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Los 15 de la fama y el binominal

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La “oligarquía electoral”, o lo que se conoce como el “duopolio Alianza-Concertación”, genera el hecho de que, a nivel de diputados, entre el ’89 y el 2009, sólo en 14 oportunidades se ha elegido un candidato que no pertenece a ninguna de las dos coaliciones dominantes. La brutalidad se observa cuando constatamos que esa cifra representa sólo el 1,9% del total de los escaños en competencia (720). En el Senado eso ocurrió cuando, en el 2005, salió electo el Senador Bianchi por la 19° circunscripción; cifra, que representa el 0,8% de los escaños en disputa a ese nivel (132). Considerando ambas cámaras, sólo se ha logrado romper el binominal en el 1,7% de los casos.

Los “15 de la fama” se distribuyen de la siguiente manera. En las parlamentarias de 1989 fueron tres los que rompieron el “enclave binominal”; en 1993, ninguno, en 1997, en cuatro distritos; en el 2001, una vez y en el 2005 en dos ocasión (un diputado y un Senador). En las últimas, del 2009, ocurrió en 5 casos.

En las parlamentarias del ’89 hay tres diputados que no pertenecen a ninguno de los pactos dominantes. Son dos que van en la lista del PAIS (Juan Pablo Letelier en el distrito # 33 y Juan Martínez en el distrito # 45) y uno que va como Independiente fuera de pacto (IFP) en el distrito # 42, y que es el diputado Hosain Sabag Castillo, militante de la DC. Este hecho, determina que la Concertación pasara de 69 diputados a 72 en el primer parlamento de la re-democratización.

En el ’89, el binominal (más los senadores designados) salvó a la derecha de una debacle electoral que hubiese cambiado el panorama político de los años siguientes. En esta elección es cuando el binominal funciona con la mayor distorsión conocida a la fecha. Es la “camisa de fuerza” que le da un respiro a la derecha. Los doblajes podrían haber sido mayores si la lista de la Concertación y la del PAIS hubiesen ido juntas.

En las parlamentarias del ’93 todos los cupos se los lleva el pacto duopolico. Sin embargo, se observa que Letelier y Sabag repiten son re-electos en el marco del pacto Concertación. En el distrito # 45 aparece la figura de Navarro. En esta elección la Concertación se queda con setenta diputados.

En las parlamentarias del ’97 hay cuatro diputados que logran romper la lógica binominal. Salen dos diputados electos como independientes fuera de pacto y dos pertenecientes a la desaparecida Unión de Centro Centro (UCC). Los Independientes fuera de pacto son Rosa González, en el distrito # 1, y Samuel Venegas, en el distrito # 15 (que en la elección anterior había sido electo en la lista de la DC). Los electos y militantes de la UCC son Alejandro García Huidobro, en el distrito # 32 y María Ovalle, en el distrito # 35.

En esa ocasión sólo uno tiene vínculos con la Concertación (Venegas) y los otros tres son cercanos a la derecha; de hecho, Rosa González y García-Huidobro se convirtieron en militantes de la UDI y la esposa de Fra-Fra desapareció de la escena política. En la siguiente elección son reelectos en los mismos distritos Venegas, González y García; el primero como militante radical y los otros dos en representación de la UDI.

En las parlamentarias del 2001 sólo hay un diputado electo que no pertenece a la “oligarquía electoral”. Se trata del independiente fuera de pacto Iván Paredes Fierro en el distrito # 1; no obstante, es una figura vinculada a la Concertación; específicamente al mundo socialista. De hecho, en la elección siguiente es electo en la lista de la Concertación como militante del PS; y anteriormente, había sido Alcalde Socialista.

En las parlamentarias del  2005 nuevamente hay un solo diputado que rompe la lógica binominal. Se trata de Marta Isasi Barbieri, perteneciente al Partido de Acción Regionalista, que forma parte del pacto Fuerza Regional Independiente (lista A). Es electa en el distrito # 2. En la elección siguiente es electa como Independiente UDI en el marco del pacto de la derecha. En esta elección hay que agregar al Senador Bianchi, que es elegido como independiente Fuera de Pacto.

En las parlamentarias del 2009 hay cinco diputados que rompen el binominal. De ellos, tres pertenecen a un Partido y dos son IFP. Los electos por el PRI (Partido Regional Independiente) son Pedro Araya, en el distrito # 4;  Luis Lemus, en el distrito # 9 y Alejandra Sepúlveda en el distrito # 34. Los independientes fuera de pacto son Pedro Velásquez en el distrito #  8 y  Miodrad Marinovic en el distrito # 60.

Los electos en el pacto del PRI tienen vínculos con la Concertación; aún cuando se planteen como alternativa al duopolio. Sepúlveda y Araya tienen vínculos con la DC y Lemus con el PS. De los tres IFP, dos son cercanos a la derecha (Bianchi y Marinovic) y uno a la DC (Pedro Vélasquez).

Los “15 de la fama” representan, por tanto, ese pequeño número de diputados que han logrado (dadas ciertas características en sus espacios local-electorales) romper el “duopolio binominal” siendo electos como Independientes fuera de pacto o como miembros de otro pacto-partido.

De los “15 de la fama”, nueve han tenido o tienen vínculos con la Concertación y seis con la derecha. La “camisa de fuerza” que caracteriza la “oligarquía electoral” se expresa y fortalece cuando observamos, por tanto, que de una u otra manera son figuras vinculadas a los partidos del “duopolio binominal” (antes o después de la elección). Es decir, debe existir cierto vínculo o parentesco con el duopolio para tener posibilidades de ser electo.

Otro aspecto que hace posible que se rompa el binominal es que se trata, en su mayoría, de políticos con fuertes rasgos de liderazgo cacical al interior de sus espacios locales (Venegas, Sabag, Velásquez, Rosa González, Paredes, Araya y Lemus).

Y finalmente, encontramos el hecho de que en la mayoría de los casos los pactos oficiales han llevado candidatos muy débiles que no sólo debilitan la opción “duopolica”, sino también –y a su vez-, fortalecen la opción del IFP o del partido en competencia como ha ocurrido con el PAIS, PRI y la UCC. En este caso, sólo el pacto del PAIS tuvo en sus respectivos distritos una Concertación débil.

Se observa, por tanto, que es poco probable romper la “oligarquía electoral” vigente (casi imposible). Este hecho, está a) ahogando la participación político-ciudadana, b) desprestigiando la política y sus representantes, c) debilitando la competencia político-electoral (¿para qué competir?), d) debilitando la representación social y política, e) estancando las demandas ciudadanas y f) aumentando el conflicto socio-político. En definitiva, la “oligarquía binominal” está generando una democracia estancada, sin incentivos para competir y sin poder escuchar a los ciudadanos; que son, los verdaderos y únicos soberanos.

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Foto: Melissa Morano / Licencia CC

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