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Cura de mi Pueblo

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Escuchando a Los Huasos Fachos (Quincheros) se me vino toda la nostalgia. Una canción tierna que siempre me gustó, me trae tantos recuerdos positivos y me evoca a tanta gente querida que ha estado conmigo en distintas época: “¡Cura de mi pueblo, cuando yo era un niño me dabas santitos, me hacías cariño!”
Al rato, al analizar la letra, la cuestión empieza a cambiar y siguiendo los tiempos que vivimos ahora me da miedo, más bien me da terror. Recuerdo mi propia experiencia con el Padre Karadima. También estuve en la parroquia del El Bosque. De hecho, vivía al frente y en momentos de confusión siempre me gustó ir a rezarle a la Virgen, el rosario del mes de María. Recuerdo un día en que se me acercó el buen Padrecito y me consultó por qué no me quedaba a su misa, que me había visto y que siempre me iba antes de iniciar la misa en vez de quedarme a escuchar su prédica. De alguna forma me zafé del tema, ya que efectivamente nunca me quedaba a escucharlo: siempre me pareció un poco pomposo. ¡Vaya a saber uno!
Mucho antes, de cabro chico recuerdo que iba a escuchar al cura “choro”, Álvaro González, en la Parroquia Universitaria. Recuerdo que el hombrón andaba en moto y mi hermana mayor alucinaba por él. Como olvidar al buen Padre Memo, hoy relegado como obispo en Calama, un hijo de la tierra con palabra y acción. Cuando nos casábamos con mi mujer él me hablo fuerte y golpeado, en castellano antiguo. Un buen hombre, amigo de sus amigos, hombre de campo.
Después en mi vida adulta he seguido a otro cura “choro”, un tal Felipe Berrios, quien nos llenaba de vida y confianza, quien bajo a Dios a la Tierra  y lo hizo parte de nuestra existencia. ¡Puta que lo echo de menos! Lo veía poco al hombre, pero su palabra era tan verdadera; su prédica era para una gran tribu en la que todos éramos iguales, mismos miedos y mismas esperanzas. Ahora, en su reemplazo esta don Fernando Montes, mas pije y más viejo, similar discurso aunque tal vez más distante pero con una claridad envidiable. Asimismo, por cuestiones de trabajo he conocido al padre Donald O´Keefe, un irlandés bruto con una calidez increíble que me inspira toda confianza, pero después de tantas historias solo una confianza a la distancia.
¿Dónde están hoy los curas choros? ¿Existen?  ¿Que pasó con esa cercanía de los curas de antes? ¿Cómo no recordar al Pocho Puelma, un viejo fresco pero choro? ¿Al Padre Correa, junten miedo cabritos? ¿O al buen Padre Vargas en Nuestra Señora de los Ángeles en El Golf? ¿O al mismo Papa Juan Pablo II, que pese a tener tejado de vidrio por su grosero ocultismo, sigue siendo la gran figura de nuestra Iglesia?
Ya es hora de limpiar la casa y simplificar las cosas. Hay que olvidarse del vejete Medina, que vive en otra época. Ni hablar de Hasbún, que de cura poco y nada. Hay que ayudar al Obispo Ezatti, tuvo partida de caballo inglés pero con esta cuestión de Sor Paula, ya está de burro comerciante. Hay que recordarle que la verdad es una sola y -como diría Felipe- ésta puede doler, pero limpia las heridas y te acerca a la más pura de las felicidades.
¡Aún hay luz patriota, aun cuando con su actuar nuestra Iglesia la apaga día a día!
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