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Cambios necesarios para las residencias de #Sename

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La reciente auditoria social realizada a los centros de administración directa de Sename confirma la situación de vulnerabilidad que experimentan miles de niños y niñas dentro de las residencias de protección del Estado. Esta ratificación, sustentada en una serie de indicadores y datos, está acompañada del reconocimiento por parte de la autoridad de las graves falencias presentes en el modelo de atención residencial vigente al día de hoy. Todo indica que mantener esta forma de intervención con los niños y sus familias es insostenible.


Sólo un cambio de paradigma que se traduzca en prácticas claras de cuidado, protección y promoción de los vínculos, a través de nuevos liderazgos técnicos puede ser la vía para forjar medidas que impacten en la experiencia de los niños y las familias

Por décadas nuestro país ha mantenido, con uno que otro retoque, una política pública de atención a la infancia vulnerada basada en un paradigma tutelar. A saber, un modo de intervención social que toma al niño como un objeto que es posible manipular y corregir según los ideales de las instituciones que los acogen bajo su cuidado. Un enfoque que tiende a intervenir separando y aislando al niño de su medio familiar y comunitario, culpabilizando y responsabilizando a la familia de todos sus problemas, sin considerar condiciones históricas, sociales y económicas de precariedad y malestar que inciden directamente en la intimidad del grupo familiar.

Estos centros que funcionan con una lógica carcelaria, como la propia directora nacional del Sename ha señalado en diversas entrevistas, son una consecuencia directa de este paradigma que produce instituciones totales, lugares donde los niños que las habitan experimentan cotidianamente diversas formas de exclusión y estigmatización. Un ejemplo de lo anterior es el alto porcentaje de niños que no asiste al colegio y sufren la cancelación de su matrícula por presentar dificultades conductuales.

Contextos que debiesen ser una alternativa para el cuidado, la protección y la reparación de graves vulneraciones de derechos son escenarios de nuevas formas de vulneración que no sólo afectan a los niños mientras permanecen internados. Sabemos, por diferentes relatos y testimonios, que las heridas y el dolor sufridos por una experiencia de separación e institucionalización dejan huellas difíciles de elaborar durante toda la vida. Por esa razón resulta inconcebible constatar, según la auditoria, que muchos niños no reciben intervenciones durante su permanencia en la residencia.

Los cambios cosméticos que se han implementado históricamente, como el mejoramiento de la infraestructura, ya no logran esconder el malestar y el daño acumulado por un sistema que vulnera en lugar de proteger. Sólo un cambio de paradigma que se traduzca en prácticas claras de cuidado, protección y promoción de los vínculos, a través de nuevos liderazgos técnicos puede ser la vía para forjar medidas que impacten en la experiencia de los niños y las familias que forman parte de un sistema que históricamente ha operado como un reducto de la injusticia social.

La auditoria social tiene el potencial de ser un punto de inflexión en la forma en que se ha gestionado la crisis permanente del Servicio Nacional de Menores, si va de la mano coordinadamente con las propuestas presentadas por la mesa de trabajo para un acuerdo nacional por la infancia. Lo anterior puede ayudar a sentar las bases del nuevo modelo que se ha esbozado en las declaraciones de la directora nacional: el paso de la institución total a un sistema de residencias familiares. Si bien, queda por conocer la especificad de este modelo, el hecho que la autoridad haya cuestionado, sin eufemismos, el sistema residencial vigente, mostrando el fracaso de sus prácticas y el daño que provocan, es una señal que hay que seguir de cerca. Una posible hoja de ruta en esta materia que se plasme en cambios profundos podría considerar los siguientes elementos:

  1. Establecer una cultura del cuidado al interior de los contextos residenciales sin condiciones ni excepciones. Los niños y sus familias deben recibir un trato basado en el respeto y la dignidad en todo momento. Los acontecimientos que han llevado a un niño estar internado ya son suficientemente dolorosos para que el contexto residencial sea fuente de prácticas que operan culpabilizando y castigando. El cuidado debe expresarse también en las prácticas y condiciones laborales de las personas que trabajan al interior de las residencias, principalmente de aquellos que deben velar por el cuidado directo de niños y niñas.
  1. Promover los vínculos afectivos. Los niños que ingresan a contextos residenciales han sufrido una ruptura en su experiencia vital, una discontinuidad muchas veces desgarradora como consecuencia de la medida de protección. Se hace necesario entonces evaluar la pertinencia de las medidas que tienen como consecuencia una separación afectiva, analizando si esa decisión resuelve definitivamente la vulneración o la agrava. Por otro lado, ante una separación se requiere desde el momento que un niño ingresa a una residencia garantizar la disponibilidad de referentes significativos que le permitan construir una nueva experiencia de continuidad y confianza a través de lazos afectivos. Simultáneamente, los vínculos con la familia de origen o aquellos adultos que estén interesados en asumir el cuidado personal del niño, deben ser facilitados y fortalecidos durante la internación. Mantener los vínculos no es un premio o un privilegio como consecuencia de una buena conducta, es un derecho que se debe garantizar para todo niño. Privar a un ser humano de sus vínculos es una de las vulneraciones más graves en estos contextos. En definitiva, los nuevos modelos residenciales deben definir qué tipo de relaciones quieren construir con las familias de origen y la comunidad.
  1. Trabajar desde un enfoque integral al interior de las residencias. Los equipos de los centros tienden por diferentes razones a trabajar de forma fragmentada la intervención de sus casos. Esta división es claramente observable en las dinámicas que se establecen entre el denominado equipo de trato directo y el staff de profesionales. El trabajo de todas las personas que forman parte de la institución es relevante si se considera que el fin último es proteger y cuidar a los niños mientras se resuelve su situación proteccional. El análisis de los casos, los objetivos de la intervención y las diferentes decisiones que se toman sobre la situación del niño y su familia no pueden prescindir de la mirada de todos los involucrados en el proceso. Cuando existe la confianza entre los miembros de un equipo y los espacios para compartir los diferentes puntos de vista sobre el trabajo y rol que cada uno desempeña la intervención se enriquece y se facilita la resolución de diversas situaciones. Este trabajo puede verse favorecido aún más con un acompañamiento técnico permanente a los equipos de parte de profesionales capacitados para realizar dicha tarea.
  1. La revinculación del niño a su familia no se reduce al acto de egreso de la residencia. Este momento del proceso implica siempre una preparación y posterior acompañamiento al grupo familiar en su adaptación al periodo en el que reasume el cuidado del niño o niña. La revinculación familiar es un proceso gradual que requiere, en primer lugar, generar acciones que favorezcan la continuidad de los vínculos familiares mientras el niño se encuentre separado de su familia en un contexto residencial. En segundo lugar, llevar adelante acciones que permitan la preparación para el retorno definitivo a un hogar familiar, siempre que este sea posible y considere el interés superior del niño. La tarea no es sólo generar egresos, sino más bien establecer garantías que permitan que los niños no vuelvan a sufrir una situación de separación.

En un escenario en donde la infancia adopta un rol protagónico pocas veces visto en el ambiente político de nuestro país, emergen condiciones de posibilidad que ofrecen un terreno para impulsar acciones novedosas orientadas a transformar la realidad de miles de niños y niñas. Lo anterior será posible siempre y cuando la apuesta a largo plazo sea intervenir la estructura que sostiene las dificultades del sistema de protección.

TAGS: #InfanciaChile #Sename Estado Protección a la Infancia

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Comentarios

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Mauro

04 de junio

Si los niños decidieran las elecciones serian tratados con dignidad.

Salvador

05 de junio

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