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Sin participación no hay solución

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Desde la teoría (especialmente desde la Filosofía, Politología e Historia) observamos preocupación respecto del rol o éxito del sistema democrático en la actualidad y en el futuro. En ese sentido, Bobbio (1986) nos enrostra promesas no cumplidas por la democracia (en general en los países que la han adoptado como sistema organizativo) y otros autores como Ranciere (2006) plantean el miedo u odio que en el fondo se tiene a la  vivencia real del sistema democrático.


Mayor participación genuina, dialógica, deliberante, multidimensional y vinculante es una solución para abordar este camino sin retorno

Se suman, quienes relevan la idea de la participación como factor crítico de un entramado social sano: “Significa únicamente que la poca participación y la desigualdad social están tan inextricablemente unidas que para que haya una sociedad más equitativa y más humana hace falta un sistema político más participativo.” Macpherson, C. B. (2003). Salazar y Pinto (1999) para el caso chileno, ya nos alertaban de las dificultades respecto de las coordenadas de estado, legitimidad y ciudadanía, especialmente en relación del tema de la participación. Puntualmente, desde la oposición gobernabilidad/gobernanza, en la que la primera opción ha predominado ligada a lo institucional, relegando a la segunda con toda la carga participativa y ciudadana que tiene. Bajo esta óptica, Carlos Ruiz (Ruiz, 2009) describía las dificultades que arrastraba el modelo consensuado que adoptó Chile en el período denominado “transición a la democracia”, que se hizo cargo del modelo heredado de la dictadura que atomizó la organización ciudadana e hizo jirones el tejido social, vinculando las teorías del consenso en que se fundaron los pilares del momento histórico con las denominadas “teorías elitistas de la democracia” con toda la carga y crítica que conllevan.

Hoy, estamos en un punto de inflexión respecto de la participación ciudadana. Por un lado, subcutáneamente se tejió un importante entramado social, popular y ciudadano que se expresó (alguna de las veces violentamente) en movimientos sociales como los impulsados por estudiantes secundarios y universitarios en 2001, 2006 y 2011, que fueron punta de lanza para la organización de otros grupos ecologistas, de deudores habitacionales, regionalistas, pensionados (y por pensionarse), feministas y así un largo etcétera, y finalmente, por medio de la mayor explosión del enojo social que hemos vivido los últimos días, estallido coronado con la marcha más grande realizada en “democracia”, misma que copó las ciudades. Todas, expresiones que han fracturado las fronteras de la inercia constitucional y a-histórica, produciendo por sí mismas, espacios que no tienen correlato con la pétrea institucionalidad. Y por otro lado, se palpa el desprecio a esta misma, a esos tradicionales espacios que entrega nuestra democracia representativa y delegativa, a través de las (vilipendiadas) encuestas que demuestran el malestar y encono ciudadano, así como de manera fáctica por medio de la importante abstención en todas las últimas elecciones municipales, parlamentarias y presidenciales. A la base de todas estas expresiones de historicismo, está la desigualdad, la justicia en la medida de la billetera, la reproducción social, la segregación (en todas sus caras), el individualismo, el machismo, el modelo de Pinochet…

Cabe reforzar, que la participación es un elemento central del problema y al mismo tiempo, una posible salida a la crisis. Mayor participación genuina, dialógica, deliberante, multidimensional y vinculante es una solución para abordar este camino sin retorno. Gadotti (2016) indica que Adela Cortina refiere que “existen dimensiones complementarias que constituyen los requisitos de una ciudadanía plena: la ciudadanía política, o el derecho a participar en una comunidad política; la ciudadanía social, que entiende la justicia como una exigencia ética de la sociedad del buen vivir; la ciudadanía económica, o la participación en la gestión y utilidades de una empresa, la transformación productiva con equidad; la ciudadanía civil, o la afirmación de valores cívicos como libertad, igualdad, respeto activo, solidaridad, diálogo; y la ciudadanía intercultural, entendida como la afirmación de la interculturalidad como un proyecto ético y político contra el etnocentrismo.” En este contexto, la élite debe entender que sin atender a esta multidimensionalidad de la participación, sin comprender la urgencia del diseño de una nueva Constitución, sin espacios transversales y deliberativos para su elaboración y sin mecanismos vigilantes permanentes desde la sociedad, esta crisis será irresoluta, un continuo, un bucle.

TAGS: #CabildoCiudadano #EstoPasaEnChile #ParticipaciónCiudadana Descontento Social

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Comentarios

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R. A.

29 de Octubre

Yo hubiera agregado a la cita de autores:

Rolando Arturo propone una Cámara Ciudadana Digital como herramienta para materializar la participación ciudadana.

Aparte de eso, creo que el problema no es un problema de participación ciudadana, sino de dinero. Para mostrarlo, pregúntese, estimado, si las personas que están en la calle protestando, lo harían si tuvieran dinero…

La falla es de los políticos, porque no cumplen cierto deber constitucional que dice que tienen que hacer todo lo posible para la realización del pueblo, en todo orden de cosas, particularmente el económico, añado.

Y ahí está la falla. Y se crea un círculo vicioso porque para hacerles ver su falta a la Constitución, se necesita un canal de participación institucionalizado como la referida CDD, porque con ella se les pudiera haber hecho ver lo importante que hubiera sido que el pueblo tuviera un Fondo Monetario Civil propio, y luego AFP propia y banco de dinero propio, así como empresas que crear a continuación, para que “los cabros” no fueran tan pobre “pus hombre”, ya que su falta de dinero no solo proviene por falta de dinero, sino también por la USURA de la banca y las tiendas de ‘retail’ que los empobrecen con usura, siendo más práctico que ellos pidieran dinero a costo de sus ahorros previsionales, pagándose a si mismos un interés menor que el que les usura la banca y el ‘retail’, pero, a su vez mayor que el que le brindan las AFPs, y así las jubilaciones ya hubieran sido mejor hace rato…

Javi-Al

05 de Noviembre

Estimado Freddy, desde un enfoque racional, y de acuerdo a lo que se sabe sobre las sociedades más avanzadas, y pensando el tema desde la vereda optimista, tienes razón, la participación es el antídoto a cualquier ambiente de crispación y conflicto, ¿pero como se hace esto en Latinoamérica?, el diagnóstico es claro, no hay cultura de participación y para implementarla se requiere un proceso largo y fatigoso que a nadie le interesa iniciar, porque entre otras cosas, requiere de una ilustración, es decir, que la sociedad alcance cierto grado de comprensión de la realidad que es vital, y que al menos en nuestro contexto es muy difícil de alcanzar, entre otros, por las carencias cognitivas de la población, como por ejemplo, no entender lo que se lee. Me parece que siendo así, lo que se propone como participación por los distintos grupos ideológicos, es simplemente manipulación, situación que vemos con los cabildos, se aprecia que por miedo, por falta de argumentos, por el ocultamiento de variables, y hasta por uso de estrategias para el manejo de grupos, las personas, de buena fe, terminan aprobando lo que un colectivo, siempre oculto, ha propuesto.

08 de Noviembre

Estimado Javier, me faltan elementos de juicio para dar sustento a algunos de los supuestos que expones. Lo de falta de ilustración, uno podría contrastarlo con que tenemos la sociedad con mayor número de personas con estudios superiores (hay datos duros) con todo lo que ello implicó (CAE, lucro, dudosa acreditación, etc.), pero insisto, no cuento con la información que me permita evidenciar lo virtuoso de ese fenómeno. Asimismo, es complejo constatar la manipulación ideológica en los cabildos, yo podría pensar que no deja de ser positivo, ya que desde las movilizaciones estudiantiles se ha tendido a generar lógicas asambleístas que democratizan las decisiones, algo que históricamente fue atomizado, no obstante carezco de datos de su real impacto. La invitación es a ser más optimistas, a fin de entender que en la medida que se fortalezca la participación, se genere un verdadero pacto social que enmarque el actuar de nuestros representantes y sobre el cual podamos ser vigilantes, las posibilidades de lograr una sociedad más justa, son mayores. Saludos

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