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Los hermanos del hijo pródigo y los héroes de la Concertación

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¿De qué se trata todo este ruido entre los dirigentes de la Concertación en contra del programa de la Nueva Mayoría? ¿Hay algún interés vigente? ¿A quién defienden?

“No hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo”. Víctor Hugo

Hasta que no termine el liderazgo de una generación traumatizada por el golpe de Estado, que si bien va en retirada, aún no se extingue, no se podrá avanzar como país verdaderamente.

Estas semanas hemos visto, luego de la presentación de “Gobernabilidad, lecciones de la experiencia”, recopilación de textos de Edgardo Boeninger, y ante la batería de reformas que el gobierno ha presentado, el despliegue en masa de la vieja Concertación, tratando de ponerle freno, o como ellos dicen, de buscar dialogo y generar grandes acuerdos nacionales, planteándose en contra de una Nueva Mayoría que instalaría, según ellos, un estilo refundacional sobre su obra (ya no la de Pinochet) y polarizar el país.

No por ser evidente hay que dejar de decir que es cada vez más inaceptable que en un Chile que es radicalmente distinto, cultural y socio-económicamente, se pretenda seguir argumentando bajo las lógicas de la transición. La generación de la Nueva Mayoría está llamada a hacer los cambios que ofreció y que el pueblo le mandató, no por arrogancia intelectual, sino porque no hay espalda política para aguantar más gradualidad que sostenga estructuras vencidas. Las heridas individuales de la dictadura y la calidad moral de combatientes de ella ya no son suficientes credenciales luego de tres décadas en el poder, administrando un modelo de Estado del que dijeron ser firmes opositores en un inicio, pero del que sacaron jugosos réditos, y para peor, ratificaron, profundizaron y validaron ante el pueblo. Agradecidos somos las generaciones post-plebiscito de que este país no haya sido vuelto a tomar por los militares, pero ya es momento de retirarse dignamente a casa.

Ante ello, tenemos que reivindicar la democracia. Ella es un espacio de discusión, debate y de adversarios (no de enemigos). Y el espacio por esencia que representa esto es el Congreso Nacional. Enfrentémonos con la derecha, confrontemos las ideas, disputemos la hegemonía. El miedo a que la oposición retroceda en posiciones fascistas no tiene porque espantarnos de “crispar” el escenario político si es necesario hacerlo. Las reformas que plantean el gobierno y nuestra coalición tienen que romper huevos para hacer tortillas, no hacerles “cariñitos” a los sectores poderosos de nuestro país. No nos eligieron para seguir haciendo lo mismo de hace 25 años, y la elite tiene que saber que se les acabó la fiesta.

Como sabemos, sin embargo, que los veteranos cuadros son duros, y que tienen muchos intereses, viejos jóvenes y seguidores dentro de la Nueva Mayoría, hay que combatir y disputarles el control de los partidos políticos de centro y de izquierda a esta óptica del pasado, bajo esta mirada gramsciana de la construcción de nuevas hegemonías internas que se sepan ética y políticamente superiores a las rencillas de la transición para pensar el país del futuro. Al fin podemos celebrar que se ha acabado la lógica de auto-complacientes v/s auto-flagelantes (esa brillante interpretación de Moulian), y se ha abierto la disputa entre quienes defienden el viejo pacto social v/s quienes alientan un nuevo acuerdo país.

Como son hechos sobre la marcha, y no historia, son difusos los márgenes de quienes integran el segundo grupo (¿Girardi?, ¿Jackson? ¿Rincón?) pero si está más que claro quienes forman el primero.

En la interpretación de los últimos hechos, se hace urgente ante el deseo de la vieja guardia de, literalmente, llevarse de vuelta la política a sus casas, y así hacerse ficticiamente necesarios para la Nueva Mayoría y La Moneda por sus conexiones con la elite, cosa de que cuando vengan tiempos más oscuros, que están incentivando con declaraciones por la prensa, seminarios y reuniones con empresarios, los llamen para volver a los puestos de combate de antaño y dar su última quemada a un cigarro que, por edad, deberían haber dejado hace tiempo. Pero debemos tener claro que el poder electoral a ellos los abandonó de manera empírica y objetiva: Alvear, Sabag, Escalona y Muñoz, perdiendo las senatoriales es la más clara imagen de que la ciudadanía les dio la espalda.

Entonces, el problema no es que falte un Boeninger, la democracia de los acuerdos o el dialogo social (que de hecho, para motivo de alegría, es excesiva en el nuevo contexto), sino que la vieja Concertación quiere dar el zarpazo en contra de una Nueva Mayoría que nunca mató a sus padres políticos, a Sergio Bitar, Ricardo Núñez, Gutenberg Martínez, Camilo Escalona, Andrés Zaldívar, etc. Esta tarea era necesaria y oportuna en el momento en que se perdió el gobierno en 2009, donde se debería haber dado una renovación de ideas, rostros y formas de ejercer el poder. No se dio en su totalidad, fue un proceso truncado, por la misma dejación de la nueva generación llamada a tomarse el control de los partidos de centro e izquierda, siendo reconocido de parte por Lagos Weber, Tohá, Orrego, Elizalde que, en muchos casos, solo tienen prestado el poder.

En esta cuña que se está formando en la centro-izquierda, pareciera que al mismo tiempo, y de forma paralela, estuviera siendo forzado por parte de Michelle Bachelet como forma de renovar el sector, atrayendo al Estado a grupos ajenos o nuevos a la coalición de gobierno, más limpios política y éticamente, como los asesores de Revolución Democrática, Izquierda Ciudadana, MAS y del Partido Comunista, para darle aires frescos al sector, aunque con la evidente contradicción de mantener al sector asociado a Camilo Escalona dentro del Partido Socialista en puestos importantes de gobierno, mientras al girardismo y a los príncipes se les dejó fuera. Se agradece que, o por la razón o la fuerza, se realice esto, pero no abandonando a los buenos grupos que están emergiendo en el interior de los Partidos de la Nueva Mayoría, obviando a todos los cuadros que ella la componen.

Bajo esta razón es que aparece la triste parábola de los hermanos del hijo prodigo: ¿Qué hemos hecho mal los que estamos dentro de los Partidos de la Nueva Mayoría, los que no nos hemos ido a buscar oportunidades por fuera, los que estamos realmente comprometidos con el programa, que teniendo la misma voluntad de combatir a las fuerzas conservadoras de oficialismo y oposición, no estamos siendo considerados por La Moneda?, ¿Por qué se le dan privilegios en la captura estatal a quienes no están realmente comprometidos con el programa?, ¿Nos hacen una invitación a no ganar los espacios desde dentro de los partidos?, ¿A qué es mejor transitar por los pasillos del poder que dedicarse a trabajar en terreno, dado que eso recompensa más?, ¿Qué mejor empujemos nuestros ideales desde fuera de la coalición?

Quiero que esta cuña que se está formando entre la vieja Concertación y la Nueva Mayoría por las reformas sea la forma de pasar a retiro a muchos cuadros políticos y su forma de pensar la política, para que se dé paso a los dirigentes y liderazgos que se formaron a la luz de Ricardo Lagos y del primer gobierno de Bachelet, pero que no se deje de lado en la disputa a los que hidalgamente estamos dentro de los partidos de la Nueva Mayoría combatiendo hace años a las antiguas dirigencias y sus retrasadas formas de pensar el país, por privilegiar a los out-sider que no le hicieron campaña a Michelle Bachelet, ni se quemaran por ella si le va mal, ni han asumido el costo político de darle el apoyo, finalmente, incentivando a la despartidización de la política.

La nueva hegemonía social, cultural, económica y política de Chile está enfrente de nosotros, construyéndose. Y para ello no necesitamos a la vieja Concertación para comprenderla, sino que efectivamente, una Nueva Mayoría, que somos nosotros mismos, los que definiremos el Chile de los próximos 40 años.

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