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Santiago, nuestro muro de Berlín

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Querido lector: tengo la mala costumbre que todo lo que escribo, primero empiezo por el final, y ésta vez no será la excepción. Seré directo: Santiago es el “chilean” Muro de Berlín. ¿Qué razones me llevan a esta proposición?

Hablemos en un sentido abstracto. Desde que vivimos en sociedad, la raza humana es separatista, por esencia. Tendemos a dividir, clasificar, discriminar, apartar, excluir o aislar lo que nos parece incorrecto o molesto. Nadie se salva de ésta realidad. ¿O usted si?

La historia de la humanidad ha demostrado esta tesis fehacientemente. ¿Un ejemplo? El muro de Berlín. Surgió en un proceso histórico, que ya se desea no recordar. ¿Qué deseaba separar? Ambos extremos políticos de una nación en post-guerra mundial. ¿Cuáles son las consecuencias de ésta separación? Un doble-país, dentro de un país: economías distintas, culturas divididas, políticas segregacionistas. La realidad actual de Alemania es distinta a la del siglo XIX, pero las cicatrices del pasado se pueden apreciar aun.

Dejemos a Europa con su historia, y volvamos a nuestra realidad nacional: Chile y nuestro enfermizo centralismo. Pero no somos los únicos de la región con el mismo síntoma: Argentina, Brasil, México, Perú, por nombrar algunos. Es parte de nuestra sangre latinoamericana.

Geográficamente, Chile divido en 13 regiones. Económicamente, divido en tres: El norte, Santiago, y el sur. Y se nota claramente. ¿Desde hace cuánto que tiempo que a lo largo de todas nuestras regiones dejamos que se deprimieran?  Si no logra verlo, lo ayudaré a hacerlo. Retrocedamos el tiempo.

Repasemos, en una mirada rápida, desde cuándo nos contagiamos con la enfermedad del “centralismo”. A los inicios del siglo XX, con el descubrimiento del salitre y al convertirse en el comerciante mundial de éste producto, Chile estaba marcando su futuro: ser un país primario-exportador. A mediados de los años 50, cuando nos vimos forzados a reemplazar el salitre, la mano divina nos daba iluminaba con otro recurso: el cobre. La población se empezaba a concentrar en las regiones más actualizadas y avanzadas en todos los aspectos; Santiago, Concepción y Valparaíso. Las autoridades al ver esto, las siguientes políticas públicas como salud, educación, trabajo y  vivienda; a lo largo del siglo se empezarían a concentrar en estos centros, ya que eran las que más PIB aportaban al país y al que más se invertían.  Ahora, avancemos en el tiempo.

Durante la segunda mitad del siglo, el Estado propuso una medida llamada “regionalización”, que estuvo a cargo de distintas instituciones, que consistía en palabras simples, organizar el país en regiones para potenciar distintos centros económicos en el país. Con resultados no muy efectivos, se fue dejando a una suerte casi divina que nuestras regiones crecieran. Vamos ajustando el reloj.

El gobierno de los 20 años, no hizo demasiado por las regiones del norte y del sur. Es cierto que hubieron cambios, pero no sustanciales. Una que otra visita electoral a vísperas de elecciones, pero no se complicaron mucho con las necesidades regionales: más modernidad y avance tecnológico o inversión, construcción de hospitales (con personal y equipo especializado), desarrollo de escuelas de calidad, fuentes de trabajos progresivas y estables, creación de universidades estatales o privadas (de preferencia sin fines de lucro), mayor conectividad, etc.

El conflicto recién pasado de Aysén, puso en el tablero una carta que nuestra nación toda había olvidado, o mejor dicho, no queríamos dedicar: la discusión sobre que tan olvidadas se encontraban nuestras regiones en todos los aspectos que pueda imaginarse.  Y hay muchas razones del por qué no queríamos hablar del tema. Vamos a la letra chica.

Según datos de la Superintendencia de AFP, los sueldos en las regiones del norte son por lo menos un 32% más alto que la zona austral. $714.619 es el sueldo promedio imponible real de la II región. En la XI es de $490.910, según cifras de diciembre de 2011. 5.7% fue el crecimiento promedio anual de la economía de la Región de Atacama entre el 2003 y el 2010, según el Banco Central, y superó el promedio nacional en dos puntos. El sueldo promedio en la X región es de $444.444 según cifras del año pasado y en la I región es de $578.331. No incluiré a Santiago en estos datos, ya que tendríamos que considerar el sueldo del ex-senador Guido Guirardi. Pero, no dejaré a la región metropolitana fuera de la exposición. 

¿Santiago es el culpable de nuestro enfermizo centralismo? De ninguna manera, es una consecuencia de nuestro virus. ¿Es entonces el supremo electorado metropolitano? Muchos creen que Santiago aún es Chile.  Y ni nosotros nos salvamos de estar separados, si no me cree, pregúntele a cualquier santiaguino a quiénes separa de quienes la famosa Plaza Italia. ¿Eso significa entonces, tomando en cuenta los datos arriba expuestos, que todas las políticas estatales se deben  traducir sólo en aumentar el nivel de ingresos de un determinado grupo? Juzgue usted mismo.

¿Cómo ha sido la experiencia internacional de ayuda a zonas deprimidas económicamente? Citemos el Caso de China. Después de la muerte de de Mao en 1976, el gigante asiático empezó una política de apertura y reformas económicas, para fomentar la inversión de capitales extranjeros. El objetivo fue estar lo más cerca posible de Hong Kong, Macao y Taiwán, zonas pujantes económicamente hablando, cada una con sus características. La idea era aprovechar la alta concentración de inmigrantes chinos hacia esas áreas. Finalmente, un destacado emprendimiento y la infraestructura que se fue desplegando hicieron que las SEZ (Zonas Económicas Especiales, por sus siglas en inglés), se expandieran por toda la costa de china.

El conflicto de las diferencias porcentuales de las regiones, puede verse desde muchos prismas de los empresarios. El gobierno de los mejores, ya se propuso una serie de metas y objetivos concretos, en respuesta no sólo a Aysén, sino además a los conflictos económicos de todas las otras regiones.  Si el presidente Piñera logra, de aquí a los dos años que le quedan, incentivar el emprendimiento y la creación de nuevas fuentes laborales y empresariales en todas las regiones olvidadas,  (sí en todas), entre un 95% y un 100%, podremos decir que sus políticas regionalistas fueron un éxito.  Sé que el gobierno de Sebastián Piñera, responderá de forma concreta a las demandas regionales, al fin y al cabo, saben que no sólo en Santiago hay votantes.

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Foto: gmpictures // Licencia CC 

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Oscar Manríquez L

15 de abril

La «revolución de Aysén» ha re-abierto el debate sobre las malas gestiones de des-centralización y des-concentración que, históricamente, han sido Talón de Aquiles de nuestra nación. Estaba claro que, más temprano que tarde, el problema que fue ‘pateándose’ por la Administración terminaría colmando la consciencia de los ya clásicos afectados: los particulares.
La realidad es inalterable, y esta presente a nuestros ojos: muchos piensas que ‘Santiago es Chile’, y aun dentro de la misma capital las divisiones son fuertes, aún cuando no se quiera admitirlo.
Ahora, este ‘muro de Berlín’ que nuestra capital presenta, ¿esta mal?, o dicho de otro modo, ¿esta mal discriminar? A mi juicio se tiende a utilizar (y abusar) del termino discriminar en su dimensión negativa («Dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc.»), mas se olvida de su dimensión meramente restrictiva («Seleccionar excluyendo»). La discriminación es habitual y, a veces, necesaria para igualar situaciones de hecho (así, discriminamos por razones patrimoniales para ejercer diferentes cargas impositivas y, así «igualar a los desiguales»). Para encontrarnos frente a la dimensión negativa de la discriminación yo le agregaría el apellido de ‘arbitraria’: una discriminación sin fundamento lógico-racional es claramente deleznable, y punible.

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