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Más democracia, menos liturgia electoral

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Durante la liturgia electoral de este año observaremos el resultado de algunos que, con cierta hidalguía y cargados de las experiencias del movimiento social, se atreven a machacar la dura, gruesa y custodiada pared que separa a los ciudadanos y pobladores del feudo en que se han convertido las instituciones políticas.

Es difícil defender que un voto cuenta en Chile. En particular porque el sistema fue diseñado para que el voto no cuente, y solo sea parecido a un trámite litúrgico que legitima las decisiones de los partidos sobre quiénes detentan cargos en las instituciones políticas. Son esos los partidos que decidieron jugar en el andamiaje legal creado por la dictadura cívico-militar. Ese andamiaje se ha mantenido con cambios meramente cosméticos durante los gobiernos civiles posteriores, ya sea por voluntad política (o falta de ésta), acomodo u honesta incapacidad.

Cuesta defender que el voto cuenta en Chile cuando se observan cierres institucionales tales como el sistema binominal y los quórums calificados. Ambos mecanismos que permiten un empate artificial entre dos coaliciones, ninguna de las cuales tiene capacidad de reflejarlas mayorías que buscan influir para cambiar el andamiaje legal dictatorial. Es decir, es casi imposible construir proyectos que puedan hacer cambios que realmente modifiquen la base ideológica de la dictadura. Más aún si uno juega fuera del deslegitimado sistema de partidos políticos.

Más allá de las dificultades para defender el voto como algo que importe, lo que es posible observar, de forma germinal, son las formas de ejercicio democrático que escapan a la liturgia electoral de los partidos. La última década en Chile nos muestra hoy una democracia con nuevas formas que se incuban, o formas viejas que se refrescan, en el seno de los movimientos sociales, particularmente los movimientos estudiantiles. Estas prácticas democráticas no solo cuestionan en los hechos la legitimidad del modelo actual, sino que también promueven y cultivan una fuerza social que ve la democratización con ojos nuevos, más directos, más sentidos como el mandato de un proyecto colectivo que se cuestiona y ejecuta en constante deliberación. Así, estas formas se alejan de la representación individual tipo “cheque en blanco” con que hoy actúan quienes son electos en el ritual institucional.

El valor educativo de comprender el funcionamiento de las instituciones políticas formales se ve tremendamente impulsado por las prácticas democráticas que se ejercen en la periferia del sistema, y que hoy se expresan con cada vez más madurez y capacidad de fuerza. La experiencia de la movilización estudiantil y social –en el “Mochilazo” del año 2001, movilizaciones contra el crédito bancario con aval del Estado el 2005, la Revolución Pingüina del2006, las huelgas de subcontratistas del cobre en 2007, o las movilizaciones sociales del 2011-, representan oportunidades de aprendizaje de alcances aún insospechados para la construcción de modelos de democracia distintos al que representa la institucionalidad dictatorial. Ha sido el voto en una asamblea estudiantil o sindical a veces más importante e influyente que el voto a un candidato de los partidos tradicionales. No por nada las instituciones políticas formales caen cada vez más en un velo oscuro de deslegitimidad.

Durante la liturgia electoral de este año observaremos el resultado de algunos que, con cierta hidalguía y cargados de las experiencias del movimiento social, se atreven a machacar la dura, gruesa y custodiada pared que separa a los ciudadanos y pobladores del feudo en que se han convertido las instituciones políticas. Por mientras, es necesario contar con experiencias de democracia que forjen un nuevo camino. Un camino quesea el que guíe las fuerzas una vez que logremos romper esa pared e ingresar de una vez al feudo de los políticos actuales. Necesitamos prácticas democráticas nuevas que superen en los hechos al ritual electoral y lo transformen solo en uno de los elementos de una democracia más representativa de ciudadanos y ciudadanas, de pobladores y pobladoras. Sólo así podemos hacer que los votos hoy cuenten, cuando la democracia sea la que cuente y no solo el rito de votar por los mismos de siempre. Sospecho que es cosa de tiempo. Por mientras hay que seguir educándonos y dejar de echarle culpas ajenas a quienes deciden abstenerse de votar esta vez.

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