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Se nos perdió la neutralidad estatal

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En las últimas semanas, algunos funcionarios de gobierno han demostrado desconocer el principio de neutralidad estatal ante los modos de vida y de autonomía del individuo.

El principio de neutralidad del Estado y el gobierno ante los modus vivendi, surgido en medio de las guerras de religión entre protestantes y católicos, planteaba que ningún gobernante debía imponer –menos por la fuerza física o legal- sus sistemas de creencias a sus súbditos. Por ende, no debía imponer un modus vivendi. Esa era la base de la libertad religiosa y de la autonomía.

Contrario a lo que algunos plantean, la neutralidad no significa hostilidad contra la fe, sino que, al contrario, implica su respeto. Porque si un Estado no debe promover una fe, tampoco debe suprimirla. Lo único que debe hacer el Estado es evitar que personas de distinta fe, se maten a causa de esto. Es decir, generar coexistencia pacífica entre comunidades de creencias religiosas irreconciliables.

La neutralidad del Estado es coherente con la idea de no intromisión del Estado en nuestra vida privada, en cuanto a qué vemos, qué leemos, qué escribimos, con quién nos reunimos, qué hablamos y qué pensamos. Es decir, con el principio de autonomía.

El mismo Kant decía que el peor despotismo es aquel donde el gobierno, se comporta como un padre con sus hijos.

En las últimas semanas, algunos funcionarios de gobierno han demostrado desconocer el principio la neutralidad estatal ante los modos de vida y de autonomía del individuo.

Esto no es algo menor, si consideramos que en base a estos principios, se plantea que deben existir límites a la acción de los gobiernos, los cuales no pueden actuar arbitrariamente en los asuntos privados de los sujetos, sea cual sea su propósito.

Lo clave, en este sentido, es que el Estado y sus agentes no actúen autoritaria y despóticamente, bajo ninguna clase de pretexto o fin. Cualquiera sea la justificación, hay una imposición, ya sea revolucionaria, moralista, religiosa, conservadora u otra.

Quienes desconocen tales conceptos a cabalidad (en todo el espectro político), en algunos casos defienden o toleran la falta de libertad política, es decir justifican la acción arbitraria del Estado sobre los individuos, simplemente porque se garantiza cierta libertad económica o la planificación económica. Son autoritarios de derecha o izquierda.

Cualquiera sea el caso, sus posturas son claramente intolerantes, no neutrales  y en ningún caso emancipadoras.

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Foto: asynchrone communicatie – verbeeldingskr8 Licencia CC

 

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