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Los programas de salud en las presidenciales

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Después de un análisis de los programas presidenciales, se puede concluir que ninguno de ellos menciona a la salud como una de las prioridades de sus eventuales gobiernos, sólo se refieren a la “atención de la enfermedad”. La salud es un complejo multifactorial evolutivo y cambiante, definido por la OMS en 1948 como “un completo estado de bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Restringirse a la “atención de la enfermedad” es un forma parcial e ineficaz de enfrentar los problemas de salud de una población. Fundamentaremos esta afirmación.


Los programas de salud presidenciales que comentamos, tienen un sesgo financiero y gestionario, postulan que medidas de ordenamiento de los recursos atribuidos a la salud y mejoramientos de la gestión de los servicios, serían el garante de un mejoramiento de la salud de los chilenos, lo que no podrían demostrar

1.- La salud de una población es el resultado de la vida en sociedad. Cada sociedad, en las distintas épocas, tiene problemas de salud que la caracterizan y frente a los cuales se actúa con los recursos que existen y “construye su propia salud”. En consecuencia, la salud es una construcción social, no siempre deliberada, muchas veces como respuesta a los flagelos que la asolan. Desde el siglo XIX esa construcción social ha sido respaldada por el conocimiento científico, que permite formular políticas públicas y modelar conductas de la población, que la conducen a mejorar la salud de todos. En Chile se observó un aumento sostenido de la esperanza de vida entre 1920-2019, que pasó en promedio de 31 a 80 años. En este significativo aumento no ha sido “la atención de la enfermedad” el factor de mayor importancia, sino el mejoramiento del bienestar y la calidad de vida y las acertadas políticas sanitarias que lo han acompañado.

2.- Al estudiar la salud de una población se puede identificar cuales son los factores que influyen en ella y el peso relativo de cada uno. A este respecto la Agencia de Salud pública de Canadá publicó un extenso estudio (2004) sobre los factores que influyen en la salud de la población, señalando su peso relativo:

– Bienestar y calidad de vida (ingresos, educación, vivienda, vida comunitaria, entre otros). 50%
Condiciones biológicas (genética, edad). 15%
Medio ambiente. 10%
– Acceso al sistema de salud 25%

Siguiendo este análisis los programas presidenciales se refieren sólo al 25% del tema de la salud e ignoran el resto, tanto o más importante.

3.- El acceso a “la atención de la enfermedad” es percibido por la población como el tema de salud que más los concierne, porque sentirse sin apoyo en momentos de vulnerabilidad y dolor, en especial sabiendo que puede haber alivio para sus dolencias, es particularmente doloroso e injusto. Por eso el acceso al sistema de salud es importante y debe ser facilitado, reforzado, ampliado y puesto al alcance de todas y cada una de las personas para que puedan concurrir cuando lo requieran y reciban los cuidados que su condición exija.

Sin embargo, es preciso tener claro que dicho acceso no permite alcanzar la equidad en salud, el acceso equitativo, que es reivindicado por muchos, incluyendo especialistas en salud pública, como la respuesta a la inequidad en salud, no resuelve los diferenciales de estado de salud de los diferentes grupos sociales. No sólo se mantienen las diferencias, en desmedro de los grupos sociales más desposeídos, sino que puede agravarlas, porque los grupos de mayor nivel de ingreso y educación aprovechan más eficientemente los servicios universales, mientras los grupos más pobres y de menor educación, no sólo tienen más “factores de riesgo”, producto de sus condiciones de vida, que los hacen susceptibles de enfermar con mayor frecuencia y mayor gravedad, sino que tampoco tienen la capacidad de aprovechar integralmente las oportunidades que ofrece la sociedad. El ejemplo más flagrante de esto es la situación de Inglaterra, donde existe un Servicio Nacional de Salud desde 1948 (73 años) y que en numerosos estudios realizados en los últimos 40 años, se demuestra que las diferencias en los resultados en salud entre los distintos grupos sociales no sólo se mantienen, sino que algunos casos se intensifican. En la última revisión del problema, realizada por el Dr. Michael Marmot y su equipo el 2020, concluye que es necesario mayor inversión social para disminuir las brechas de equidad en salud y no más inversión en el Servicio Nacional de Salud. Además de ello desde el 2015 se ha producido un estancamiento de la esperanza de vida, e incluso una disminución. Parece una paradoja que cuando los avances en la medicina son espectaculares, no se traduzca en mejoras medibles de la salud de la población, lo que ilustra que la enfermedad se gesta en las condiciones de bienestar y calidad de vida de las personas, antes que accedan a los servicios de atención de la enfermedad y que estos no tienen los tratamientos que les permitan superar el daño ya causado y acumulado en el organismo. Lo hemos visto durante la pandemia de COVID 19 en Chile, con las diferencias en las tasas de mortalidad por esa enfermedad entre las comunas de Vitacura y La Pintana, de por lo menos 4 veces mayor en la última, que no se explican por diferencias en la atención médica, sino por el estado de salud previo de los habitantes de ambas comunas.

4.- ¿Por qué esta unanimidad? ¿Centrar la solución de los problemas de salud en el sistema de atención de la enfermedad? Varias razones confluyen a que ello sea posible:

El llamado “sector salud”, está formado, principalmente, por el conjunto de prestadores públicos y privados, los seguros de salud públicos y privados, los laboratorios farmacéuticos y los fabricantes de insumos, y los gremios y sindicatos de la salud. Constituyen un conjunto que mueve en Chile unos 75 millones de dólares al día, mucho dinero para el tamaño de la economía de Chile. Además, emplea alrededor de 500.000 personas, cerca de un 7% de la fuerza de trabajo empleada. Es un poder en sí, que influye con fuerza en burócratas y políticos y que moviliza a la ciudadanía para conseguir más y mejores prestaciones. Pero que sobretodo representa enormes intereses financieros por el volumen de dinero de que disponen y las grandes ganancias que genera. El sector salud en el mundo, según las cifras de la OMS, tiene un giro de negocios de ocho billones trescientos mil millones de dólares al año 2018 (USD 8.000.300.000.000) lo que representa grandes intereses, para los cuales es importante sostener que el acceso a la atención es la forma de garantizar una mejor salud, porque el negocio de ellos es la enfermedad y no la salud. El sector salud chileno forma parte de ese negocio y la ideología que lo sustenta.

5.-Estos grandes intereses han logrado establecer un pensamiento hegemónico en el mundo, acerca de que la salud se consigue con el acceso a la atención médica y que a mayor gasto en atención médica, habrá mejor salud. La prevención la conciben a partir del diagnóstico de la enfermedad, es decir campo donde pueden actuar con sus establecimientos y sistemas de atención y no a partir de generar las condiciones para evitar la ocurrencia de enfermedades. Para esto último son necesarias políticas públicas y participación ciudadana, que de ser efectivas y eficaces disminuirían la magnitud del negocio.

6.- Este pensamiento hegemónico, respaldado por enormes intereses y aceptado por los poderes políticos y gran parte de la población, no se verifica en la realidad. Estados Unidos, que tiene un gasto en salud de unas 8 veces mayor que el de Chile, tiene una esperanza de vida menor a la chilena. Al igual que Inglaterra, los EE.UU., han visto, desde 2015, estancarse la esperanza de vida, y luego disminuir, incluso antes de la pandemia. Todo ello a pesar de avances tecnológicos terapéuticos espectaculares, en EE.UU. por ejemplo, se practican alrededor de 1.000.000 de cirugías robóticas anuales, enorme salto en la calidad y precisión de la cirugía, avances que no impactan las grandes cifras poblacionales de la salud, porque alcanzan a un grupo reducido de personas y porque el peso de los determinantes sociales de la salud es incontrarrestable con sólo medidas medico-sanitarias.

Los programas de salud presidenciales que comentamos, tienen un sesgo financiero y gestionario, postulan que medidas de ordenamiento de los recursos atribuidos a la salud y mejoramientos de la gestión de los servicios, serían el garante de un mejoramiento de la salud de los chilenos, lo que no podrían demostrar. A lo más podrían mejorar la atención, y la percepción de mejor trato, pero no la salud en su conjunto, expresada en indicadores sólidos como esperanza de vida, proporción de discapacidad y años de vida sin discapacidad.

Mientras no haya políticas públicas de enfrentamiento de los determinantes sociales de la salud, mientras no haya una política de construcción de la salud a partir de la participación ciudadana genuina, mientras no se denuncie y abandone el paradigma curativo y de negocios dominante, todas las aproximaciones de acomodo del sistema de atención de la enfermedad serán más de lo mismo, con poco más de estado o acentuando lo privado, pero sin proponer cambios de fondo.

Es comprensible que las candidaturas de la derecha mantengan el modelo neoliberal en salud y privilegien el enfoque curativo, financiero y gestionario que los favorece. No es comprensible que los candidatos progresistas y de izquierda también conserven ese enfoque y no abran un debate sobre cómo superar el modelo hegemónico y avanzar hacia una salud del pueblo, con el pueblo y por el pueblo.

TAGS: #CandidaturasPresidenciales #ModeloDeSalud #PolíticaDeSalud #SistemaSalud

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Comentarios

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any

17 de Noviembre

Tiene razon hay un tremendo lobby tanto de estado como de privado para que no se realicen estudios ni intervenciones sobre el bienestar de las personas, eso explica porque no hay estudios sobre tantas enfermedades laborales, como en la mineria, los trabajadores de la educacion, no se involucran universidades ni la inspeccion del trabajo, entre otros.

25 de Noviembre

Sería interesante que el doctor y otros opinantes del tema se refirieran al encarecimiento de la salud en relación al crecimiento de los ingresos de los distintos estamentos que intervienen. Poco hincan el diente en como los grupos de presión mantienen poca eficiencia, sobre todo en el sistema público, aumentando continuamente los recursos ahi pero sin estar aparejado con un aumento de las prestaciones. Y, como siempre, después atribuyendo los problemas a la salud privada, pero sin cuestionar nada la gestión ineficiente que tiene el sistema publico.

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