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¿Por qué se sigue hablando de Estado plurinacional o multicultural?

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Ha comenzado el período de oferta presidencial, en que los candidatos comienzan con su lista de promesas. Y entre esas promesas, hay voces de Estado plurinacional y multicultural. Recuerdo muy bien la primera vez que vi la expresión “multicultural”. Fue en un reportaje de Revista del Domingo de 1991, que habla maravillas de un país que era señalado como un ejemplo de convivencia. Ese país es Yugoslavia. Perdón, era. Unas semanas después de la publicación de ese reportaje, ese país se sumergiría en una guerra sangrienta, precisamente por las diferencias irreconciliables entre las culturas.


"La estabilidad de un Estado favorece a la población. La estabilidad de varios Estados beneficia a todas esas poblaciones."

Desde entonces, ha habido un conflicto permanente entre lo bien que suena el vivir en un país tolerante con otras culturas y lo que realmente pasa en la sociedad, precisamente porque todo discurso en este tema pasa por la palabrita “tolerancia”. Diversos relatores de la ONU han cuestionado seriamente considerar que ello sea sinónimo de aceptar a otros, porque quien tolera en realidad no tiene intenciones de transar con su postura, solo aguanta que otro tenga una distinta… siempre y cuando esa posición distinta no invada su espacio, lo cual, inevitablemente, siempre ocurre. Y se produce la colisión.

Cuando hablamos de un estado plurinacional o multicultural le decimos a cada parte de él que puede pensar, actuar y hablar distinto dentro de un Estado. ¿Qué hace cada parte? Eso, habla, piensa y actúa distinto… mirando por “su” interés. No se genera esa comunión necesaria con el “otro”, no hay el necesario sincretismo, la necesaria transculturación, porque “cada quien puede hacer lo que quiere”. Menos el Estado. El Estado tiene que pensar en el bien común y toda política tiene que diseñarse en pro de esa aspiración ¿Cómo puede hacerlo si cada grupo tiene ideas distintas y, muchas veces, opuestas sobre lo que es el bien común?

El gran problema del discurso multicultural es que tenía sentido cuando se planteaba seriamente que el Estado-nación estaba en crisis, cuando se miraba a la globalización como una ventaja. Ya no es así. Europa, continente donde varios países han aplicado políticas multiculturales durante 40 años, continente en que se pretendió crear un macro- Estado eliminando fronteras, ha ido rindiéndose ante el hecho que la razón de existencia del Estado-nación no se ha extinguido: la protección de su población. ¿Y que entra en ese concepto? Aquellos con los que hay identificación, con quien se ha establecido un sentido de pertenencia, donde hay una conciencia nacional, que se define como estilo de vida donde se comparten símbolos, lenguaje, cultura (entendida como el legado de valores, creencias, costumbres, convencionalismos, hábitos, lengua y las prácticas sociales) y espacio; además de una visión del mundo, del ser, el deber ser y poder ser. La estabilidad de un Estado favorece a la población. La estabilidad de varios Estados beneficia a todas esas poblaciones.

El gran problema del multiculturalismo no es su fundamento, que es que el reconocimiento de la diversidad en un lugar, sino que se ha impuesto de iure, como modelo de gestión de la diversidad cultural. Y ahí está el fallo: fomenta el “yo” y el “otro”. El “otro” es distinto a “yo” y la obligación entre ambos se reduce a “tolerarse” ¿Pero quién es el “otro”? Una cultura considerada de minoría ¿Cuál se perjudica? La cultura de la mayoría, que es vista como opresora. O sea, la mayoría tiene que tolerar a una minoría que lucha por regirse y vivir a su manera, porque son incapaces de comprender que para que su Estado funcione y los beneficie, tienen que transar y aceptar la decisión de la mayoría de actuar de una manera y no de otra. El multiculturalismo no alienta el  “nosotros”, es el “yo” por sobre “ustedes”.

Un Estado puede superar una crisis económica, un Estado puede superar escándalos de corrupción, pero no puede con un conflicto multicultural o plurinacional. Bélgica se hundió debido a un conflicto lingüístico entre valones y flamencos en el año 2010, que los llevó a estar casi dos años (541 días) sin gobierno, y del que aún no se repone. Lo único que mantuvo a Bélgica fue la existencia de una monarquía, el mismo salvavidas que ha tenido España, que tras el conflicto con Cataluña entró al club de países sin gobierno durante más de 250 días. Ese salvavidas no lo tiene Austria, porque es difícil que un primer ministro se mantenga contra el creciente avance ultranacionalista, provocado no sólo por la migración en general, sino por los efectos negativos de pertenecer a la Unión Europea que le ha impuesto forzadamente ser multicultural. Llama poderosamente la atención esta crisis, porque Austria es uno de los escasos países que no sufrió un shock en la crisis económica que se inició en el 2008, y es uno de los pocos que tiene sólidas cifras económicas y de bienestar social. Suecia, el país referente de multiculturalismo, ya había tenido problemas por ello en el año 1990, pero hizo un público abandono de esa política tras la crisis del año 2014, seguido de declaraciones similares de Dinamarca, Holanda y Finlandia porque sencillamente es insostenible y un esfuerzo descomunal mantener un sistema de acogida e integración con gente que no quiere adaptarse, y que pretende beneficiarse de las ventajas de esos países, sin entender que ellas son producto de la cultura de esa población. El multiculturalismo canadiense funciona sencillamente porque no es tolerante: se respeta la diversidad y el relativismo cultural y social siempre que se entienda que todo eso está sometido al respeto de los valores democráticos de los canadienses. O sea, es un multiculturalismo hipócrita, porque tiene una cultura dominante que las demás tienen que respetar.

El multiculturalismo o plurinacionalismo parecen acorde a los derechos humanos. No lo son. Pareciera que protegen ciertas culturas amenazadas por la extinción. No lo hacen. Alientan el individualismo, tóxico para un Estado garante de derechos humanos y que aspira a ser democrático, porque crean micro-Estados, cada cual regido por “sus” leyes y “sus” costumbres, sin intención de aceptar y respetar las de otros, ni aun cuando flagrantemente viole los derechos humanos que ese Estado se comprometió en hacer cumplir. Somos personas, pero no olvidemos que tenemos que ser ciudadanos, con los deberes, derechos y privilegios que le son propios. La democracia no funciona cuando hay muchas voces disonantes, y no se puede proteger el derecho de uno por sobre el de la mayoría. Si un Estado no cuenta con una mayoría de la población que acepta como una obligación social el respeto a normas de mera conducta que la mayoría práctica, y que tienen por objeto la mejor convivencia social, cae en riesgo de desintegrarse, y eso significa que toda esa población pierde a quien tiene el deber de protegerlos.

TAGS: #Multiculturalidad #Plurinacionalismo Estado

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Comentarios

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peon

15 de mayo

¿Cómo puede hacerlo si cada grupo tiene ideas distintas y, muchas veces, opuestas sobre lo que es el bien común?

la razón de existencia del Estado-nación no se ha extinguido

________
Prefiero la expresión que asume a un Estado basado en la razón.

Eso significa que por más multi diferente que sea una sociedad, toda estaría sometida a actuar bajo el criterio de la razón. Para encontrarla, sólo se necesita una herramienta de búsqueda que opere de forma digital.

El problema es que, desde otro lado de la perspectiva, hay un grupo que logra el poder en cada nación y siempre se aleja de la creación y uso de una herramienta que encuentre la razón, lo que además podría ser la fundación de una nueva forma de democracia.

Pienso que sólo basta una buena aplicación del concepto de democracia, basándose en la razón, como para tener implementada la visión de la muticulturalidad.

Esto nos lleva a que aún la diferencia más grande que pueda haber entre grupos significativamente representativos, podría tener una forma institucionalizada de actuar ante las diferencias, de manera que el impacto sea el mínimo.

20 de mayo

Parece interesante aterrizar mas esta visión. por ejemplo como aplicaría en Chile, con sus distintos pueblos originarios y los inmigrantes por ejemplo. está claro que frases retóricas como “unidos en la diferencia”, tienen vicios lógicos y son idealismos ingenuos, hipocresía o retórica. Por supuesto que por el lado emocional o espiritual el amor por todos es un principio unitario que influye en muchas iniciativas de convivencia, pero es insuficiente porque en miles de años a dado lo que ha podido dar y no es suficiente.

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