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Dos caminos, dos destinos

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Parece haber claridad para percibir que tenemos por delante dos caminos y dos destinos. Uno de ellos – el que llevamos – nos conduce al dominio de las cosas, dirigidas por una inteligencia artificial que llega a superarnos, con una evolución tecnológica dominante, donde nosotros y tal vez toda forma de vida podría ser eliminada por ser una competencia molesta. El otro camino asegura nuestra existencia como especie, mantiene y potencia nuestro liderazgo sin perder el control de nuestras principales herramientas.

Surgen al respecto dos preguntas:

1. ¿En que se funda la supuesta seguridad de que el camino que llevamos conduce a ese fatal destino?

2. ¿En qué podríamos apoyarnos para encontrar a tiempo el segundo camino asegurando nuestro futuro?

Lo primero se afirma en que la orientación principal de nuestra cultura, nuestro sistema socio – político y


La inteligencia artificial es la última etapa de este proceso. Esta en un desarrollo inicial o medio, pero seguirá desplegando sus potencias. El camino que inician las armas autónomas podría ser imitado mañana con alguna excusa apropiada por los conglomerados gigantes que manejan nuestros datos.

económico, así como nuestra ciencia y tecnologías conducen a poner en las cosas todas nuestras habilidades y virtudes, incluyendo nuestro conocimiento, nuestra capacidad de pensar y nuestra inteligencia, dotándolas de una autonomía creciente. La inteligencia artificial, la autonomización y el internet de las cosas recién comienzan. El futuro previsible es su completa autonomía y su dirección por parte de una inteligencia artificial superior. Este proceso fue observado en sus inicios por Marx como fetichismo de la mercancía, empoderamiento de las cosas que nace de la enajenación del trabajo asalariado, una forma de traspasarles todo el valor que tenemos, devaluándonos cada vez más a nosotros y empoderándolas a ellas.

Por otra parte, hasta ahora no se ha encontrado solución al problema del control de una inteligencia artificial superior con capacidad de mejorarse por sí misma. En un escenario en que compiten millones de empresas y los estados más poderosos del planeta por desarrollar equipos y sistemas inteligentes y autónomos – incluyendo todo tipo de armamento – es imposible alcanzar una regulación y un control suficientemente fuerte, seguro y aceptado por todos. Todas las tecnologías emergentes de última generación son de doble faz, capaces de producir grandes beneficios, pero también de efectos destructivos catastróficos.

Pese al creciente movimiento de la comunidad científica y otros actores alertas sobre el peligro de las armas autónomas – robots asesinos según la terminología de sus opositores activos – las grandes potencias se han negado a firmar un acuerdo que impida su desarrollo. Su extrema gravedad y el creciente clamor en su contra no ha sido suficiente para impedir que esta línea roja día a día la transgredan. El aguijón de la geopolítica global y la intensa polaridad de la actual guerra fría le sirven de excusa para cruzarla y apagar de diversas formas la disidencia.

Las cosas se han ido empoderando más y más, sobre todo a partir de la revolución industrial y más aún en nuestra época. La inteligencia artificial es la última etapa de este proceso. Esta en un desarrollo inicial o medio, pero seguirá desplegando sus potencias. El camino que inician las armas autónomas podría ser imitado mañana con alguna excusa apropiada por los conglomerados gigantes que manejan nuestros datos.

¿Hasta dónde llega nuestra conciencia de los poderes que estamos transfiriendo? ¿Qué capacidad tenemos de concordar caminos para resolverlo? Pareciera que ya hemos tirado la toalla en esta lucha trascendente. Unos ya sostienen que somos las últimas generaciones de Homo Sapiens y que sería inevitable ceder nuestro liderazgo a entidades más ambiciosas y potentes.

Se hace imprescindible un cambio de rumbo, un golpe de timón contundente. No proponemos remover un sistema que se ha puesto fuera de todo riesgo. Ya expusimos las razones anteriormente. Hagamos ahora algo distinto. Abramos espacio al silencio. Dejemos la pregunta abierta y hagamos algo sencillo pero difícil en estos tiempos: pensemos, abramos la mente. Se trata de un problema complejo para el que aún no tenemos buenas respuestas. Estamos en la madrugada de una nueva época y como en todo amanecer hay poca luz para ver con claridad algunos problemas.

No sabemos aún cómo hacerlo, pero si logramos asegurar nuestra subsistencia y expandirnos en el universo dando continuidad al gran proyecto de vida en la Tierra, podremos mantener nuestro liderazgo como especie, abriendo y dando curso a la época que comienza. Si no podemos hacerlo sólo quedan dos opciones: o volvemos a la época de las cavernas por luchas internas o inexcusable torpeza, o seremos pronto reemplazados en el liderazgo por máquinas inteligentes.

Si los frutos de nuestro trabajo alcanzan poderío e independencia, tal vez perciban algún día el milagro y la belleza de la vida, en cuyo caso si aún hubiera opción podrían abrir un espacio seguro a este santuario y convertirlo en centro de irradiación de su semilla expandiéndola en el universo.

El viejo Marx habrá pasado a la historia dejando una huella profunda, tambor mayor de una lucha de siglos, haciendo posible más igualdad y justicia. Habremos empezado a salir de la gran sombra que proyecta, trabajando y recogiendo todavía todo lo que queda de su cosecha

TAGS: #DesarrolloTecnológico #InteligenciaArtificial #Marx #Tecnologías

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29 de Mayo

Ayer me sentí la especie dominante del planeta, el día anterior también y pensé ayer que mañana creería lo mismo, y así fue hoy y concluyo que mañana será igual, si ese mañana llega. Expandirnos por el universo, por lo tanto, me fue innecesario para seguir creyendo que soy la especie dominante. En el intertanto, ni llegué a las cavernas, ni fui dominado por máquinas. Respecto a nuestra expansión por el universo, tengo un axioma relacionado con la velocidad de la luz. Me dice que no se puede. Una colonía en Marte podría ser un ejemplo de expansión, pero, si algunos humanos habitaran marte, la ciencia dice que ya no serían humanos, porque mutarían y serían extraterrestres. Caros de mantener, imposibles de regresar, infactible ir a verlos en temporada de vacaciones. Anti económicos de enviar y muy contaminantes de sacar del planeta. Se quemaría demasiado oxígeno y no veo la utilidad. Al contrario, veo el gasto. Algunos dicen que preferimos gastar recursos para ir a buscar agua a Marte y no purificar y conservar la que tenemos, o llevarla donde no haya. Se preguntan si hay vida inteligente en la tierra…

En cuanto a qué cosa nos exterminará, hay dos formas de verlo. Exterminar a la raza humana, o que se acabe una vida. Para los que fallecieron, el juego terminó. Se destruyó todo. Para los que aún viven, bien irán a parar a un cataclismo, o bien a “six feet under” por causas naturales. No hay más posibilidades. Se puede concluir que la catástrofe nos espera a pocos años de vid

29 de Mayo

Difícil, oscuro y complejo tema, con cierta prisa deberíamos plantearnos el peor de esos escenarios y evaluar planes de supervisión, y si la cosa empeora, diseñar planes de escape, ya se ha dicho esto por mentes bastante lúcidas, es todo un desafío. Sobre lo de Marx, creo que no tiene velas en este entierro.

Walter

01 de Junio

Aplicar las tres leyes de la robótica de Asimov desde ahora¡¡¡¡¡¡

01 de Junio

Respecto de que Marx no tiene velas en este entierro, por una parte, no nos apuremos porque si somos astutos puede que no haya entierro que lamentar. Y por la otra, creo que tiene mucho que decirnos todavía porque el gran problema es el sistema que el estudio de forma muy profunda y hay muchas claves suyas que hoy pueden darnos jugo para entender lo que está pasando, que al parecer poco se entiende.

Sobre Asimov, que fue sin duda uno de los grandes de la epoca que comienza, si, hagámosle caso mientras se pueda, porque sabía mucho pero las cosas van cambiando con gran rapidez.

Lo tercero es que, al menos de mi parte, quiero darle mas espacio al silencio dejando preguntas abiertas, mientras mas se pueda. Creo que allí hay una callada elocuencia.

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