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Lo indígena y lo alternativo moderno en el buen vivir/sumak kawsay

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Desde los años -especialmente en esos años- de la Asamblea Constituyente del Ecuador (2008-9), el buen vivir/sumak kawsay (en kichwa) fue motivo de interpretaciones y comentarios diversos. En el lado negativo, había temor en ciertos sectores políticos y sociales; lo entendían ingenuamente como una vida despreocupada e inaceptable al estilo de una dolce vita. Para otros, de pensamiento modernizador, connotaba cierta oscura intención de retorno civilizatorio y hasta un simple regreso a la “época de las cavernas”.

Entre las fuerzas interesadas en el fracaso de la Constituyente, acostumbradas a las afirmaciones más o menos dogmáticas, se exigían propuestas definitivas y concretas –sin percibir la apertura de horizontes culturales y políticos que implicaba. Aun otros que habían alentado la inscripción de este principio fundacional, no podían valorar toda la trascendencia de la decisión de su reconocimiento constitucional.


La vida en un tiempo circular es una de restauración continua de las armonías de lo que existe: humanos, sociedad y Naturaleza.

La efectiva complejidad de la palabra buen vivir/sumak kawsay se transparenta, por ejemplo, en la necesidad de distinguirlo de lo que en occidente conocemos como el “bienestar social”, los Estados de bienestar (socialdemócratas) del siglo XX. Es imprescindible la recuperación en ella de cosmovisiones de pueblos y nacionalidades indígenas latinoamericanas, cuestión notable también en los debates constitucionales contemporáneos de Bolivia. Pero la modernidad persigue aun a sus más fervientes impulsores : para legitimar la relevancia actual de estos nombres, hasta Alberto Acosta, ex presidente de la Constituyente, se ve necesitado de hablar de una cierta “modernización” que ellos implican. Así con la “incorporación de muchos y valiosos avances tecnológicos de la humanidad”, frase que se rinde ante la civilización de la tecnología moderna y que asume el valor universalista de la “humanidad”. Y no es que no tendamos a comprender lo que Acosta quiere decir, sino que se trata del sentido como algo se justifica en el discurso.

Acosta no se pierde, sin embargo, cuando se trata de criticar el concepto y realidad de lo que ideológicamente llamamos “desarrollo”, y de mostrar la diversa cosmovisión del tiempo que introducen las referencias indígenas. Sin duda, dice, es el antropólogo indígena Carlos Viteri Gualinga quien destaca primero la concepción circular, no lineal, del tiempo. Linealidad “progresiva” que presenta estados de evolución anterior/posterior, y que informan la dicotomía de desarrollo y subdesarrollo. Del mismo modo, tampoco encontramos la concepción occidental moderna de la “pobreza” asociada con la carencia de bienes materiales industriales, o de “riqueza” vinculada a su abundancia. Bien entendido, no se trata aquí de un discurso del (sub)desarrollo ni de la polaridad hegemónica de “pobreza/riqueza”.

El buen vivir/sumak kawsay dice una alternativa, y en ella la vertiente indígena es fundamental. La síntesis con esa cosmología nos separa de la sociedad del bienestar como satisfacción de necesidades en el paradigma occidental. Pero entonces es importante la consideración de su aspecto “en permanente construcción y reproducción”. La vida en un tiempo circular es una de restauración continua de las armonías de lo que existe: humanos, sociedad y Naturaleza. A nosotros se nos aparecen otros “valores” como la relacionalidad, de difícil traducción, las relaciones de orden espiritual con las deidades del cosmos y las posibles concepciones del “futuro”.

Descubrimos cierta cercanía del buen vivir con experiencias presentes de carácter económicas y ecológicas, y su reclamo por parte de amplios movimientos sociales. El crecimiento económico indefinido parece cada vez más cuestionable dada la finitud de posibilidades de nuestro planeta. Las perturbaciones ecológicas amenazan los equilibrios básicos de muchos ecosistemas, la biodiversidad, y la realidad del calentamiento global aparece como culminación de un proceso destructivo. La ideología del “progreso” se choca contra unos fenómenos que ella misma produce.

Se multiplican las voces de intelectuales occidentales que señalan a esos procesos. Amartya Sen, Nobel de economía de 1997, ha cuestionado la lógica finalista del desarrollo: “No sólo ocurre que el crecimiento económico es más un medio que un fin; también sucede que para ciertos fines importantes no es un medio muy eficiente“.

El desarrollo resulta hoy una política del poder de fuerzas empresariales capitalistas transnacionales, aliadas con élites dominantes al nivel de las naciones, y que cuentan con el apoyo de los Estados. Se pone una alerta respecto de las formulaciones internacionales como aquella del “desarrollo sustentable”, en el sentido de que se trata sólo de un “capitalismo verde” que casi nada cambia en los resultados.

La apelación al proceso tecnológico como elemento de corrección de las políticas antiecológicas del desarrollo, se dice, puede mostrarse como insuficiente o atravesada por intereses económicos y políticos contradictorios. La confianza puesta en la innovación técnica como solución para estos procesos de modernización puede resultar simplemente un error. La ideología antropocéntrica de una Naturaleza utilitaria se proyecta como un proceso autodestructivo. La misma época de la modernidad puede devenir una gran crisis. En este sentido es que cobra un valor clave la propuesta de una alternativa de mundo como el buen vivir.

Los planteamientos éticos de estas posiciones señalan que por “sustentabilidad” se debe entender una subordinación de los objetivos económicos a las leyes de funcionamiento de los sistemas naturales, que, al mismo tiempo, reconozca los criterios de respeto a la dignidad humana. Se trata de cierto modo de un humanismo naturalista que reintegra lo humano en los procesos de la Naturaleza; cuando lo humano se realiza como una democracia y libertad que incluye los elementos naturales y que no se alcanza a sus expensas. Los derechos de la Naturaleza hablan del buen vivir/sumak kawsay del mismo modo como se integran con los derechos humanos de la tradición occidental.

Una convivencia sin miserias, sin discriminación, acompañada por un mínimo de cosas necesarias, sin tener a éstas como la meta final, y con espacios sociales y espirituales para la festividad de la buena vida, es, a no dudarlo, una visión equiparable con el buen vivir/sumak kawsay, deseable y posible para las naciones latinoamericanas

TAGS: #BuenVivir Desarrollo

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