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Los medicamentos: entre la salud y el dinero

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Esto es un problema de abandono por parte del Estado y una mala regulación de los involucrados en el sistema. Todos: los usuarios, los médicos, los farmacéuticos, y por sobre todo la autoridad regulatoria, deben crear un sistema que permita tener un acceso a los medicamentos de calidad, con un uso racional y a precios justos.

Cuando hablamos de medicamentos, necesariamente tenemos que hablar de salud, aunque algunos economicistas prefieran hablar de estos solo como productos. Son una herramienta
sanitaria importante cada vez más necesaria para una población que envejece y que aumenta el número de enfermedades crónicas, como lo corroboran estudios oficiales como la  Encuesta Nacional de Salud.

Ahora, cuando hablamos de farmacias es difícil pensar en salud, ya que en las condiciones actuales solo falta que vendan cigarrillos. Y como es costumbre en Chile, evadimos el tema de fondo buscando a los culpables más fáciles. En este caso, las cadenas de farmacia. No es que defienda a las cadenas de farmacias, pero creo que no se les puede pedir peras al olmo. Las cadenas  farmacéuticas son empresas que buscan ganar dinero, y si existe un Estado ausente que no coloca las reglas claras, no sé cómo nos sorprendemos cuando, una vez más, la autorregulación no sirve.

Es por esto que creo que el tema de fondo, el acceso a medicamentos de calidad, debería tratarse como una política de Estado y no como se ha tratado hasta hoy: como una tierra de nadie, donde las farmacias no son vistas como un centro de salud y por ende no se les exige como tal; donde no existe fiscalización suficiente, y la Superintendencia de Salud no considera a las farmacias; y donde existe un departamento, la Agencia Nacional de Medicamentos (DANAMED), que no tiene las facultades ni los recursos para hacer cambios reales.

Entiendo completamente la molestia de los chilenos, me incluyo en dicha molestia, pero el camino para mejorar la situación no radica en culpar a los vendedores de farmacias, quienes reciben sueldos muy bajos y los obligan a vender para tener un sueldo digno. Tampoco es la respuesta culpar a los farmacéuticos, quienes estamos atrapados en un sistema que no nos utiliza para lo que estudiamos; ni siquiera basta culpar a las farmacias y los laboratorios.

Esto es un problema de abandono por parte del Estado y una mala regulación de los involucrados en el sistema.

Todos: los usuarios, los médicos, los farmacéuticos, y por sobre todo la autoridad regulatoria, debemos crear un sistema que permita el acceso a los medicamentos de calidad, con un uso racional y a precios justos.

El problema no es del empedrado, sino del cojo. Tenemos que hacernos cargo de una realidad que no da para más, donde no basta pensar en los precios, sino en los valores.

Para hacernos cargo de los medicamentos debemos hacernos cargo de la salud, la atención primaria y de las personas que realmente necesitan los medicamentos y no dar placebos por falta de voluntad política para hacer bien las cosas.

En Chile existen tres rangos de precios de medicamentos:

Bioequivalencia: En pocas palabras, es un sello, una autorización donde una autoridad “competente” certifica que un medicamento es igualmente efectivo que el original (de marca). Para lograr esta certificación hay estudios que se deben hacer. Es importante hacer la diferencia con un genérico.

Genérico: Luego de que una patente se termina, se libera la posibilidad de que otros medicamentos con el nombre de la molécula “genérica” salgan al mercado. Primero que todo un genérico debe tener el nombre de la molécula y no un nombre de fantasía (paracetamol, no Tapsín; Atorvastatina, no Lipitor o Lipox) y, segundo, un genérico puede ser o no ser bioequivalente, solo depende si fue certificado o no.

Estudios para obtener bioequivalencia: Sólo son realizados en medicamentos sólidos (comprimidos). Estos pueden ser de dos tipos. Biológicos, es decir que necesiten sujetos vivos y una serie de pruebas, por lo que son caros. Los otros son de disolución, que son estudios simplificados que pueden realizarse a algunos medicamentos, por lo que son más baratos.

Buenas Prácticas de Manufactura: O GMP, en ingles. Son reglas que aseguran que siempre se realiza de la misma manera el mismo medicamento. Ojo, no asegura que se haga bien, ósea si lo hacemos mal…siempre lo haremos igual de mal. Pero, si agregamos la bioequivalencia, todos los medicamentos que hagamos serán igualmente efectivos que el original.

Es por ello que es imposible tener bioequivalencia sin GMP; sería como querer correr antes que caminar.

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