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Crónicas de la Araucanía I: El Problema de la Tierra

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El conflicto en la Araucanía es hoy uno de los temas más complejos y difíciles que existen en nuestro país, y a estas alturas vislumbrar una salida parece imposible. Violencia, odio, racismo, miles de historias de atentados y despojos, y un Estado que se ha lavado las manos por décadas, han marcado a fuego la historia de una región cuyo frustrado desarrollo enfrenta a dos visiones de mundo diametralmente opuestas.

Pero una de las cosas que más me han sorprendido este último tiempo es la absoluta ignorancia de nuestra sociedad respecto al conflicto, lo que ha llevado a que hoy primen visiones extremas, de lado y lado, que no ayudan en nada a comprender el origen del problema y lograr un cierto consenso. Por eso es que, en una serie de columnas sencillas, intentaré humildemente transmitirle a usted algunos conceptos e ideas que le ayudarán a entender mejor qué está pasando hoy en la Araucanía. Nada de lo que yo le diga es algo nuevo: muchos académicos, tanto mapuche como chilenos, han estudiado el problema desde una mirada multifocal y me han abierto los ojos a una realidad mucho más compleja, y surrealista, de lo que usted nunca creería. Tal como yo lo he hecho, lo invito a sentarse, leer y aprender un poco más sobre este conflicto que desgarra no sólo al sur de Chile, sino que ha llevado a cuestionar lo que somos como país y el modelo de desarrollo que queremos construir.


La historia de la tierra en la ocupada Araucanía es la historia de un fracaso anunciado: violencia, racismo, codicia, y por sobre todo un Estado que abandonó a una conflictiva y naciente sociedad

Cuando se habla de este conflicto lo primero que surge es el problema de la tierra. Frases como “los mapuche quieren recuperar las tierras que tenían antes de los españoles”; “los colonos le robaron toda la tierra a los mapuche”; o el ya clásico “¿y qué quieren los indiecitos, que destruyamos Temuco para devolvérselos”?; están en el inconsciente colectivo de los chilenos y no son más que una ínfima parte de los mitos, leyendas y lugares comunes que existen en torno a este tema.

El problema de la tierra en la Araucanía, a partir de la Ocupación por parte del Estado chileno, es de una complejidad inmensa, y no puede ser tratado acá a cabalidad. Por ello, intentaré dar algunas luces para que usted pueda entender mejor qué está pasando y qué buscan los distintos actores del conflicto.

Una de las primeras cosas que debemos tener en consideración es que, para mediados del siglo XIX, el Wallmapu libre abarcaba, a grandes rasgos, desde el río Bío-Bío hasta Valdivia. Lentamente colonos chilenos comenzaron a asentarse espontáneamente en el país mapuche, y algunos historiadores han establecido que familias mapuche vendieron parte de sus tierras, antes de la Ocupación por parte del Estado, a chilenos que se instalaron con sus familias en el Arauco Indómito.

Durante el largo proceso de Ocupación de la Araucanía, que duró entre 1862 y 1883, muchos otros colonos fueron entrando al Wallmapu a medida que las tropas chilenas iban corriendo la línea de la frontera. Como primer antecedente puede usted darse cuenta que, antes de que el Estado formalmente tomara posesión del país mapuche, muchos colonos chilenos se habían ya establecido informalmente en la Araucanía.

El plan de colonización, ideado por Cornelio Saavedra, definió la repartición de las tierras ocupadas, y enajenadas para el Estado, de la siguiente manera: una parte de las tierras iba a ser entregada a colonos europeos, intentando emular la colonización del Llanquihue. Otra parte iba a ser entregada a las comunidades mapuche, las famosas reducciones, legalizadas en Títulos de Merced. Y el resto iba a ser rematado en hijuelas al mejor postor. Por supuesto, y me adelanto, usted podrá ver que este plan fue un verdadero fracaso, y que ha dejado huellas y cicatrices en la sociedad de la Araucanía hasta el día de hoy.

¿Por qué, se preguntará usted? Primero, porque entre el fin de la Ocupación y la división, reparto y venta definitivo de las tierras pasaron más de dos décadas. Tiempo suficiente para que se formara una nueva sociedad en la Araucanía, un verdadero “Far South” criollo donde familias mapuche, colonos extranjeros y chilenos debieron aprender a convivir, muchas veces a la fuerza. Y cuando el Estado quiso hacerse cargo del proceso y regularizar el dominio de la tierra, lo que se llevó a cabo pocas veces tenía que ver con la realidad que se había estructurado en el Wallmapu. Y segundo, porque la famosa Comisión Radicadora se demoró una enormidad en mensurar, dividir y repartir las hijuelas acorde al plan ideado, y en muchos casos hizo una labor deficiente. Esto llevó a que muchas de las tierras entregadas o rematadas en plano ya estuvieran ocupadas o tuvieran dueños, lo que se transformaría en fuente de conflictos hasta nuestros días.

Como segundo antecedente está el reparto que el Estado hizo de las tierras del país mapuche luego de la Ocupación. Y acá usted podrá darse cuenta del verdadero desorden que imperó en aquellos años, lo que ha dificultado hasta el día de hoy la división de la tierra en la Araucanía y ha sido la más relevante fuente de conflictos entre mapuche y colonos.

Primero, para lograr la colonización europea, el Estado dividió la tierra en hijuelas que eran entregadas a diversas familias, proceso que tuvo un quiebre con la Guerra Civil de 1891: el Estado dejó su papel a las nefastas Compañías o Sociedades Explotadoras de Colonización, entes privados formados por personas de mucho dinero, generalmente de Santiago, que solicitaban la concesión de tierras a cambio de hacerse cargo de la venida de colonos. Demás está decir que el proceso fue un desastre, ya que muchas de estas compañías se hicieron con inmensos paños que estaban ya ocupados por familias mapuche u otros colonos chilenos, asentados hace años en aquellas tierras; todo gracias al desorden que existía en el proceso de división del territorio por parte del Estado. Tristemente célebres son la Concesión Silva Rivas en Cunco, que despojó de casi todas las tierras entregadas por el Estado a los mapuche, y la Sociedad del Budi, que colocó a colonos extranjeros en tierras ya cedidas y ocupadas por familias mapuche.

Una buena parte de los colonos europeos llegó de la mano de estas sociedades de colonización a vivir a Chile, y cuyo nivel cultural dejaba bastante que desear. Muchos eran personas que no cumplían ni de cerca el perfil que el Estado buscaba, incluso había presidiarios entre ellos, y varios se hicieron famosos por abusar, asesinar y usurpar tierras a mapuche y colonos empobrecidos. Ilustrativo es el caso de Joaquín Mera en Panguipulli, quien llegó a asesinar a familias mapuche para hacerse con sus tierras. Aquí, con muchos de estos personajes, podemos trazar el origen de la violencia en la Araucanía, que ha dejado su marca en la sociedad de la región.

Pero también muchas familias europeas quedaron a merced de la codicia de estas sociedades inescrupulosas, y sin hablar ni siquiera español y con lo puesto, debieron instalarse en tierras donde ya vivían colonos chilenos o comunidades mapuche hace años. Todo avalado por la ineficiencia de un Estado que, a pocos años de la Ocupación, dejó a la Araucanía a su propia suerte, dando origen a conflictos que duran hasta el día de hoy.

En el caso mapuche, el Estado los redujo a un poco menos de 500 mil hectáreas oficializadas en Títulos de Merced. Estos títulos han sido fuente de tensiones por varias razones, pero una de las principales es que ellos sólo reconocieron el espacio mínimo habitado, es decir, la ruca y algo más, y no las tierras “antiguas” materialmente ocupadas. Para que entienda, es como si a usted lo expropiaran y sólo le dejaran la casa, pero no el jardín, el estacionamiento y otros espacios que también son relevantes para su vida diaria. Por ello, durante el siglo XX muchas familias mapuche recurrieron a la justicia para recuperar las “tierras del cacique antiguo”, proceso que en la mayoría de los casos terminó en fracaso. Uno de los grandes dramas es que, en las reducciones, los mapuche no contaban, y todavía no cuentan, con el espacio suficiente para la ganadería, la gran fuente de su riqueza y economía durante el siglo XIX. Esto llevó al empobrecimiento total del mundo mapuche, y que es tristemente visible en la región hasta el día de hoy. Para que usted sepa, estas tierras “antiguas” son, en gran parte, las que han motivado los reclamos y luchas de muchas comunidades mapuche.

Otro de los problemas que suponen los Títulos de Merced es que hoy en día muy pocos calzan con lo que en realidad les fue entregado a las comunidades. Aunque la ley lo prohibía, y aún lo prohíbe, muchos de ellos se vieron afectados por constantes corridas de cercos, usurpaciones, amenazas, falsas compras, arriendos por 99 años y otras artimañas. Los juzgados de indios están llenos de casos así, y son la causa directa de grandes conflictos por la tierra hoy en día. Y para echarle más leña al fuego, muchas de estas tierras usurpadas hoy están en manos de las forestales, que suman otro foco más de tensión al escenario actual.

Lo increíble, y que a usted seguro le sorprenderá, es que muchos de estos títulos han sido delineados e identificados por diversos estudios, especialmente por la Comisión de Verdad Histórica y Nuevo Trato, presidida por el ex presidente Aylwin. Por tanto, saber qué ha sido robado o qué reclamo de tierras no corresponde hoy es bastante más simple que hace unos años atrás.

Pero por si esto fuera poco, a este despelote antes descrito hay que agregarle el caso de los colonos chilenos, probablemente el más desconocido y uno de los más dramáticos de esta historia. Porque tal como le comenté antes, la Comisión Radicadora se demoró largo tiempo en hijuelar el territorio, y cuando el Estado vendió o entregó tierras muchas veces no sabía que ya estaban ocupadas, de hecho y hace décadas. Aristócratas en Santiago compraron grandes paños de tierra, en un proceso lisa y llanamente trucho, y donde no se reconoció la ocupación que colonos chilenos habían hecho desde hace tiempo atrás.

Y he aquí la ironía, algunos de los episodios de violencia más sangrientos en la Araucanía, a principios del siglo XX, no involucraron a familias mapuche, sino a colonos chilenos pobres, campesinos de la zona central, soldados y artesanos que se instalaron en el antiguo Wallmapu en busca de una vida mejor. Los sucesos de Pellahuén y la cobarde Matanza de Suto, cerca de Loncoche en 1910 y perpetrada por carabineros, son los ejemplos más dramáticos del enfrentamiento entre ricos latifundistas y colonos empobrecidos, y donde el Estado optó por ponerse de lado de los grandes intereses de la aristocracia santiaguina. Si usted quiere trazar el origen del gran latifundio en la Araucanía y causa de múltiples conflictos en la zona, acá lo encuentra. Muchos de esos latifundios fueron entregados a las forestales durante la dictadura, lo que ha agudizado aún más el problema.

Tamaño desastre, ¿cierto? La historia de la tierra en la ocupada Araucanía es la historia de un fracaso anunciado: violencia, racismo, codicia, y por sobre todo un Estado que abandonó a una conflictiva y naciente sociedad a su propia suerte. Un Estado que ha dejado que por más de un siglo los diferentes actores se enfrenten en un conflicto que ha escalado en violencia y radicalidad para ambos lados. Si usted quiere encontrar un gran responsable de lo que hoy ocurre en el sur, con lo recién expuesto usted se habrá dado cuenta que ese nefasto título le cabe sólo a nuestro Estado. Y a más de 100 años, aún no logramos ni siquiera vislumbrar una solución.

TAGS: Conflicto Mapuche Historia Pueblos originarios

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24 de julio

Si luego de cien años … entonces, debe ser una aventura inventar una solución. Coloquémosle el nombre que sea, pero, como teorizar puede sernos útiles, le quiero dejar una teoría que yo veo como solución.

Usted expone que .. el Estado ha tenido balanzas cargadas.

Para que esto no suceda, y se encausen las soluciones, necesitamos una herramienta de análisis que proporcione soluciones factibles, sencillas e innovadoras,

en un ambiente en el que se propicia la recomendación racional,
y no una sesgada por intereses que actúan … en nombre del Estado

y mucho menos una hecha con visiones ideológicamente imposibles.

Esto requiere inventar la herramienta.
Primero, le llamaremos Cámara Ciudadana Digital
y la insertaremos en la Constitución como el medio máximo de decisiones en el país,
cuando se gane el prestigio y no por imposición.

Nadie quiere aquí saltar a la luna a tontas y a locas…

Habida la herramienta descrita por comprensión en operación,
ósea, operando la Cámara Ciudadana

se dictamina plan de ingeniería de métodos
para encontrar las regiones factibles que implican dar vida a la solución.

No olvidemos que aplicar ese plan de ing. de métodos al problema,
consiste en aplicar un mecanismo técnico de análisis que proveerá soluciones.

Adicionalmente, escoger autoridades mapuches en la Araucanía
(Votar por ello, especificar exigencias de calificación, medios de consejería, etc.),
le daría todo un nuevo aire y sentido a lo

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