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El chiste, su relación con el inconsciente y su impacto con lo social

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El sentido del humor es necesario como mecanismo de socialización dentro de un grupo, según el nivel de conocimiento de cada uno de uno de los integrantes; en base a esto, las humoradas pueden variar: se hacen chistes con diferentes variables, provocando la risa o el rechazo de alguno de los asistentes.

Los temas humorísticos varían, inclusive en la cantidad de frases que puede crear el ser humano. Ahora, un chiste tiene un impacto según quien lo dice: no es lo mismo que el chiste sea dicho por una persona en una reunión familiar que por alguien rodeado de periodistas. Un ejemplo de esto sería el “chiste” dicho por un humorista en un festival en el año 2016: “Hace poco como familia cumplimos el deseo de mi abuelo: el ser cremado. Tal vez debimos esperado que muriera”. Si se analiza el discurso emanado, se habla abiertamente de un homicidio en contra de un adulto mayor, conocido y efectuado, además de acordado, por todo el grupo familiar. Luego de este chiste, el humorista fue galardonado y aplaudido por la audiencia. Entonces, es necesario preguntarse cómo puede ser motivo de risa un hecho repetido en la sociedad, en la que muchos adultos mayores son asaltados e incluso este delito termina en deceso.


El humor funciona como válvula de escape para tabúes sociales, como crítica social y genera la consolidación de la pertenencia a un grupo, además de funcionar como defensa contra el miedo y la ansiedad generando incluso un juego intelectual.

Según Avner Ziv en su libro “Personality and Sense of Humor”, del año 1984, el humor funciona como válvula de escape para tabúes sociales, como crítica social y genera la consolidación de la pertenencia a un grupo, además de funcionar como defensa contra el miedo y la ansiedad generando incluso un juego intelectual. También manifiesta una expresión consciente de un hecho escondido en el inconsciente -que genera placer-, esto expuesto por Sigmund Freud en “El chiste y su relación con lo inconsciente”, quien explica que existen tres técnicas que son fuente de generación de placer: los chistes se basan en el sonido de las palabras -este proceso origina una economía del gasto psíquico-, nos muestran algo conocido donde esperamos algo nuevo -extremo placiente- y no nos producen dificultad al placer produciendo un ahorro del gasto psíquico. La tercera fuente es el placer de disparatar, es decir, una persona altamente sexualizada o un psicópata, dirá que su ex pareja es psicópata y va a tender a realizar chistes en base a esta materia, la asociatividad, además de desplazar el trastorno a otro. Una persona agresiva, la expresará a través de sus chistes o su forma de relacionarse con otros porque, según los planteamientos freudianos, la persona sentiría placer y satisfacción al expresarlo -y mucho más si es aceptado o aplaudido además de provocar carcajadas-, pero quien se rie puede que no le guste la situación emanada por el emisor, forzando la risa y cubriéndose la cara demostrando vergüenza, como diría Paul Eckman.

El chiste, al fin y al cabo, muestra la aceptación y el rechazo a una persona y también muestra el poder de esta dentro de un grupo o una comunidad: pone de manifiesto quiénes somos y revela cómo es quien cuenta el chiste.

TAGS: #psicología #psicoanálisis Sociedad

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