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Pinochet: el “documental”

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Ver Pinochet es como abrir una pequeña y olvidada ventana hacia el pasado, y no sólo porque las gráficas del “documental” parecen de Almorzando en el Trece, sino que también porque busca promover una versión de la historia que por muchos años fue presentada como la historia oficial

Ver Pinochet es como abrir una pequeña y olvidada ventana hacia el pasado, y no sólo porque las gráficas del “documental” parecen de Almorzando en el Trece, sino también porque busca promover una versión de la historia que por muchos años fue presentada como la historia oficial. Irónicamente, ahora la excusa es que se ha contado una versión de la historia sesgada y que, por lo tanto, es necesario contar “el otro lado de la historia”. Nótese que la intención no es dar las dos visiones o dar una visión completa: es el otro lado de la historia.

A lo largo del film, si hay un tema recurrente, es el de la confrontación: están “ellos”, los “otros”, los terroristas-marxistas-leninistas-demócratacristianos-auquénidos-humanoides, y ante ellos estamos “nosotros”, el pueblo chileno personificado en el Capitán General, quien, como héroe wagneriano, acepta a regañadientes la labor que “la gran mayoría del pueblo” le encomienda. Es recurrente el lenguaje sobre la “salvación” y “liberación” que sucedió el 11 de septiembre de 1973, hito recordado en el film como “la primera gran batalla por la libertad de Chile” (¿y la guerra de independencia?), igualita a la resistencia londinense ante el Blitz.

Haciendo uso extensivo y probablemente no autorizado de documentales como La Batalla de Chile, de Patricio Guzmán y Compañero Presidente, de Miguel Littín, una buena parte de Pinochet podría ser vista como una versión comentada de aquellos documentales. Se rescata un fragmento de una larga entrevista de Allende con Regis Debray, donde e l Presidente asegura que resistirá y se defenderá de un “ataque frontal”, dato que es visto por el film como la prueba fehaciente de que Allende no sólo estaba preparado para una guerra civil, sino que también la estaba provocando.

Curiosamente, el golpe mismo es discutido sólo brevemente. Quizás es justamente la intención del film: hablar de los gigantescos logros del régimen militar. Por un motivo que no queda demasiado claro, se habla bastante sobre la Carretera Austral, casi como si su construcción justificase la existencia misma del régimen, aunque no se menciona el hecho de que aún hoy gran parte de la carretera no está pavimentada y son necesarios los transbordadores para conectar ciertos puntos de la misma.

Sobre el desarrollo económico, se dice que los “Chicagos boys” (mal llamados por el narrador) implantaron un modelo económico nunca antes visto y alabado en todo el mundo, incluso en los países socialdemócratas del ex bloque soviético. No se menciona el impacto de la devaluación del peso en la economía nacional, la destrucción de la pequeña y mediana industria agrícola, ni mucho menos el  que la dictadura deja al país con niveles de pobreza cercanos al 40% y con una desigualdad económica que hasta ahora no se ha podido erradicar. La imagen que se intenta pintar es que antes de Pinochet éramos unos trogloditas insalubres y luego de Él, nos convertimos en magnates europeos.

Luego se habla sobre el compromiso democrático de la dictadura, que quizás sea la frase más contradictoria que he escrito hasta la fecha. Se dice “¿qué dictador ha entregado el poder democráticamente?” ¿Ahora resulta que hasta la transición a la democracia fue acción de Pinochet? ¿Fue acaso una emanación de bondad de don Augusto? Personalmente soy de la opinión de que fue causada por una multitud de factores entre los cuales está la efectiva presión que ejercieron los grupos de la sociedad civil, incluida entre ellas la Iglesia católica de Silva Henríquez y la Concertación misma. Pinochet sentó las bases del juego e incluso así perdió. Como decía el Fortín Mapocho: Corrió solo y salió segundo.

Como era de esperar, no existe mención alguna sobre las  violaciones a los derechos humanos que sucedieron mientras “no se movía ni una hoja” en el país sin que Pinochet lo supiese. Algo de esto se asoma tímidamente cuando se habla del enfrentamiento contra los “terroristas” que, según un tipo en un almacén (no es chiste), eran iguales que los talibanes. Al mismo tiempo, se habla de que estábamos en una “guerra irregular”, por lo que obviamente se justificaba una dictadura que limitó las libertades y derechos personales para salvarnos de una terrible dictadura que limitaría las libertades y derechos personales.

Se asocia también a la nueva democracia con una “revancha” contra Pinochet, pues no se habría aplicado la ley de amnistía a los miembros de las FFAA involucrados en dichos crímenes de lesa humanidad. Se amnistió a “los otros”, entonces ¿por qué no a nosotros? Ni todo el sarcasmo del mundo podría dar una respuesta suficiente para afrontar a la ironía de esa premisa.

Dejando de lado la pobre calidad de los gráficos, la música (melodramática cuando hablan a favor del dictador, de terror cuando se habla de “ellos”), el forzado tono de cuento infantil del narrador, la ridícula premisa de que todo es parte de la historia de un “tata” con sus nietos que le preguntan cómo llegó Chile a ser tan “bacán”, los entrevistados nulamente objetivos y el mal audio (como consejo, cuando sus entrevistados tienen una edad promedio de 97, lo más probable es que no puedan hablar bien por la placa y necesiten subtítulos), el film resume medianamente bien el pensamiento pinochetista, que muchos creíamos cercano a la extinción, pero que con películas como esta pueden ser una señal de que quizás nunca estaremos tan lejos del pasado.

Es cierto que en un Estado democrático todas las opiniones son igualmente respetables, pero esto no significa que sólo por existir deban ser aceptadas y consideradas como ciertas. El respeto que merecen va por el análisis crítico de sus premisas, la evaluación de la evidencia que presentan y una respetuosa pero no por eso débil refutación. 

Pinochet intenta presentarse como un documento histórico cuando en realidad sólo da para un homenaje. Una película que se debiese haber presentado en el cumpleaños de Pinochet y visto por la familia y sus amigos, pues sólo ellos la verían con el propósito de su creación: la adoración de tiempos pasados cuando todo parecía simple porque quienes pensaban distinto a nosotros eran menos que humanos y era fácil mandarlos a islas magallánicas o lanzarlos de helicópteros. Por suerte, no vivimos en esos tiempos.

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Foto: cada7.cl 

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