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Municipales y candidatos independientes: un balance

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Los independientes no son una muestra de la crisis de un sistema, como señala la Ciencia Política más conservadora: la aparición de independientes muestra cómo los partidos han dejado de lado demandas ciudadanas que requieren atención. Si entendemos que la política puede hacerse “con” los partidos en lugar de “sin” los partidos, el independiente será capaz de cumplir un rol funcional en la renovación del sistema de partidos y contribuir a recuperar la fe en la política.

Mucho se ha hablado de que los alcaldes independientes generarían más problemas que beneficios a la institucionalidad y a la gobernabilidad del sistema político. Pero, ¿no es acaso la existencia de candidatos independientes, y su ascenso y popularidad, reflejo de un sistema político en crisis? ¿No es acaso la verdadera pregunta que debiéramos hacernos es cuál es el rol que deben cumplir los independientes en tiempos de crisis política y deslegitimación del actuar político?

Un balance que tome en cuenta los pros y los contras de la existencia de independientes en el sistema político, combinado con un rol claro de estos en el escenario político, cumplirá la función de un análisis multidimensional. Partimos de la premisa de que los independientes muestran la incapacidad del sistema de partidos para canalizar el descontento popular y las aspiraciones de la sociedad, pero que los independientes solo serán funcionales al sistema político si estos deciden gobernar “con” los partidos y no “sin” los partidos políticos, lo que evidenciaría rasgos claros de populismo.

Los pros

Los alcaldes independientes tienen la particularidad de ser actores que provienen o fuera de la política formal (outsiders) o que se desmarcan voluntariamente de los partidos políticos tradicionales en la búsqueda de una referencia nueva con la cual llenar un vacío de representatividad que los partidos tradicionales no han sabido llenar (creación de partidos no ideológicos o “partidos atrapa todo”). Esto permite al actor independiente la creación de un programa basado exclusivamente en las demandas ciudadanas, o poseer una visión claramente técnica de los problemas sociales (basada en la asesoría de expertos por áreas para la solución de las problemáticas sociales, los llamados “technopolitics”)

Los alcaldes independientes también tienen la ventaja de no depender de las elites políticas de los partidos tradicionales, evitando las prácticas clientelares endo-partidistas para poder competir por el apoyo del partido en una comuna o distrito determinado. En la práctica, esto también permite que el candidato, si llegase a ganar, no deba reemplazar a la clase burocrática de su comuna con adeptos o militantes de los partidos que apoyaron a el/la candidato/a. La tendencia, de esta forma, sería llenar los cargos públicos en base a la meritocracia en lugar de favores políticos.

Finalmente, un último elemento positivo de los independientes es su visión más práctica de los problemas públicos, con lo cual las soluciones no tendrían un valor en sí mismo (como lo que sucede con partidos con una fuerte ideología) si no que, como señalara Den Xiao-Ping, “lo que importa no es el color del gato, sino que cace ratones”.

Los contras

La ciencia política se ha encargado de resaltar los defectos de los independientes más que de sus virtudes. Por ello, enunciaremos las tres críticas más comunes a los independientes.

En primer lugar, su independencia es un arma de doble filo. Al no depender de nadie, no poseen un control que impida que esbocen ciertos rasgos de populismo, basado en la comunicación directa entre candidato/a y ciudadanía. Al no necesitar de los partidos para interpretar las necesidades de las personas, el candidato se transforma a sí mismo en el pueblo, generando una relación asimétrica entre el candidato investido de poder, sin intermediadores, y el pueblo al cual desea interpretar.

Al eliminar a los partidos políticos de la relación autoridad-ciudadanía es muy posible que la democracia directa se transforme en una forma directa de control del candidato de la ciudadanía, en una forma superior de clientelismo político, similar a los casos de Juan Domingo Perón en Argentina, y Getulio Vargas en Brasil. Los partidos ni buenos ni malos en sí mismos, son mecanismos de comunicación de grupos organizados que aspiran a ejercer el poder, los cuales pueden ser usados en búsqueda de representar intereses mayores (ideológicos) o particulares (sectoriales). Es deber, por tanto, de un candidato independiente, comprender este peligro, solucionándolo a través de la integración de los partidos en la toma de decisiones, obligándolos a responder a los intereses de sus electores.

En segundo lugar, el candidato a alcalde independiente es débil en recurso humano, es decir, no está dotado de la cantidad necesaria de personas para cumplir las funciones que se propone si gana las elecciones. Los partidos políticos cumplen la función de dividir el trabajo político, profesionalizándolo. Por ello, se convierten en verdaderas bolsas de trabajo de la política, donde un candidato de un partido o coalición, al triunfar, posee a la cantidad de personas necesarias para desempeñar las funciones administrativas propias de la política. El candidato independiente debe necesariamente buscar más gente para llenar los cargos con los cuales se propone cumplir su programa (en el caso de las elecciones municipales), teniendo la presión de que no deben ser de partidos políticos (ya que existe la noción de que los independientes no trabajan con los partidos, como si estuvieran más allá de ellos). De esta forma, para solucionar esta debilidad, el candidato independiente no debe presentarse “solo”, es decir, debe presentarse con un equipo multidisciplinario (aunque si bien con una corriente política clara, para evitar el populismo) de candidatos a concejal que respalden el trabajo del candidato a alcalde, para así evitar que los partidos veten las decisiones del alcalde, como requerir un trabajo mancomunado para que los mejores y con más experiencia en política se dediquen al trabajo municipal. Los partidos abren oportunidades, no las cierran, y solo hacen esto último cuando están viciados. El candidato independiente permite el replanteamiento del sistema de partidos hacia la ciudadanía.

Finalmente, la última crítica que podemos hacer tiene relación con la capacidad de veto de los partidos sobre el poder, es decir, la capacidad de estos actores de bloquear las decisiones y buenas intenciones de un candidato independiente. Un sistema político existe en cuanto tal por que los partidos poseen el monopolio de la entrada y salida de actores, como de la toma de decisiones. Por ello, la llegada de un candidato independiente, si bien cambia el escenario político, no modifica dicho adagio. Un candidato independiente puede ser fácilmente saboteado por los partidos, ya que estos controlan cuotas de poder a nivel nacional. Por ello, el candidato independiente debe comprender que no puede gobernar solo, sino que debe aprender a trabajar con los partidos, a la vez que los partidos deben aprender que los independientes son necesarios al sistema político en cuanto recuerdan a los partidos que su función es representar intereses ciudadanos.

El balance

Ninguno de los contras mencionados es insalvable. Todos requieren la capacidad del candidato independiente de tomar conciencia de cómo funciona en realidad la política. Por ello, debemos distinguir dos conceptos: la “política” y lo “político”. La política se refiere a los procesos cotidianos mediante los cuales una idea se transforma en un hecho, en una decisión (generación de acuerdos para la modificación del statu quo y la resolución de problemas sociales). Por su parte, lo político se identifica con la esencia, con la metafísica de la política, con la idea de representar los intereses de las personas de cualquier forma posible. Aquí la política y lo político entran en conflicto, ya que no necesariamente van de la mano. Un equilibrio entre la política y lo político es fundamental para que el candidato independiente no se desvíe en el primer problema identificado: el populismo.

Los independientes no son una muestra de la crisis de un sistema, como señala la ciencia política más conservadora. La aparición de independientes muestra cómo los partidos han dejado de lado demandas ciudadanas que requieren atención. Si entendemos que la política puede hacerse con partidos en lugar de sin partidos, el independiente será capaz de cumplir un rol funcional en la renovación del sistema de partidos y contribuir a recuperar la fe en la política.

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