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Tenemos binominal para rato

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La presentación de el enésimo proyecto de ley para posibilitar el voto de los chilenos en el exterior es un caso es emblemático de lo mal que funciona la Concertación. Cuatro  senadores presentan un proyecto de ley, sin que la concertación participe ni opine. Y así nos va, éste debe ser el millonésimo proyecto sobre la materia y solo aumentará la larga cola de proyectos archivados. Pero eso no significa que sea un proyecto inútil, no, el que crea eso no sabe como en realidad funciona la política. La verdadera utilidad del proyecto es que les permite a nuestros representantes simular que están haciendo “algo” por la gente.

Igual pasa con la reforma del binominal. Hay decenas de proyectos testimoniales presentados por pequeños grupos de legisladores de la Concertación, y nada, seguramente porque no satisfacen a otros legisladores de la coalición. Nótese que en veinticinco años nunca la Concertación, como un todo, ha dicho “esta es nuestra proposición de reemplazo del binominal”.  ¿O me equivoco?

Esto es un claro indicador de una gran deficiencia de la Concertación: la falta de ánimo societal de sus legisladores y partidos, estamos llenos de llaneros solitarios que satisfacen su ego cuando “El Mercurio” los premia con espacio para poner poner una cuña en la Concertación.

Vamos a tener reforma del binominal cuando la Concertación como un todo respalde un proyecto de ley concreto, con un articulado concreto, para terminar el binominal… lo que nunca ha ocurrido y –sospecho- nunca va a ocurrir, pues diversos legisladores de la Concertación son elegidos, precisamente, ¡por el binominal!

Ello no va a ocurrir, precisamente, pues el real incordio al interior de la Concertación es que no hay acuerdo (y después de 25 años sin lograrlo, sospecho que puedo decir que no hay voluntad de acuerdo) sobre qué sistema proponer en reemplazo del binominal, sin ir muy lejos, el PPD tampoco lo tiene (si alguien cree que lo tiene, que me de el link para verlo).

A falta de un acuerdo sustantivo se genera toda una pirotecnia de “no al binominal”, se presentan proyectos parciales, que son rápidamente archivados, y todos siguen rentando del binominal, siendo reelegidos indefinidamente con pocos votos gracias al dedazo de las directivas… y gracias al binominal.

Vamos a tener reforma del binominal cuando la Concertación como un todo respalde un proyecto de ley concreto, con un articulado concreto, para terminar el binominal… lo que nunca ha ocurrido y –sospecho- nunca va a ocurrir, pues diversos legisladores de la Concertación son elegidos, precisamente, ¡por el binominal!

Y después nos asombramos que la gente se haya terminado por chorear y nos esté dando la espalda.

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2 Comentarios

Mario Galle

Es una característica del capitalismo tardío que su sistema político sea dominado por el modelo de partidos o coaliciones binominales (USA, Gran Bretaña, Alemania, España, Chile, etc.). En los países comunistas el sistema político fue dominado por el modelo del partido único, que nunca es democrático (URRS, China, Corea del Norte, Cuba, etc.). Los partidos y coaliciones no existen, son meras entelequias conceptuales, que designan agrupaciones que los realmente existentes seres humanos se dan a si mismos para dirigirse ( gobernarse). Por lo tanto, el problema de fondo (real) en ambos modelos político-institucionales es si hay o no, de qué tipo, cómo funcionan y qué control tienen los ciudadanos sobre la humana tendencia a actuar inmoralmente cuando nadie los ve, o cuando nadie tiene suficiente poder para evaluarlos, pedirles cuentas periódicamente y sacarlos de sus cargos cuando no respetan la voluntad soberana de la ciudadanía. Y eso estamos todavía lejos de resolverlo satisfactoriamente en Chile. Saludos.

Bernardo Arcos

Hay que entender que en una situación de crisis muchas veces no se sabe exactamente, lo que se quiere. Pero se tiene muy claro lo ya caducó(o lo que NO se quiere). Sabemos muy bien, que este sistema electoral se dejó como un circulo vicioso perfecto para generar, un empate permanente con la minoría y prevenir cualquier cambio sustancial a la institucionalidad heredada de la Dictadura Pinochetista. Ahora, si quieres reemplazar uno de los poderes de Estado republicano por otro, aún no establecido. Ahí si que el cuento se torna impracticable y terminas haciendole el juego a la derecha.