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El problema de la Teletón

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Ha terminado la así llamada fiesta de la Teletón. Como todos los años en que se realiza, genera el debate entre quienes están a favor y quienes estamos en contra. En este último grupo, muchos acusan a la fundación y sobre todo al show de ser una farsa. Sin embargo, los centros de rehabilitación existen, los pacientes efectivamente mejoran sus vidas y los discapacitados han mejorado su imagen y posición entre la ciudadanía. Entonces, ¿dónde está la farsa?


La Teletón es uno más de los paliativos que alarga la enfermedad del sistema económico chileno: la desigualdad.

Con mi muy limitado conocimiento contable, podría apostar que quienes busquen alguna irregularidad en las cuentas probablemente no la encontrarán o que, al menos, no encontrarán nada que no esté conforme a las leyes chilenas. Nada en la Teletón está oculto, al menos nada grave. Por el contrario, aquello que nos molesta de la campaña y la fundación está cada año a la vista de todos; el problema que genera la cruzada anual está en las armas que utiliza para lograr su meta: son las armas del consumo.

Las empresas que colaboran ponen una cruz cuasi religiosa en sus productos que dice que quien compra está colaborando con la Teletón, esto es con la nobilísima causa de ayudar a los discapacitados. Estas empresas, sin embargo, forman parte del conglomerado que evita, por ejemplo, que las prestaciones que entregan los centros como los de Teletón estén disponibles para todos y, en general, son los que favorecen un sistema económico que solo les favorece a ellos, es decir, son los artífices de la desigualdad.

Mientras el ciudadano común encuentra redención comprando las marcas de la campaña y depositando en la 24500-03, el empresariado lava sus pecados donando un excedente de utilidades que, de todas formas, descuenta de aquello que debe o debiera pagar en impuestos. Utilidades que aumentó con la mágica cruz rojiblanca. Al mismo tiempo, los rostros de la televisión se validan moralmente como líderes de opinión y sirven a los mismos auspiciadores que han pagado sus sueldos todo el año. Luego, volverán a sus respectivos programas a repetir los clichés de siempre y a generar su cuota de escándalo para mantenerse vigentes.

La Teletón crea la ilusión de que para ser buenos simplemente debemos seguir consumiendo, porque el producto que se compra lleva en sí mismos su propia redención. De esta forma, el sistema completo, el mismo que hace necesaria la caridad teletonesca, se valida, fortalece y continúa creando las condiciones para que los discapacitados deban recurrir a la caridad de la fundación y no puedan exigir lo que necesitan como un derecho protegido por el Estado.

Esta reflexión es particularmente dolorosa cuando se piensa que los beneficiarios de la fundación no tendrían a quién acudir si no existieran los centros, sin embargo, muchos son los discapacitados que no pueden acceder puesto que la fundación no puede cubrir todas las necesidades del país, nunca podrá hacerlo, pues para ello se requeriría una política de Estado que redistribuya efectivamente la riqueza, cosa que los generosos auspiciadores de la Teletón no quieren por ningún motivo, especialmente en Chile, en donde el capitalismo de Chicago se ha mezclado con el complejo de superioridad de una “élite” que todavía cree que la patria debe parecerse a un feudo medieval.

La Teletón es uno más de los paliativos que alarga la enfermedad del sistema económico chileno: la desigualdad. Su rostro generoso la hace todavía más peligrosa, dado que se parece al amo de esclavos que trataba bien a sus esclavos, justificando, de esta forma, aquella antigua enfermedad del hemisferio norte que fue la esclavitud moderna. No queremos amos que nos traten bien, queremos ser libres y vivir en una sociedad más igualitaria y es por eso que no podemos estar de acuerdo con algo así como la Teletón.

TAGS: #Teletón Consumo

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Comentarios

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01 de diciembre

Exactamente, el Show de la Teletón en un fenómeno detestable que pervierte un derecho y lo transforma en un bien de consumo, en una mofa morbosa de las necesidades de integracion y rehabilitacion. Todos valoramos la gran calidad del servicio que otorga la Fundacion Teletón, beneficio al que se accede gracias a la “suerte” de que existe una fundación famosa respaldada por los medios y el sistema mercantilista. A la hora que tu problema de salud no lo cubre la fundacion, mala suerte, de regreso a un sistema de salud pública precario. A ese mismo nivel de excelencia se puede acceder en otros países, cualesquiera sea la dolencia, cuando se entiende que la salud es un derecho de todos y que el estado tiene el deber de garantizar, y que la sociedad tiene la responsabilidad de financiar con impuestos progresivos. Nadie decente puede estar en contra de que los discapacitados reciban la atención, integración y tratamientos que merecen. Lo detestable es conformarse con la excepción, no reconocer estas necesidades como un derecho generalizado, y el espectáculo de mala clase.

Juan Pedro

01 de diciembre

Otro revolucionario “al peo”. De partida ignorante, pues las empresas no reciben certificados de donación para efectos de deducir su base imponible de impuestos.

Además, flojo. A usted le encantaría que “otro” pague las platas necesarias para prestar ayuda a los discapacitados, en tanto no sea usted el que tenga que sfr esa carga impositiva, cierto?? Cuanto paga usted hoy de sus ingresos, 20%, 30%, 40%??? Está dispuesto a pagar más?? Cuanto???

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