#Sociedad

Añorar la ´antigua normalidad`significa que no hemos aprendido nada

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Aclaremos algunas cosas del COVID-19, a modo informativo hay que reconocer que los científicos avisaron, en octubre del 2007, que por experiencias anteriores y debido al crecimiento poblacional al sur de China y al aumentar, por lo mismo, la demanda de animales salvajes, se daban las condiciones sociales y ambientales para que en algún momento, un virus pudiera superar la barrera entre especies y pasar de animales a humanos, algo que finalmente ocurrió a fines del 2019.

Causas de base

Sabiendo esto, podemos afirmar que el origen del COVID-19 es socioambiental, es decir, resultado de la sobrepoblación, más la destrucción del medio ambiente, más el tráfico y consumo de especies salvajes. O sea, no es culpa del murciélago, ni del pangolín, ni de ningún otro animal silvestre, es sencillamente culpa nuestra. Es por haber construido un mundo globalizado esencialmente depredador, que pone el foco en lo económico. Privilegiando el consumo, el individualismo y desechando el lado humano y principalmente la solidaridad, olvidando que somos animales sociales.


Con lo aprendido hay que construir una sociedad sana, basada en la solidaridad, la ecodependencia e interdependencia, con una democracia inclusiva y sostenible.

Algo que comienza  con modelos educativos que transformaron colegios y universidades en fábricas con eficientes “cadenas de producción”, técnica muy útil para producir autos, pero no para formar personas. Estas cadenas productivas nos entrenan a ser individualistas, competitivos y a preocuparnos solo de nosotros mismos, es decir, a ser egoístas. Nos moldea para ser una pieza más de la maquinaria productiva y consumista y no para ser personas que forman parte de una sociedad.

El COVID-19 mostró que vivimos en una aldea global y destruyó de una plumada la ilusión que existía de estar en un mundo sólido, en términos económicos y sociales y al mismo tiempo, reveló su mayor defecto y son las grandes desigualdades sociales. Resultado que mucha y diría la mayoría de las cosas que consumimos, desde los alimentos, pasando por la ropa y productos de belleza, hasta los tecnológicos, tienen al inicio de sus cadenas de producción (principalmente en la extracción de materias primas), explotación y dolor humano, ejemplo es la esclavitud infantil, siendo este sufrimiento un pilar, no reconocido, de la economía global.

Impacto humano

Para combatir el COVID-19 nos obligan a cumplir cuarentena y entrar en aislamiento y si salimos, nos demanda distanciamiento social, es decir, estamos en un Ayuno Social. Pero, somos animales sociales y sí permanecemos aislados demasiado tiempo, moriremos socialmente y nos pondrá en riesgo de sufrir depresión, algún tipo de adicción u otro tipo de trastorno.

También tiene un lado positivo, y es que pasar un tiempo realmente solo nos hacer reconocer el inmenso valor que significa tener a otro ser humana cerca y no importa si esta está en otra habitación. Es decir, estamos re-descubriendo lo valioso de las relaciones sociales, lo importante que es el compartir con nuestras familias, amigos, compañeros de trabajo y conocidos, ir al gimnasio, etc. Y nos revela que estas actividades son vitales, que están muy por encima del consumismo y no pueden ser reemplazadas con un mensaje de WhatsApp o un contacto vía Instagram o en Facebook, los que pasan a ser simples paliativos.

Al tener que usar obligatoriamente mascarilla y el mantener el distanciamiento social, nos hace entender que el respeto al otro y que la supervivencia es un problema que nos incumbe como humanidad y nos involucra por ser seres sociales. Nos dimos cuenta que para superar la pandemia debemos ser resilentes y fortalecer nuestra capacidad de recuperación positiva ante la adversidad.

En tiempos de cuarentena nos sobra el tiempo para aburrirnos, momentos que podemos aprovechar para reflexionar sobre nuestra existencia y determinar si la vida que llevamos es la que realmente teníamos planeada o si es momento para hacer algún cambio.

Solución

Tenemos que admitir nuestra ecodependencia e incorporar la idea de cuidado, de reciprocidad con los demás seres vivos y hacia la naturaleza y esto a nivel local, nacional y global. Construir economías y estilos de vida que tengan en cuenta esta interdependencia. Aceptar que somos parte de un todo con los otros y con la naturaleza. Al mismo tiempo, las nuevas economías deben impedir que unos pocos se enriquezcan y beneficien con el sufrimiento de otros y con la destrucción del medio ambiente.

Es decir, pasada la pandemia no podemos seguir como si nada hubiera pasado y menos cometer el error de volver a la “antigua normalidad“. Con lo aprendido hay que construir una sociedad sana, basada en la solidaridad, la ecodependencia e interdependencia, con una democracia inclusiva y sostenible.

Aprender que quien tiene ideas políticas diferentes es un rival con quien dialogo y delibero para cimentar una democracia, no es un enemigo al que hay que derrotar y destruir. Es imperioso abandonar las conductas fundamentalistas y de ver todo en forma binaria, actitud que nos impide sentarnos a conversar y menos construir acuerdos.

Conclusión

Seamos optimistas, pensemos que saldrá algo positivo de esta pandemia, que va a detonar un proceso transformatorio que nos permita reconocer que somos seres sociales y formamos parte de un todo con la Naturaleza. Y aflore una ciudadanía madura, motivada, activa y al mismo tiempo solidaria y preocupada por el bienestar de los otros y el cuidado del medio ambiente.

Un proceso que tiene que ir acompañado con el desarrollo de modelos educativos que formen personas con valores y tengan presente estos principios, para dejar de producir, como hasta ahora, analfabetos funcionales.

Voy a dejar planteada una pregunta para esos momentos de aburrimiento en tiempos de cuarentena: ¿aprenderemos, maduraremos, será posible que dejemos de tropezar con la misma piedra y culparla, como siempre, por nuestros errores?

TAGS: #Coronavirus #Democracia #EstiloDeVida #Pandemia Relaciones humanas

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Comentarios

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J.A.

17 de Junio

Pienso que tiene Ud. razón, su reflexión es madura y moderada, quizás hay muchos que compartimos ciertos deseos sobre el futuro basado en nuestra ética y nuestros valores, unas posturas humanistas y probablemente también ecológicas, el problema es que el mundo ha cambiado mucho y para mal. Los deseos de cambios en realidad ya no se soportan en argumentos sólidos, en una racionalidad aceptable y sujeta a debate, sino que son imposiciones top down orientadas a establecer modernas dictaduras globales que persiguen y perseguirán con más ahínco en el futuro, tecnología mediante, la libertad de pensamiento. Consecuentemente creo que estamos condenados a tropezar una y mil veces con la misma piedra.

18 de Junio

Don J.A…: Tiene mucha razón y mucho de culpa tiene la formación educativa y como lo digo en el artículo, nos adiestran para ser egoístas y analfabetos funcionales.

Tengo esperanza que pueden darse cambios, quizás, por ser formado antes de la dictadura y en esa época, eramos más pobres pero más solidarios.

Saludos y gracias por su opinión

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