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Despenalización del aborto: Asumir una realidad

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Ahora bien, el debate desde sus distintas perspectivas es necesario, sea ética, teológica, médica, social o económicamente, de cualquier naturaleza, es primordial discutirlo ya que el tema afecta a un importante porcentaje de familias y mujeres chilenas.

Parto estas líneas dejando algo claro: me declaro ignorante en temas de salud y medicina reproductiva. Sin embargo, mi mirada ante el debate que ha generado el anuncio del Gobierno de despenalizar el aborto en tres contadas situaciones, se enfoca desde otra perspectiva. Y quiero partir con una pregunta: ¿alguno de nosotros podría estar en desacuerdo con proteger la vida? Tiendo a pensar que no, aunque la experiencia chilena nos dice que tiempo atrás se justificaron atrocidades en las que no es preciso profundizar y que son ampliamente conocidas.

Pero, necesariamente hay que distinguir que la vida por sí misma lleva una condición inherente que debiera ser parámetro de búsqueda para todos: su calidad. Primero, y para poner en contexto, según cifras de organismos de salud pública, en Chile durante el año pasado tuvieron lugar cerca de 17.000 abortos. Si bien no es posible determinar la exactitud de esta cifra (pueden haber muchos más casos soterrados), tampoco es factible diferenciar entre aborto natural y aborto provocado, por lo que toda cifra resulta ser una estimación vaga y carente de rigurosidad.

Casos más, casos menos, ya que tampoco es mi interés argumentar desde la casuística, debemos asumir que la existencia del aborto en Chile es una realidad latente. El que quiera decir lo contrario, está muy equivocado o simplemente no quiere verlo. Basta preguntar a Gendarmería cuántas mujeres hay reclusas por actos de este tipo (creo que la cifra bordea el medio millar). Ahora bien, el debate desde sus distintas perspectivas es necesario, sea ética, teológica, médica, social o económicamente, de cualquier naturaleza, es primordial discutirlo ya que el tema afecta a un importante porcentaje de familias y mujeres chilenas. A mi juicio, el carácter social de esta discusión no es menos relevante y se debe considerar que vivimos en un país marcado por la desigualdad, donde el NSE determina la condición en que aquella persona vulnerada se enfrenta al término anticipado del embarazo.

Y la situación es más o menos así: “si tengo un NSE alto, lo hago en el extranjero (donde está regulado, Chile es de las pocas excepciones a la regla) o pago en una clínica donde previo uso de algunos contactos voy a obtener el servicio que busco”. Por el contrario, “si tengo un NSE bajo, seguramente me terminaré enfrentando a un aborto insalubre y poco seguro o a métodos extremos (cuéntese misotrol, método yuzpe o bomba de pastillas)”. Por favor, no desconozcamos que esto último sucede y tampoco soslayemos el poderoso riesgo al que se enfrentan esas mujeres, algunas poniendo en juego su vida o la posibilidad de volver a procrear en su vida.

Tampoco es justo que se condene a aquella mujer que toma el aborto como la “salida”. Ella no eligió esto por ser la escapatoria fácil, justamente es todo lo contrario y nosotros no estamos en condiciones de dimensionar la realidad que ella vive día a día y que la lleva a tomar tan drástica decisión. Al tomar la medida, ella sabe que esto la va a acompañar de por vida, ¿por qué con tanta liviandad podemos asegurar que toma el camino fácil?

También es injusto que los sectores que se declaran pro vida (como si existiéramos los pro muerte), nos quieran hacer creer que esto es un método anticonceptivo más. ¡Por favor! Sólo hablamos de regular una realidad que se hace presente en muchos hogares chilenos y que es el último paso, cuando todo lo demás ha fallado. No me cabe duda alguna que junto con establecer la despenalización del aborto en estas tres causales, el Estado debe seguir potenciando la educación sexual y la prevención como pasos iniciales.

Se minimiza nuestra inteligencia cuando se busca hacer creer que el aborto pasará a ser lo más natural del mundo y que esto es sólo la puerta de entrada. ¿Quién, en su sano juicio, podría querer voluntariamente sufrir tanto dolor? No olvidemos que seguirán existiendo los preservativos, las pastillas anticonceptivas y la píldora del día después (que por lo demás, se vende a destajo en los sectores más altos de la sociedad chilena).

Yo le pediría a quienes sostienen el debate que se pongan un minuto en el lugar de aquellos padres que esperan un hijo con ansias y sufren la notificación de que el niño morirá “in utero” o a los pocos minutos de vida. ¿De verdad es preciso llevar la procesión por nueve íntegros meses? ¿Nadie piensa en el daño sicológico que sufren esos padres y cómo sus miedos pueden hacerlos prisioneros de un próximo intento? Y por favor les pediría que no mezclemos la fe con este tipo de situaciones. Si ellos desean llevarlo hasta el final producto de sus creencias, están en todo su derecho. ¿Y si no las tienen? ¿Es justo que les esgrimamos razones divinas y de fe para impedirles cortar su sufrimiento? Disculpen, pero a mí me parece que no.

Acá hablamos de libertades individuales y de la autonomía de las personas. Y quiero poner un ejemplo a los detractores de esta medida. Cuando se habla de la reforma educacional, se sostiene que se está considerando que los padres no son capaces de decidir correctamente dónde enviar a sus hijos y por tanto, se solicita que se entregue esa autonomía a los padres. Pues bien, ¿por qué una mujer (de forma independiente o junto a su familia) no puede decir si quiere llevar a término un embarazo inviable, que le causará riesgo a ella misma o que fue producto de una violación? ¿Diremos entonces que no es capaz de tomar su propia decisión? ¿Y bajo qué supuesto sí es capaz de elegir un colegio?

Incluso se ha llegado a plantear que es muy poco probable que una violación genere un embarazo, ya que investigaciones muestran que es más probable que suceda cuando se trata de abusos reiterados. Perdón, pero que ocurra una vez ya es imperdonable, porque el acto de violación es una de las expresiones más deplorables en que pueda incurrir el ser humano. Esa mujer requiere apoyo (programa que existe en la salud pública del país), contención y justicia. Y si finalmente no quiere tener el hijo de aquel despiadado que la violó sin piedad alguna, creo que tiene el justo derecho de decidirlo sin ser sacrificada en la hoguera. ¿Y si se tratara de nuestra pareja, madre, hija, hermana, amiga o conocida?

Espero que este debate se dé con todos los actores y sobre todo que se entregue el espacio a las mujeres para decidir qué es lo que quieren. Basta de que el pensamiento machista se imponga y determine qué es lo que la mujer debe o puede hacer.

Por último, propongo que nos escandalicemos. Sí, hagámoslo, pero hagámoslo por el hambre, por el sueldo mínimo, por los impuestos irrisorios, por la segregación territorial, por la mala educación, son cosas que también están sucediendo, por si no lo han notado.

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