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El estallido de Chile

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Leyendo un tuit de un actor conocido, señala que entrevistando a niños en las barricadas le dicen que no quieren que se acaben las protestas porque ahí en la calle se sienten acompañados, que rompen todo porque nada de esto, de lo que entendemos de todos, ha sido de ellos, para ellos. Esos niños del sename, los pobres, los invisibles encapuchados enfrentan a otros pobres y encapuchados pero con uniforme y armas letales para que el resto podamos protestar y ojalá, ganar.

El poder se defiende con brutalidad. Lo ha hecho desde siempre. Antes, fundiendo con plomo a los que discrepan, desapareciendo, torturando y asesinando a discreción y con protección, anuencia o simple dejar hacer, dejar pasar de parte del gobierno. Hoy ocurre lo mismo.


Nuestra cultura y perfil mestizo en Chile siempre ha sido construido desde la carencia y la persecución desde la élite de turno

El estallido del hombre cansado, avasallado por la época sin tiempo en la que vivimos, la furia en la calle de soltar lo reprimido y domesticado por sistemas de encierro como la educación y el trabajo es, por una parte, el reflejo de lo que llamamos la cuenta corta de este fenómeno, la sed y angustia de un sistema económico, social, cultural y ambiental que no logra convivir con la realidad.

Vivir en un modelo económico fracturado con la realidad de las personas genera procesos angustiosos sociales, claro está. Éste, que venimos incubando desde 1975, pudo ser explicado hasta fines de los años ‘90 como el anhelo por el siguiente paso de quienes salieron de la pobreza y entonces estaban listos por ampliar sus exigencias. Las crisis económicas globales y la evidencia de corrupcion contra las seguridades de las personas echaron por tierra esa tesis.

Tal vez, lo que nunca quisimos ni hemos querido traer al debate del análisis social y económico sea la otra parte del relato que explique nuestra situación actual.

Luego de 20 días de persecución, marchas, pedradas, torturas y secuestro, irresponsabilidad política, montajes policiales y desmanes calculados, podría en parte ser explicado por una cuenta más larga que olvidamos traer a nuestra discusión. La historia de nuestra cultura en Chile posee tensiones de clases que vienen desde el proceso de colonización. Este proceso nunca ha terminado y se mantiene ahí fresco y emerge no solo en la habitualidad de las micro conductas sino que hoy, con evidente fuerza en las manifestaciones en Chile, basta ver el surgimiento de banderas mapuche, de barras bravas, decapitacion de monumentos del panteón militar-heroico, ataque a enclaves del poder y de la cohersión y alienación.

Nuestra cultura y perfil mestizo en Chile siempre ha sido construido desde la carencia y la persecución desde la élite de turno, y; desde el mutualismo y el repliegue ante la agresión, como estrategia de subsistencia de nuestro perfil cultural más propio, cómo sobrevivencia. Se saca la mano a penas para tomar lo que se puede del poder y luego se repliega rápidamente. Se reproducen los modelos culturales en enclaves geográficos excluyentes recíprocos: unos, la élite, diseña y exilia de sus territorios a quienes considera entristecen el paisaje, y; otro, el pueblo, genera un desarrollo cultural excluyente de la élite ante dicho exilio.

Este mutuo exilio, uno legal y violento y otro como respuesta a la violencia de la que ha sido víctima, siempre ha estado conflicto. La expresion de ese conflicto ha sido el elemento delincuencial.

No es casualidad que la delincuencia y la seguridad sean la principal preocupación de las personas en Chile. Sin embargo, no hemos podido abordarlo nunca con mediana precisión ni desde la perspectiva del orden (represion y venganza), ni desde una perspectiva psico-social (garantista  y de protección). Hemos abandonado tratar de manera amplia esta problemática tal vez porque representa la tensión cultural que explica y funda nuestra idiosincrasia. La guerra que se vive entre los que tienen y los que no es complaciente con el modelo económico y cultural en el que vive el hombre cansado. La sociedad del rendimiento en la que habitamos (Chul Han), es el paisaje óptimo para el capitalismo rentista que prefiere mantener escaramuzas semi-militares contra los insurgentes de toda especie, antes que enfrentarse a sí mismo revisando los pilares de la desigualdad histórica en nuestro país.

Las manifestaciones de estos días, nuestro estallido, avanza por dos vías no excluyentes, pero que podrían terminar en conflicto si no logramos entender con cierta rapidez nuestro propio fenómeno.

La cuenta corta del estallido de Chile denota problemas crudos de nuestra realidad económica y social. Requiere de soluciones que transformen completamente el sistema y modelo económico, la matriz productiva nacional, el rol del Estado en la economía, la capacidad de las comunidades para tomar decisiones y hacer vinculante sus procesos participativos, la reestructuración del rol del trabajo y su enorme valor frente al capital, la reivindicación del uso y aprovechamiento de los recursos y protecciones para el pueblo como el agua, servicios, vivienda, educación y pensiones. Todo esto recae efectivamente en abrir un proceso de asamblea constituyente. El estallido de Chile ha creado un momento constituyente y solo pide las reglas del juego claras para construir el acuerdo social que nos regirá en adelante. Conoce de los tiempos y formas que requerirá. En las calles las personas saben bien que nada es inmediato, pero también saben que nada es dilatable por siempre.

La cuenta larga, más compleja, dependerá de lo que requeríamos más arriba. Sin embargo, también y en gran medida, necesitará enfrentarnos con nuestra/a cultura/s, idiosincracia/s, con el pueblo profundo que habita en nuestro país. Y esto que es a todas luces más lento, requiere comenzar a enfrentarse con rapidez. Porque el poder se defiende de manera brutal, usando, sobre todo ese elemento para hacernos perder una vez más. Que mejor arma para el poder que utilizar a los mismos pobres para que se enfrenten a los pobres. La guerra que desarrolla Carabineros contra el pueblo de Chile es la muestra más evidente de la defensa del poder. Ellos no luchan para proteger a los poderosos, luchan contra el pueblo porque el poderoso le ha convencido que es su deber, que vienen a por ellos, quizás porque en su fuero interno de niño pobre aún persiste parte de ese pueblo que abandonaron proteger porque el rico los mandó, el amo, el hacendado, el patrón, el Gobierno de turno.

El poder, al utilizar a Carabineros contra el pueblo, al dejar hacer a los chalecos amarillos chilenos con sus palos frente a sus casas y locales comerciales, al negar y promover cómo han hecho ambos Ministros del Interior las violaciones a los derechos humanos proveen de suficiente material para sostener la guerra declarada por el Presidente Piñera al pueblo de Chile. Pero esa guerra como todas las que se han impulsado en nuestro territorio, matan pobres.

Para que los niños del SENAME que siguen en las calles, enfrentándose a carabineros, sintiéndose protegidos por el fuego que encienden en las esquinas porque el fuego del hogar que debimos brindarles hace rato les fue negado,  puedan comenzar a ser cobijados por nosotros, su pueblo, debemos hacernos cargo de nuestro propio rostro abandonado. Esta cuenta larga no tiene salida institucional a través del capitalismo, ni la tiene con el modelo de representación actual. La salida debe, necesariamente, construir la institucionalidad que se adapte a la nueva Republica que buscamos.

Esta cuenta larga es urgente de iniciarse y mantenerse firme exigiendo verdad y justicia en los atropellos a los derechos humanos que se han perpetrado en los últimos 30 años y; reparar y reconocer el daño que llevamos ejerciendo hace 300 años en Chile; esta cuenta larga requiere de la inmediata renuncia del Presidente y la responsabilidad política y penal suya y del Gabinete por los atropellos a las personas de estos días; requiere de un proceso de reconfiguración política e institucional, una conversación lenta con el pueblo; confiar en nuestra capacidad mutualista para cuidarnos uno a a otros, sobre todo entre los más pobres; esta cuenta larga requiere de la clausura de Carabineros y la creación de una nueva policía uniformada, ya que hemos visto que es una institución que ni protege ni sirve, sino al poder político y económico, a través de la persecución y tortura anti democrática; esta cuenta larga se inicia con la urgencia de protestar pero también de detenerse y observar que no todos están de acuerdo con las demandas de las mayorías; detenerse y conversar sin miedo a perder en algunos casos, a ser inclusivos y capaces de reconocernos en cada una y entre comunidades, porque en este país debemos dejar de ser invisibles; o cabemos todos, o no cabe ni un solo dios.

TAGS: #AbusoDePoder #EstoPasaEnChile #HistoriaDeChile Descontento Social

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