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Nuestras torres gemelas

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Cuando los componentes de una sociedad se distancian en su calidad de vida tan fuertemente, llegando incluso a alcanzar formas de vida extremadamente opuestas, como es el caso en Chile producto de la desigualdad económica-social, esa sociedad tarde o temprano colapsa.

El Estado nacional está en crisis. La historia nacional ya no produce sentido ni otorga significado. Aquella organización político jurídica impuesta hace 200 años por la oligarquía terrateniente se deshace en su discurso. Poco a poco el esquema común de pensamiento y percepción que se imponía desde el Estado, sobre todo a través del sistema educacional, para homogenizar y controlar a la sociedad, va deteriorándose. Después de todo no es malo volver a recordar que el Estado no es sino la exitosa instauración de un discurso. Lo que verdaderamente está ocurriendo en la Araucanía en estos momentos no es importante, lo que importa para el gobierno es imponer a la sociedad una determinada percepción de la realidad a fin de legitimarse. Los bandos en lucha en la opinión pública se debaten y se escandalizan por el número de muertos en cuestión o si los medios de comunicación han cubierto con igual criterio el sufrimiento, impotencia, o reivindicación delas víctimas de ambos sectores. En el fondo de toda la mediatización del conflicto y la deliberada escenificación pública de la tragedia, en el mismo escenario se debaten de forma soterrada fuerzas políticas por ganar intereses electorales y/o económicos. Unos nombran al fenómeno como crimen o terrorismo, otros como reivindicación o justicia. Después de todo, como dijo un gran sabio, no existen fenómenos morales, sino interpretaciones morales de los fenómenos.

En la Haya o en la Araucanía, la historia nos demuestra que jamás se presenta como una línea recta y coherente, es más bien un discontinuo en que determinados acontecimientos se esconden, reaparecen, estallan una y otra vez en el tiempo. Luego de la guerra del Pacífico, aquello que llamamos Chile con sus nuevas fronteras de norte a sur no fue ni será el fin de la historia. El conflicto mapuche no tiene que ver con el éxito de la aculturación, ni con si han pasado más o menos siglos bajo formas culturales comunes al resto del país, porque la historia es lo más lejano a una serie de etapas superadas en el tiempo. Los pueblos indígenas se distribuyen a lo largo y ancho del país, ellos también fueron despojados de sus territorios ancestrales, en todas las ciudades hay comunidades de distintas etnias con destinos dispares, nuestras casas, colegios, hospitales, ocupan sus tierras y destruyeron también su relación simbólica. En ese sentido, todos somos Luchsinger. Con los indígenas de nuestro entorno cercano, nuestro vecino, también tenemos una deuda, también somos responsables, difícilmente aceptaríamos sin embargo devolver lo que les pertenece y ceder nuestros propios fundos. Es fácil apoyar con un clik a distancia lo que ocurre allá lejos en La Araucanía. Una vez Žižek dijo algo así como que de nada sirve ser tolerante con los niños de África, si discriminamos al vecino de color todos los días. Creo que es algo parecido.

La educación en Chile no está en crisis, está en su mejor momento porque dejo de controlar, se desintegra, la vieja estructura hoy denunciada y enjuiciada desaparece y allí brotan de inmediato las verdades controladas y domesticadas, lo que el discurso oficial había celosamente guardado, institucionalizado. Cultural, social y étnicamente distintos, pero iguales ante la ley, es una de esas tantas estructuras que componen a un discurso nacional que ya no existe. Nunca pertenecimos a una cultura común y a una sociedad homogénea, ni el Estado a lo largo del territorio utiliza sus medios en función de la felicidad pública y el bienestar de la sociedad civil. Todo lo contrario. El Estado nacional y su discurso se reducen hoy en día a su versión más vacía y pusilánime: el Estado policial, cuya única lógica es la producción de seguridad interna y protección de los intereses de grandes grupos económicos unidos por parentesco o interés a la clase política. Sabemos que la seguridad es un abstracto como la libertad o la igualdad, la cual desde el siglo  XVII se utilizó sin embargo cada vez más como un concepto normativo exclusivo del Estado moderno. La seguridad y los escenarios de amenazas derivados de la idea de terrorismo, han tenido siempre aquella función, la de extender y legitimar el campo de acción y autoridad del Estado. En este sentido la desobediencia e infracción a la ley también es señal positiva para el ejercicio de la autoridad, pues de cierta forma se ha logrado implantar un sistema normativo que no existía y que funciona para que lo contradigan.

Cuando los componentes de una sociedad se distancian en su calidad de vida tan fuertemente, llegando incluso a alcanzar formas de vida extremadamente opuestas, como es el caso en Chile producto de la desigualdad económica-social, esa sociedad tarde o temprano colapsa. Es unasociedad que deja de tener experiencias comunes, por lo que  no tiene recuerdo de un pasado común que otorgue sentido e identificación al presente. Un sabio decía que los poderosos se pueden valer por sí mismos y que el derecho se organiza para escudar a los más débiles, para equiparar, esa es su finalidad. El sistema normativo en Chile, por el contrario, resguarda legalmente las desigualdades sociales, económicas y culturales. Lo que diferencia a una sociedad moderna de una estamental es que en esta última, las desigualdades son legales, por eso se reproducen tan fácil de generación en generación y se perpetúan tanto tiempo.

El territorio de la Araucanía en cuestión es interpretado bajo la lógica y discurso neoliberal capitalista, no socio-cultural. Cuando esta lógica capitalista es oficial y normativa, es imposible pensar otra forma de relación con la tierra, que no sea la mercantilista. La ley antiterrorista no protege a la sociedad civil de posibles ataques extremistas, protege a grandes productores y propietarios agrícolas para que puedan seguir produciendo. Toda la legislación y sistema normativo policial están inmiscuidos en esta misma lógica, por ejemplo la ley de educación no protege el derecho fundamental de educación de los estudiantes, ni la ley de estadio seguro protege a las familias para que asistan al estadio, en el fondo protege a consumidores de productos cada vez más caros y excluyentes. Asimismo, la ley de pesca no protege los recursos naturales del país: protege la explotación de determinados grupos familiares.

No son leyes son privilegios y gobernar no es sino cambiar el nombre a las cosas.

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