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Chile, sociedad de consumo y estrés

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Según datos de la  Asociación Chilena de Seguridad, entre enero y octubre de este año las licencias médicas asociadas a enfermedades  profesionales de la salud mental suben, y llegan al 48%. Estas cifras revelan un aumento sostenido desde el 2011, cuando las licencias  por incapacidad laboral representaban el 25% del total. En los últimos 10 años las enfermedades de origen mental han aumentado un 82%.

El presidente del Colegio Médico, Enrique Paris añade que las patologías asociadas a salud mental, van en alza. Lo más importante, según Paris, es estudiar por qué se produce este fenómeno: ¿Están con sobrecarga de trabajo? ¿Están endeudados? ¿No les gusta el trabajo?

Según el sociólogo Zygmunt Bauman, en su libro “La globalización, consecuencias humanas”, entre los mecanismos del mercado que se usan  para aumentar la capacidad de consumo están el que  “jamás se debe dar descanso al consumidor. Hay que mantenerlo despierto y alerta, exponerlo constantemente a nuevas tentaciones para que permanezca en un estado de excitación perpetua; y más aún, de constante suspicacia y de insatisfacción permanente”. La “vida nueva” que nos ha impuesto la globalización nos hace tener la ilusión de que todos podemos alcanzar la felicidad a través del mercado.


Según datos de la Asociación Chilena de Seguridad, entre enero y octubre de este año las licencias médicas asociadas a enfermedades profesionales de la salud mental suben, y llegan al 48%.

Todos queremos ser consumidores, pero no todos están en condiciones de llevar el estilo de vida que idealizan los Mass Media de las metrópolis desarrolladas. En sociedades estratificadas como la chilena, los menos pueden acceder al objeto deseado y la mayoría morirá soñando lo imposible. Las fronteras que dividen a los “súper ricos” y ricos, de la gran masa de asalariados, son cada día más sólidas e impenetrables.

Según el pensador y filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han, los seres humanos hemos optado por ser esclavos de nosotros mismos, explotarnos hasta el colapso. De la coerción externa del pasado hemos optado por la autoexplotación voluntaria del presente: Estamos en la sociedad del rendimiento, estamos en  la sociedad del cansancio.

El escalar en esta sociedad subdesarrollada con ínfulas de moderna, crea seres desconectados unos de otros, manipulados, obsesivos que buscan compulsivamente aferrarse a una forma de vida que los transformará, en algún momento, en consumidores del producto soñado. En esta lucha por sobrevivir al mercado, todos somos enemigos y luchamos por no ser individuos desechados como excedentes del “proceso modernizador” del que, al fin y al cabo, somos meros espectadores.

La modernidad a la chilena -donde todo es negocio- nos trae eventos como los del metro y sus secuelas de inseguridad y miedo; hospitales sin medicamentos y faltos de personal: no hay nada más angustiante para un enfermo no saber si tendrá mañana el medicamento imprescindible  y la atención de un especialista; una educación que impide la movilidad social de nuestros hijos y perpetúa las inequidades; una Constitución que hace más pétrea la conducción oligárquica del país; y una economía que permite los abusos y la acumulación desmedida de unos pocos.

La pobreza que vemos en vastos sectores de nuestra sociedad es humillante y nos tendría que conmover, no para dar limosnas, sino para crear una sociedad donde el bienestar alcance a la mayoría de la población.

Los doctos dicen que el objetivo último de la política económica es que la gente esté satisfecha de la vida, pero los efectos del neoliberalismo consiguen lo contrario.

La  desaceleración económica en Chile podría traer pérdida de puestos de trabajo y penurias. En general, siempre las crisis las pagan no los banqueros y especuladores de todo tipo, sino la gran masa asalariada y las pauperizadas capas medias. El régimen  neoliberal instrumentaliza radicalmente los estados de shock, prestando dinero a través del Fondo Monetario Internacional, y esos créditos los cobra -en palabras del filosofo coreano- en almas humanas.

El resultado siempre será para la sociedad afectada, más desregulación, despidos, flexibilización laboral. En resumen, dice Byung-Chul Han en una entrevista al diario El País de España, “una neoliberalización más dura. Y, al final, estamos todos agotados y deprimidos”.

El pensador coreano dice que hoy debemos enfrentarnos a enfermedades neuronales que se derivan del actual estilo de vida occidental. La explotación a la que el individuo se somete es peor que la presión que la sociedad puede llegar a ejercer sobre él.

Estos fenómenos sociales producto de la globalización y el neoliberalismo económico descritos por los pensadores arriba nombrados, podrían responder, de alguna manera, las preguntas que se hacía el Dr. Enrique Paris al inicio de esta columna.

TAGS: Salud Mental

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@joignaciorc

06 de diciembre

Agregaría que no es el deseo por objetos lo que está bajo el consumismo, si no la mirada del otro, del humano frente a nosotros, el deseo de captar su deseo.

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