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NO se nos viene la celebración del SI

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Que el impresentable Leopoldo Urrutia haya llegado a la Cámara de Diputados, que José Antonio Kast fuera candidato presidencial con un no despreciable 7,8 por ciento, convirtiéndose en referente en los medios y por lo mismo invitado constante a programas de tv y a universidades y que Patricia Maldonado se sienta en su casa defendiendo a la figura de Pinochet e insultando  a las víctimas de la dictadura, no es casual, es más, era obvio que sucediera; y  para un grupo no menor, está bien que así sea.

El NO fue un triunfo que marcó un hito histórico, que debería haber significado mucho, pero significó poco. Como suele ocurrir en Chile, no se supo gestionar el éxito, quizás por eso los ganadores, o los que dicen representarlos, sólo supieron administrar notablemente el modelo que dejaron los derrotados. Así, los perdedores impusieron discursivamente su idea de éxito. El resto lo hizo el miedo de los unos y los otros: el miedo a que vuelvan los militares a la Moneda de lo unos y el miedo a que el país nuevamente vuelva a ser lo que fue para el 73 de los otros. Los ganadores olvidaron por qué ganaron, y los perdedores, comprendieron que para seguir gobernando el país, no era necesario ganar.


Los ganadores olvidaron por qué ganaron, y los perdedores, comprendieron que para seguir gobernando el país, no era necesario ganar.

¿Dónde podría estar esa fuente de la cual los Kast, los Urrutias, las y los  Maldonados y miles de que en privado los aplauden, se nutren? Está en todos nosotros, que  por hastío dejamos de defender esos valores en publico, y los circunscribimos a un espacio privado, olvidando lo que lo nos dice otra gran filosofa Simon Weil, “un colectivo no hace una suma”. El colectivo no piensa, esto siempre será un acto individual, ahí está la trampa del modelo que nos  vendió nuestra derecha, que formamos  parte de un colectivo, más o menos igual sobre la base de un esfuerzo individual-material para ello impuso el mercado y con ello nos despojó de lo público y de instituciones capaces de garantizar opciones sobre la base de merito.

Debemos reconocer que la derecha ha sido más hábil en hacer uso de los medios de comunicación, sus medios de comunicación; porque fuimos incapaces de oponernos  con fuerza a la violación de los Derechos Humanos, la privatización del educación y no haber claudicado al hecho  de que las empresas que eran del Estado debiesen haber  sido devueltas a todos nosotros. Así, todo se  rutinizó, por eso se libera a criminales sin pudor, pues no hay sociedad que defienda colectivamente el principio, no el mandato de la justica, sino la ejecución ética de ese mandato, así la misma sociedad queda vaciada de contenido.

La filosofa Hannah Arednt nos lo decía allá por 1951: El mal se banaliza, porque precisamente sujetos normales lo hacen, quienes torturaban durante la, en la tarde cenaban en familia, he ahí la monstruosidad, eran sujetos que torturaban a otras personas.

Generaciones completas crecen con la idea que defender los Derechos Humanos, la justicia, la libertad, la igualdad,  la humildad como principios, en fin, cualquier cosa, da lo mismo. Por lo mismo no puede existir un bien banal, una belleza banal o un acto ético con fines loables que sea banal.

Se viene un año más de la conmemoración del NO, poco me hace dudar que quienes más celebrarán serán precisamente los inquilinos de la Moneda, -es lo veremos-, es lo que haría cualquier político que explota una debilidad, tomar las banderas percudidas por el paso del tiempo y levantarlas, lo que unos no aceptan  por tener un estándar ético básico, otros lo enarbolan como su gesta casi personal y como tienen una panoplia de ilusos dispuestos a hacer mucho por que nada cambie, entonces cualquier victoria, incluso el hecho que haya perdido el SI se puede vestir de triunfo, porque los del NO, pareciera, ser que precisaron de ellos para existir.

Pero no seamos banales con el NO. Se hizo mucho, en materia económica es indudable, aun cuando sean unos pocos los que sientan eso, pasa por que no  tuvo sentido épico del triunfo, se quedó en el reportaje anual, pero no el fondo, que es que en las urnas se derrotó una dictadura criminal y ladrona. Pero las urnas también perdieron pertinencia, pues solo asiste a ellas menos de la mistad de los que dijeron NO, sino cómo nos explicamos los Urrutia, los Kast y las Madonados.

Pero quizás nada de esto importa; porque tenemos excelentes carreteras y una teledensidad informática envidiable, hablamos de tu a tu con cualquier país y seguimos siendo jaguares, aunque sea parchados; y todo eso pareciera ser  nuestra patente de corso para despojarnos de toda crítica.

TAGS: #Plebiscito #Plebiscito1988

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