.

Sobre la diligencia, se dice que enriquece, tanto en conocimiento, como bienes y relaciones. La negligencia, por tanto, empobrece. Osea, si somos un país de flojos, además de regalones y tramposos, donde pensamos que el sistema nos debe educar, tendremos una educación de baja calidad y eso es lo que hemos conseguido.

Al contrario, si usted incentiva y rifa el mayor porcentaje del Presupuesto de Educación a los mejores alumnos del año, y paga a todos los que mejoren sus resultados significativamente, empaquetando la educación en módulos básicos, medios, avanzados y expertos, y los dispone en internet, medios impresos y presenciales, la educación tendría otro incentivo, uno que enseña que la diligencia paga y premia de forma real, y no convierte a los 12 años básicos en los juegos que describieron “Los Priosioneros” hace ya varias décadas.

Respecto a lo que dice don J.L.S.L., las limitantes que presenta su postura son sesgadas y limitadas por su propia forma de plantear el problema que describe, porque hay otras formas de entender y llevar a cabo cambios importantes en el sistema de forma factible y de manera que no siga los patrones con que la derecha asusta a la población, manipulando canallamente los flujos financieros de la económia.

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