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Maldición de Malinche

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Cuando escucho a la derecha y en general a los defensores de la propiedad privada referirse a la libertad individual y el derecho al emprendimiento, sólo trato de entender dónde topamos para establecer un consenso, y claro, éste es el punto de inflexión entre dos grandes formas de entender el mundo y la economía. Y ojo, cuando hablamos de propiedad privada se hace referencia a lo material, productivo, de servicios, de bienes de consumo y no de la individualidad, que son cosas distintas.

Así, no se está haciendo referencia a las creencias, conocimientos, valores y talentos personales, aunque éstos también están relacionados con una ideología económica, la que por cierto, debe tener valores. Es decir, no van por carriles separados la ética y la forma de producir. En realidad, no lo pondría como un punto contradictorio, sino como algo aparentemente irreconciliable, pues claramente hacemos referencia a que un Estado fuerte sea capaz de expropiar y redistribuir.


Ese sueño de la igualdad norteamericana nunca fue y no será nuestro sueño tampoco, porque ambos se equivocan si creen que la igualdad y la libertad están en el consumo igualitario.

Después de 50 años y con la perspectiva histórica necesaria, lo que en cierta medida hizo Frei Montalba y luego profundizó Salvador Allende, fueron reformas totalmente socialdemócratas, que no eran otra cosa que un capitalismo protegido, con un Estado fuerte y con un sistema de pensiones basado en la solidaridad inter-generacional, con sindicatos grandes y una participación social como centro de la vida pública.

Todo esto destruido por un golpe militar y profundizado por una alianza neoliberal con EEUU, a través de la formación de economistas en la Universidad de Chicago, que luego volverían a hacerse cargo de la instalación profunda del neoliberalismo a través de la privatización de los servicios básicos, jibarización del Estado, del modelo educativo, del sistema de salud y las pensiones, pensados como empresas con fines de lucro. Al fin el paso para la creación de un Estado subsidiario.

¿Por qué el derecho a la propiedad privada es un tema tan relevante para sectores conservadores?

Y en eso nos quedamos 50 años pegados como decía Amparo Ochoa…tú, hipócrita que te muestras, humilde ante el extranjero, pero te vuelves soberbio con tus hermanos del pueblo…Así, los valores de la meritocracia y el esfuerzo individual, calaron hondo al punto de la desvalorización de lo colectivo como esencia de la vida. Y hoy por hoy, el concepto de solidaridad lo usa sólo el mercado que hace publicidad engañosa de los que ellos (las empresas) no son lo que son, sino solidarios con todos nosotros, poniéndose a altura de las circunstancias. Impactante ver que la publicidad en cuarentena aparece mostrando a las empresas como humanas, circulares, cooperativas por un rato parece el sueño que imaginé de una sociedad más justa.

Ahí están adaptando las ventas, el retail, a la publicidad a la emergencia, al amor, la familia, la caridad. Al fin todos confinados como Huxley nunca imaginó. Un poco el sueño americano de los 50 que también termina por homogeneizar a los ricos y a los pobres como pertenecientes a una gran familia originaria, inmigrante e igual: lo que queremos es vivir bien, proteger mi propiedad y mi familia, lo mío que tanto me costó gestar (es cosa de ver un par de películas gringas). Ese sueño de la igualdad norteamericana nunca fue y no será nuestro sueño tampoco, porque ambos se equivocan si creen que la igualdad y la libertad están en el consumo igualitario.

Con mayor razón todo el contexto coronavirus, tiene que ver con la sobrevaloración de la propiedad privada y el desconocimiento que se tiene respecto a la propiedad colectiva y estatal, pues cuando los marxistas hablan de la propiedad privada, no están haciendo referencia a los objetos de uso como una casa o auto, sino a los medios de producción. De hecho, existen dos conceptos descritos en «El Capital» que pueden ayudarnos a comprender mejor las ideas del marxismo; estos son: «propiedad privada capitalista» y «propiedad privada que se funda en el trabajo personal». Así el burgués vendría siendo el empresario, el dueño del retail, el propietario de los recursos naturales como el agua, el cobre y de los servicios como el transporte, la electricidad, el predio a orillas del lago. Esos señores son los que nos tiene hechos mierda y que se llevan el pedazo más grande de la torta. Pero acá no se trata de copiar burdamente las ideas de Marx, lo importante es que entendamos los conceptos que la constitución del 80 instaló: la propiedad privada como valor inalienable.

Lo que Marx plantea es el impedimento de que unos grupos con influencia social y económica se apropien del trabajo de los otros, de su fuerza de trabajo, de su creación de valor y más encima de sus excedentes, esto no se trata de creer o no en el marxismo, se trata de tener un poco estómago y ética básica de que el chancho no puede seguir estando tan mal pelado: ¿ahorro obligatorio y abusivo de las AFPs?, ¡hasta cuándo!.

En términos del trabajo, la constitución chilena solo se hace cargo de proteger la libertad de ofrecer y escoger trabajo, sin discriminación, dejando a las leyes con regulaciones específicas al Estado subsidiario. La Constitución del 80 se preocupó de establecer el derecho de propiedad privada eliminando la expresión “hacerla accesible a todos”, por la función social de la propiedad y eliminando el mandato al Estado de propender “a la conveniente distribución de la propiedad y a la constitución de la propiedad familiar”.

Este es el marco de jurídico desde donde nos movemos, aún después de 30 años, sin existir voluntad alguna de abolirla en democracia, por el contrario, para evitarse el conflicto político, se soslayó sistemáticamente enfrentar el cambio de la constitución, sólo realizando reformas constitucionales sin tocar su estructura.

Como dice Amorós, finalmente triunfa el control del big data, las cámaras ocultas, la sociedad del temor. Y aquí estamos de nuevo, con otra causa: la Unidad Popular, los militares traidores, la represión, la democracia, los derechos humanos y derechos del consumidor, todo junto mientras la movilidad social crecía en Chile y todos volaron al sudeste asiático de una, compraron departamento y auto. Y en esta historia quedamos 40 años pegados. Y así suma y sigue. Hoy, en pleno siglo XX nos siguen llegando gringos y les abrimos la casa y los llamamos amigos, pero si llega cansado un indio de andar la sierra, lo humillamos y lo vemos como extraño por su tierra. Qué más doloroso que el malinche de los pueblos originarios de sudamérica, nuevamente sus problemas homogeneizados por el capital y como consumidores que somos todos. Y no solo los pueblos originarios también todos nosotros mestizos homogeneizados por el capital.

A quién se le iba ocurrir que luego de seis meses de lucha ininterrumpida, con brutal represión y con un gobierno de derecha que hace oídos sordos de todas las demandas sociales, con autoridades ignorantes haciéndonos pasar vergüenza una y mil veces, con comentarios machistas, xenófobos, homófóbicos. Al fin con las penosas declaraciones de un gobierno cayéndose a pedazos por simplemente no tener idea lo que es la política pública una la política de Estado, lo que es un Gobierno y su administración. No entender que la vida puede ser para vivirla con bienestar básico y seguro, con nada más, envés de acumular, tener ganancias, reinvertir y ganar una y mil veces con un negocio redondo, sin reglas del juego, con unos actores mucho más informados y aventajados que los otros. De qué autorregulación me hablan?. Ellos son la clase política, los empresarios y el Estado convertidos en empresa que traspasa bonos unos después del otro.

Sin embargo acá no hay vuelta atrás. Se acabó el concepto de trabajo como valor en sí, pues se inicia la era en que la comunidad, lo colectivo, la sobrevivencia, el valor básico de la vida es lo que se presenta tras la emergencia sanitaria, el confinamiento, el destierro en tu propia tierra, sin la esencia de lo humano que es la relación social, (no somos Viernes en la Isla Robinson Crusoe), somos seres sociales que nos relacionamos entre sí, eso es lo que nos hace humanos.

Solo que el capitalismo neoliberal debe acabar, y esta vez no por una revolución social violenta, sino por el convencimiento de que ya basta de abusos. Pero como la historia nos enseña que las buenas acciones no existen per se y que las transformaciones no serán en un camino de rosas, a las empresas abusivas se las debe destruir bajo su propio juego: el boicot, la desafiliación, el mercado local alternativo, la conciencia. Sin ser ingenua, se debe abolir la Constitución del 80 para empezar y de ahí comenzar a construir un país, una economía, refundar una sociedad basada en la justicia.

Oh, maldición de Malinche,

enfermedad del presente, ¿cuándo dejarás mi tierra?

¿Cuándo harás libre a mi gente?

 

TAGS: #Coronavirus #ModeloNeoliberal Desigualdad Social

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Comentarios

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Catalina

30 de Mayo

Muy buena columna, certera y clara. Vamos al boicot y la solidaridad!

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