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Piñera, el gran catalizador social

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Sebastián Piñera es un antipático. Quizás esta característica se desarrolla a partir de su doctorado en Harvard en una compleja mezcla con su riqueza ganada a punta de especulación y timar a otros colegas, lo que alimentó una petulancia insoportable. Esta ha sido una condición histórica de su personaje que se ha visto representado en diferentes episodios públicos desde que se dedica a la política. Desde las interminables Piñericosas a la radio Kioto, los sorprendentes arranques de misoginia y la compulsiva afición por elaborar mentiras sistemáticas sin arrugarse frente a la ciudadanía pareciera indicar que no se da cuenta que todos nos damos cuenta. Esto, junto a su paupérrima evaluación pública (y eso que parte de esa evaluación la han elaborado encuestadores “amigos” de él), una mediocre performance económica y pobre capacidad política permiten creer que quizás Piñera sea el presidente más antipático que ha tenido Chile.


Hoy LGBT, Mapuches, funcionarios públicos, feministas, investigadores científicos, camioneros (por raro que parezca) y los mismos estudiantes, se comienzan a preparar para contrarrestar civilmente a Piñera II

A mi forma de ver, la principal causa de la antipatía hacia Piñera, es su ausencia total de empatía, priorizando siempre el bien personal por sobre todo tipo de códigos sociales, siempre a límite de la legalidad (que en Chile, además, es bastante laxa para los de su clase). En su segundo mandato, ya se aprecia como se ha embestido del poder que significa ser uno de los llamados “dueños de Chile”, apitutando familiares y sin ningún tipo de cautela en sus dichos. Siendo multimillonario y viniendo de una familia de poder político, pareciera ser que ya ve en Chile el patio de su casa: Un área de juegos donde se siente seguro y no puede salir herido, nada le puede hacer daño en su propio patio, incluso las más aberrantes acciones están resguardadas por la sacrosanta virtud de la propiedad privada. Es ahí, en la intimidad del patio trasero, donde él cree que nadie ve lo que está haciendo. Pero no es así.

“Hay terrorismo en La Araucanía,” decía Piñera en una entrevista con Univisión (EEUU), a lo que agregaba: “¿Qué cree usted de personas que quemaron vivo a un matrimonio de ancianos como fue el matrimonio Luchsinger Mackay, que queman las iglesias con niños y mujeres adentro(…)? Eso es terrorismo.” Mezclando hechos con falsedades, Piñera busca validar el uso de la fuerza bruta para reprimir al pueblo Mapuche, creyendo que sus mentiras -invisibilizadas por los medios de derecha nacional-, no serán interpeladas en el concierto internacional. Todo esto en el marco de un gobierno que pareciera pretender profundizar la radicalización del conflicto de la Araucanía con el bullado anuncio del comando jungla. Luego, Piñera, como ya nos tiene acostumbrados, comete otro arrebato de contradictorias decisiones políticas y le toca la oreja al pueblo Mapuche tras la muerte de Kamilo Katrillanka, abrazando al desubicado ex-intendente Luis Mayol y dando señales de que otro mapuche muerto es irrelevante, que lo importante al final es mejorar la eficacia de sus mecanismos de represión para que no maten, sino solamente hieran duramente a quienes organizan a la sociedad civil. Ya sabemos que, más encima, Catrillanca era seguido por estas razones por la policía.

Del sur al norte, las renovadas contradicciones del gobierno de Piñera sobran. La instalación del gobierno en la región de Antofagasta ha sido paupérrima. Una decena de SEREMIs fueron removidos por no ser aptos para el cargo, por tener tejado de vidrio o simplemente renunciaron por diversas razones (la mayoría desconocidas para la ciudadanía). A esta rimbombante ineficacia, se suman los característicos desatinos a la Piñera. El mismo fin de semana que su gobierno lanza la campaña #NoLoDejesPasar en favor de la igualdad de género y defendiendo algunos principios del movimiento feminista, el gobierno decide despedir a la Encargada Regional de Género del Ministerio de Desarrollo Social, quien además era vocera sindical en la región y reconocida líder feminista entre las bases sociales. Esto detona una serie de manifestaciones y diferentes organizaciones de base comienzan a empoderarse ante dicho atropello en una región que hasta entonces permanecía en calma.  

Piñera, ya sea por las tonteras que dice, las omisiones y verdades a medias, las decisiones orientadas por encuestas espurias, las estrategias al filo de lo moral o por su sesgo favorable a la especulación logra, nuevamente, sembrar una serie de semillas de agitación social como lo hizo en 2011. Como pareciera que no lee historia de Chile, no aprendió que a nuestros presidentes siempre les ha ido mal en un segundo mandato. Ahora bien, esta vez ha perfeccionado su arte de provocar y muchos más movimientos sociales se están organizando (quizás cuántas listas ya tiene el comando jungla). Hoy LGBT, Mapuches, funcionarios públicos, feministas, investigadores científicos, camioneros (por raro que parezca) y los mismos estudiantes, se comienzan a preparar para contrarrestar civilmente a Piñera II, demostrando la enorme e involuntaria capacidad de catalizar movimientos de base que tiene nuestro actual gobernante.

Esta vez, nuevamente, los mecanismos de control usados por Piñera son la represión brutal y el manejo de medios de comunicación masiva para orientar la opinión pública. Pero como esto no es el patio de su casa, esta vez ya todos saben que ese es su plan. Esta vez, veremos que pasa.

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