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¿Por qué un proceso constituyente?

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Hacer un ejercicio amplio de participación de quienes fueron o se sienten parte de este movimiento, de quienes tienen un rol activo en él, de quienes creyeron en un programa de gobierno y más importante aún, en un proyecto político que busca restablecer la dignidad de las personas, es a mi entender un gran paso para nuestra humanidad en la ruta de una asamblea constituyente.

Si bien desde inicios de la década de los 80 se ha venido, con mayor o menos bombo, poniendo en el tapete de la discusión política el tema de una asamblea constituyente, es preciso reconocer que durante el año 2013 tomó mayor fuerza y ha estado presente en la agenda política, incluso con la tentación, solo a ratos, de ser un asunto de discusión de primera necesidad.

Desde antes del fraude electoral del año 1980, donde la dictadura cívico-militar chilena celebra elecciones sin las mínimas garantías de genuina y transparente participación (fraude de forma) para instaurar reglas del juego político, económico y social antagónicas a todo funcionamiento de una sociedad democrática (fraude de fondo), diversos actores políticos, sociales y culturales han debatido e intentado, con mayor o menos éxito, instalar la discusión, con las mejores intenciones, presumo.

Sin embargo, hay un tema en las profundidades de esta legítima demanda popular, o mejor dicho, cada vez más popular: ¿puede un pueblo acostumbrado por décadas y décadas a la verticalidad, a la idea del “orden” heteronormativo, a la negación permanente, no desde el régimen portaliano, sino desde la colonia misma, a obedecer agachando la cabeza y a “echarle pa’delante no más, porque total igual hay que trabajar al otro día”, estar en óptimas condiciones materiales, intelectuales y espirituales de generar y participar de un proceso de tal envergadura?

En septiembre de 2013 asistí a un conversatorio en la tradicional Confitería Torres, en pleno centro santiaguino, animada por la intervención sobre el tema del prestigioso y respetable abogado don Roberto Garretón, quien ilustró en una agradable tarde de incipiente primavera al puñado de presentes acerca de diversas aventuras constituyentes en países de la región e incluso en algunos fuera de nuestra Latinoamérica. Al mencionarle mi aprehensión con este bienintencionado eslogan de AC (la conversación se enmarcaba, en parte, en la bullada campaña que terminó promoviendo la candidatura de Bachelet), sobre la falta de capacidad del pueblo de Chile de poder participar de un proceso limpio y que permita establecer reglas democráticas y verdadera justicia social, el reconocido experto en derechos humanos, con el entrecejo evidentemente molesto, me señaló que le parecía extraño la constante invocación de que en Chile la gente no estaba preparada.

Me parecieron atendibles sus palabras, aunque nada convincentes, pues sigo pensando que se requiere una praxis cotidiana de relaciones verdaderamente democráticas, horizontales y de participación para poder generar un texto constitucional democrático, una democracia real y no formal, de lo contrario, me temo que solo se terminaría por legitimar el consumismo a ultranza y el individualismo, la verticalidad naturalizada, al extremo de tratar como enfermitos, parafraseando a León Gieco, a quienes quisiéramos construir relaciones de igualdad y de afecto hacia el diálogo y la diferencia.

En este contexto y tras la fiebre electoral de 2013, luego de magros resultados para las izquierdas en competencia presidencial y parlamentaria, los miembros del movimiento [email protected] a la Moneda(TALM), sede región Metropolitana, principalmente agrupados en comunas, emprende la aventura atrevida, ya emprendida por otras organizaciones el mismo día de la segunda vuelta, de realizar su primer encuentro constituyente, en miras a organizar su democracia interna y establecer los aspectos políticos que le permitan seguir funcionando.

Más allá de una candidatura que ya es historia, lo que motiva esta instancia es la necesidad de ser parte de un proceso que desde el año 2006 se inicia en Chile para no dar tregua y poder vencer unidos al sistema neoliberal que se impuso a sangre y fuego tras la embestida militar de septiembre de 1973.

Hacer un ejercicio amplio de participación de quienes fueron o se sienten parte de este movimiento, de quienes tienen un rol activo en él, de quienes creyeron en un programa de gobierno y más importante aún, en un proyecto político que busca restablecer la dignidad de las personas, es a mi entender un gran paso para nuestra humanidad en la ruta de una asamblea constituyente para la discusión y elaboración de una nueva constitución, que establezca un país distinto, cariñoso, justo, diverso, que erradique la perversidad del capitalismo y su fórmula neoliberal, que permita cimentar el camino hacia un destino de transformaciones reales.

Este domingo 26 de enero, a partir de las 10:00 horas nos daremos cita en el Liceo Municipal Gabriela Mistral, ubicado en la comuna de Independencia,  con la esperanza de aportar, como muchos en Chile ya lo vienen haciendo, para seguir en la acumulación histórica de conciencia, para ser parte en la fuerza creadora de una sociedad que acoja a su pueblo y no que le despoje día a día de sus bienes y de su propia existencia.

Lo que vivamos el domingo será solo el comienzo. La lucha es permanente y es cotidiana, porque nos enfrentamos a toda una mirada cultural de dominación que debemos erradicar a partir de la cooperación y la integración. Y solo un proceso constituyente puede acercarnos a ser una sociedad emancipada. Y el mayor de los anhelos es que logremos la convergencia de las distintas miradas y organizaciones de izquierda, tan atomizada precisamente y entre otras cosas, por ser una presa de las condiciones actuales en que la vida se desarrolla no solo en Chile, sino que en gran parte del mundo.

De este modo, sumando pasos, daremos el gran salto a la asamblea constituyente que nos permita con reales garantías de participación y democracia, generar un texto que refunde el Estado, poniendo como pilares no la iniciativa privada, no la libertad de enseñanza, sino los derechos sociales tan olvidados y pisoteados en este país que a veces tanto cuesta tratar como propio. Pero ese es el desafío y no es menor.

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mario mendoza

25 de Enero

buen artículo…

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