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¿Qué plebiscito requiere Chile?

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Al enfrentar la idea de un plebiscito en Chile para poner fin al conflicto estudiantil, hay algunos puntos sobre los cuales reflexionar primero. ¿Qué cosas se preguntarán? ¿El plebiscito es resolutivo o meramente consultivo? ¿Cuántas preguntas se harán? ¿Cómo se vinculan las preguntas entre sí y con la redacción de las leyes mismas?

La respuesta a estas preguntas no es -al menos a mí parecer- nada trivial de resolver.

En el caso europeo, por ejemplo, los plebiscitos son consultivos y se usan en casos en que el poder legislativo no es capaz de destrabar un conflicto, dando a conocer a los representantes  -parlamentarios-, la opinión directa de sus representados y guiando las decisiones que se tomen en el parlamento. Sin embargo, los matices ideológicos sobre las soluciones quedan en manos de los parlamentarios.

Este conflicto en particular no envuelve sólo resoluciones legislativas, sino que incluye un conflicto con el poder ejecutivo del Estado, por lo que no es posible tratarlo solo desde un punto de vista jurídico-legislativo. Existe un problema administrativo-económico detrás, en el sentido de que los recursos estatales deben ser no sólo cuantiosos, sino que también deben ser bien utilizados. Sobre esto último quiero detenerme. No basta con inyectar grandes cantidades de dinero a un sistema que no ha mostrado los beneficios que en teoría traería. El Gran Acuerdo Nacional por la Educación (que de acuerdo no tuvo nada) nos ofrecía la suma de 4 mil millones de dólares; sin embargo, la medida no solo fue fuertemente criticada por estudiantes, sino que por académicos (economistas, expertos en educación, etc.), ya que la forma en la que se en iban a usar esos recursos no se condecía con las peticiones estudiantiles, la famosa letra chica.

De aquí, entonces, ¿cómo "hilamos fino" en una consulta ciudadana? Y la respuesta, a mi juicio, es que simplemente no se puede. Pero, ¿por qué no se puede? Porque la mayoría de las personas que salen a marchar, bailan, gritan, le tiran piedras a los "zorrillos", etcétera, no tiene idea de qué es lo que en realidad se pide. No entienden los distintos matices que abarca el conflicto, no son capaces de "hilar fino" en la discusión, y mucho menos en la resolución efectiva del conflicto.

¿Siente usted que sí conoce/entiende los matices en la discusión? Bueno, le tengo unas preguntas sobre una de las piedras angulares sobre las cuales se sostiene la controversia sobre calidad de la educación: la Superintendencia de Educación Superior(SIES). ¿Qué es una SIES? ¿Qué atributos jurídicos tiene una SIES? ¿Qué formas tiene una SIES para resolver problemas de calidad en una institución?

Porque es bien fácil contestar, "Una SIES mide la calidad de la educación de las instituciones de educación superior y evalúa bajo ciertos parámetros, y si no cumplen entonces las sanciona". De aquí sale, ¿qué es calidad de educación?

En tantos meses de movilizaciones y conflictos, poco lugar ha tenido la discusión de qué entendemos por una buena educación. ¿Qué tipos de sanciones? ¿Se apoyan las instituciones que tienen malos resultados para potenciarlas o se cierran las matrículas? De hacerse lo segundo, ¿qué hacemos con los estudiantes afectados? Estas resoluciones no son preguntables -al menos bajo algún método práctico- en un plebiscito (considerando, además, que acá dejo solo un tema conflictivo) y lo es porque no existe la capacidad técnica-humana, a nivel ciudadano, de que así sea.

En realidad, debe hacerse una consulta ciudadana con respecto a otro tema: la decadente representatividad en Chile. ¿Por qué nuestros líderes son incapaces de dar solución a un conflicto tan profundo y antiguo como este? ¿Por qué no existen mecanismos regulares de las instituciones para renovar las mismas instituciones? ¿Por qué la comisión de educación del Senado no tiene idea de educación? ¿Qué tipo de gente toma las decisiones de todos? Y acá la pregunta de fondo, ¿qué pasa con nuestro sistema político?

El tema no empieza ni se acaba con el conflicto irresoluto de la educación; es mucho más profundo. El sistema binominal, dejado por el genio -les guste o no, el tipo era simplemente genial- Jaime Guzmán, fue hecho con el simple propósito de amarrar las normas ellos mismos nos heredaron. "Inventaré un sistema tal que, no importa quién gobierne, no podrá hacer nada muy distinto a lo que querramos hacer nosotros", dice él en uno de sus escritos. Y efectivamente, así fue. Surge inmediatamente la duda sobre por qué no se ha cambiado. Y la respuesta tiene muchos matices, desde "es que la derecha ha votado siempre en contra" a "el país ama lo que el general Pinochet nos dejó". Pero, ¿y los plebiscitos? ¿Por qué no se han hecho plebiscitos consultivos al respecto (o por lo menos se han hecho intentos para que eso ocurra)?

La respuesta es bastante simple. Miremos los números: Si existe un 17% de personas que aprueban la labor de la Concertación  y existe un 30% de personas que aprueban la labor de la Alianza, entonces el 47% de la gente aprueba la labor de la clase política chilena. Ese 47% es una minoría sobrerrepresentada que toma las decisiones del 100% del país.

Si usted piensa que esto es algo que se viene dando ahora último, entonces mire cuánta gente no inscrita tenemos (pista: mire el rango etario y vea en cuantas elecciones no han votado). Mire y analice la evolución del proceso. Tenemos una clase política apoyada por una minoría, que se mantiene "apernada" al poder por un sistema antidemocrático. Así que no le sorprenda ver a Ignacio Walker (vocero de la Concertación, DC) lanzando pestes sobre la idea del un plebiscito.

No creo que la solución al conflicto estudiantil vaya por el camino de un plebiscito. En este caso en particular, me parece que son los expertos, en compañía de los representantes de todos los actores involucrados, los que deben dar solución real al conflicto. Pero para el futuro, y por el bien del estado de derecho, hay que reformar las vías institucionales de resolución de conflictos. Hay que reformar el sistema de elecciones. Hay que cambiar a la dirigencia antigua y profundamente movida por los sucesos del siglo XX, pero que poco se condice con la realidad de la era de las comunicaciones del siglo XXI.

Si queremos solucionar los problemas del país, hagámoslo de la forma más integral posible. La ciudadanía es soberana sobre el Estado, no al revés.

 

Vicente Valenzuela, Estudiante Astronomia UC.

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Foto: Voto simbólico

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