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Paracaídas de oro

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En septiembre los políticos progresistas recordamos la muerte de la esperanza de crear una sociedad más justa e igualitaria, que era la utopía del socialismo a la chilena que pregonaba el Presidente Salvador Allende. De alguna manera, ayer -hace cuarenta y dos años- la mayoría de los que apoyábamos al régimen socialista sabíamos qué hacer y cómo lo haríamos, apoyados en el poder del Estado. Teníamos certezas y una meta clara: construir el socialismo contestatario del capitalismo y  de manera distinta a los llamados países del socialismo real.


Por el momento, nosotros tenemos “derecho” a salir a la calle a gritar lo que queramos, a llenar plazas y recintos varios, pero el poder sigue donde siempre: en las manos de una minoría que hace rato que la democracia y sus derechos dejaron de importarles.

Ahora, no solo en Chile, nadie cree que el gobierno pueda hacer algo. Cunde la sensación de debilidad, de que los gobiernos son débiles frente a los poderes fácticos, de que en general no cumplen con las promesas de campaña, y de que al final “todos los políticos son iguales”. En el artículo “El país de nadie”, me refiero a la imposibilidad de los gobiernos locales de controlar los eventos que cruzan el mundo y menos sus consecuencias. En el país de nadie, que es global, no hay fronteras ni limites de ninguna especie.

El sociólogo, Sigmund Bauman nos dice que no hay reglas globales, tribunales globales, ni menos instituciones democráticas globales, que pongan atajo a las acciones depredadoras del poder global económico y financiero. Los Estados-nación nada pueden hacer frente al poder global. No podemos controlar las crisis económica y crediticia que nos empiezan a afectar como país, porque son un fenómeno global que no se puede resolver con políticas locales, por muy buenas que parezcan. ¿Podemos detener la caída del cobre y la crisis aparejada a la baja del desarrollo en China? Ciertamente no, y tampoco las consecuencias de la crisis de crecimiento de los llamados países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).

Caso paradigmático de lo que decimos, es la crisis de los refugiados que afecta a Europa. Esta catástrofe humana es consecuencia directa de la política aplicada por los Estados Unidos en Irak, Afganistán y Siria, y los resultados están a la vista, es la peor tragedia migratoria de los últimos tiempos.

Para Bauman, las fuerzas que globalizan son: el capital, las finanzas, el comercio, la información, la criminalidad, el narcotráfico, y el tráfico de armas entre otros. Son poderes que abominan de las “leyes nacionales y odian los códigos legales que les imponen”. Por lo anterior, muchos tienden a pensar que la globalización ha sido negativa para países como el nuestro. En efecto, la globalización negativa que hemos descrito no tiene un correlato de globalización positiva.

La pregunta que nos hace Bauman es cómo solucionaremos el problema, de manera de restablecer el equilibrio entre política y poder. Ahora la política es local pero el poder económico es global. La pregunta que nos tenemos que hacer en Chile es cómo restablecer el equilibrio entre la política y el poder. En nuestro país, la política como medio para servir los intereses del ciudadano común está seriamente dañada, algunos de sus actores principales fueron literalmente cooptados -por no decir comprados- por el dinero de las grandes empresas y grupos financieros.

Para muestra, varios botones: la Ley de pesca, y los casos de Penta, Caval y SQM, por nombrar los más relevantes; las presiones sin límites de los gremios empresariales para impedir una ley que fortalezca los sindicatos; la intención de profundizar la desregulación del mercado laboral que ha arrojado al pozo de la pobreza y la desesperanza a millones de trabajadores de todo el mundo.

Leemos en los diarios y en las redes sociales, que una mayoría de la gente tiene miedo por lo que está viviendo el país y quiere el cambio para uno u otro lado, pero también que una mayoría tiene esperanzas, expectativas e ideas de cómo hacer un mundo mejor. En Chile, incluso los políticos que no son corruptos, creen que “si no actúan como quieren las bolsas y el capital viajero, las bolsas quebrarán y el dinero se irá a otro país”. Vivimos en el peor de los mundos: inmovilizados y a la espera de un milagro que nos saque del marasmo imperante en el escenario político nacional.

Estamos empezando a vivir las consecuencias de la recesión mundial en carne propia. Ya nos hablan de recortes y de austeridad en el gasto público. El problema, mis queridos lectores, es que esto -de apretarse el cinturón- corre solo para un sector, la vasta clase media y la mayoría asalariada, son las que finalmente pagan los platos rotos.

No nos hablen de austeridad, cuando el gerente general de la minera no metálica SQM pidió una indemnización de casi cuatro mil millones de pesos, aludiendo a un despido sin previo aviso, como parte de la demanda laboral contra la compañía minera. Este despido, se da en el contexto de la investigación por boletas ideológicamente falsas relacionadas con el financiamiento irregular de campañas políticas. Es escandaloso reparar que por 16 días trabajados en marzo recién pasado, el gerente ya citado pide un poco más de 38 millones de pesos, o sea que ganaba 70 millones de pesos mensuales. Tómese en cuenta que en chile son muchos los gerentes que ganan cifras parecidas y las indemnizaciones (paracaídas de oro le llaman), se pagan a todo evento. Recordemos -solo como ayuda memoria- el caso de La Polar y los millonarios “premios” que recibían sus ejecutivos por crecimiento fraudulento de ganancias.

¿No aprendimos de los abusos cometidos en la banca, grandes tiendas, afps, isapres, clínicas, farmacias y otros? ¡Parece que no! Por eso, los ciudadanos se sienten burlados y están escépticos sobre el rol que puedan desarrollar los políticos de carrera en los vericuetos del poder. Y claro, votaron al legislador o ejecutivo gubernamental en “elección popular” para que defendiera sus intereses y a la primera dificultad, descubren que su “representante” recibió soborno o se vendió al mejor postor.

La pregunta es ¿dónde está el enojo ciudadano, la ira de la gente? Quizás se expresa en las encuestas, o esperamos ese milagro que mencionaba más arriba. Los poderosos acusan al gobierno de arrastrarlos a una nueva unidad popular y amenazan con llevarse sus dineros a otra parte. El presidente de Icare parece respaldar estas afirmaciones cuando dice: “No creo que los privados vuelvan a tener el 75% de su patrimonio en chile”. Llegado el momento de la verdad, los poderosos se salen con la suya.

Por el momento, nosotros tenemos “derecho” a salir a la calle a gritar lo que queramos, a llenar plazas y recintos varios, pero el poder sigue donde siempre: en las manos de una minoría que hace rato que la democracia y sus derechos dejaron de importarles. Hace cuarenta y tantos años, teníamos certezas políticas, hoy nuestros hijos tienen una muy clara: no quieren ser como sus padres.

TAGS: #Democracia Ciudadanía Sindicatos

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Comentarios

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Juan Pedro

05 de octubre

La verdad, poco me importa su comentario. Solo una precisión: es falso que sean “miles” los gerentes que ganen lo que ganaba Contesse. Si ud revisara, vería que los sueldos de la mayoría de los gerentes de empresas IPSA de Chile (si ud sabe lo que eso significa) están entre los 20 y 30 al mes, similar a un rostro televisivo, o futbolista de equipo grande.

Para hacer estas afirmaciones, mejor tener pruebas. Y por lo demás, lo que han hecho con SQM es increíble, una empresa a nivel mundial. Apuesto que si fuera estatal, no valdría ni la mitad, pasaría en huelgas y se dedicarían a repartirse bonos como los del Banco Estado.

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